Docentes

Docentes venezolanos en crisis, una realidad que el Estado se niega a atender

La desatención del Estado venezolano, ha llevado a que más de 166 mil docentes hayan abandonado el sistema educativo para dedicarse a otras actividades o migrar

Emmanuel Rivas

(05-10-2023) Cada 5 de octubre, y por iniciativa de la UNESCO y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se conmemora el Día Internacional del Docente.

Una fecha que se convirtió en un homenaje a una de las profesiones más valiosas e importantes para el desarrollo de la sociedad: la enseñanza.

Sin embargo, en Venezuela, la realidad se distancia mucho de este propósito.

El gremio docente está sumergido en una profunda crisis laboral que, entre otras cosas, los ha obligado a emprender trabajos informales que les permitan obtener ingresos económicos para cubrir sus necesidades básicas.

La falta de sueldos dignos y condiciones laborales adecuadas ha afectado gravemente a los profesionales de la educación en el país.

La situación de vulnerabilidad de los docentes en Venezuela es una problemática que, desde Caleidoscopio Humano, como organización socia del proyecto MonitorDescaVe, ha sido ampliamente documentada y reconocida.

El desafío de enseñar

Los docentes venezolanos han enfrentado dificultades significativas para cubrir sus necesidades básicas debido a los bajos salarios y la hiperinflación que ha erosionado su poder adquisitivo.

De acuerdo con Carmen Teresa Márquez, presidenta de la Federación Venezolana de Maestros (FVM), el año escolar 2022-2023, finalizó “accidentado”; pues, asegura, que muchos docentes no podían asistir a las escuelas por falta de dinero.

Esto ha llevado a una disminución en la calidad de vida de los maestros y sus familias, lo que a su vez impacta de forma negativa en la calidad de la educación que pueden proporcionar a los estudiantes.

Además de los problemas económicos, los educadores también han enfrentado desafíos relacionados con la falta de recursos e insumos educativos adecuados para el aprendizaje de millones de niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

A esto se suma la deteriorada infraestructura escolar que hace, aún más difícil, su trabajo.

Otro aspecto que ha alejado a muchos docentes de las aulas de clases, es la falta de reconocimiento y respeto a su labor, llevando a una disminución en la motivación y el compromiso de muchos docentes.

El inicio del año escolar 2023-2024, se dio en medio de protestas y exigencias que no han sido atendidas por el Estado.

El único anuncio oficial lo hizo la ministra de educación, Yelitze Santaella, para afirmar que no hay recursos económicos para mejorar las condiciones de los docentes y, además, anunciar la implementación de un código QR para el control de asistencia de los educadores a las instituciones educativas.

“Nosotros vamos a colocar en cada institución educativa un QR. Ese QR también va a dar acceso a toda la información de cada una de las escuelas. También de los liceos y los centros de educación inicial”, informó durante una entrevista a VTV.

Cada vez más deserción

En una entrevista con Unión Radio, Carmen Teresa Márquez, denunció que, en el inicio del nuevo año escolar, se reportó un 80 % de ausentismo escolar.

Esto, con el transcurrir de los días, es posible que disminuya y más estudiantes se incorporen a sus actividades académicas; sin embargo, no se puede dejar a un lado la deserción escolar que, en medio de la Emergencia Humanitaria Compleja, se ha acentuado en el país en los últimos años.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI), correspondiente al año 2022, 1.5 millones de niños y niñas no estaban escolarizados. Para el año 2023, esta cifra se siguió incrementando.

Otro dato alarmante y que demuestra la crisis educativa es que, en el trienio de 2018 a 2021, más de 166.000 maestros abandonaron su profesión para dedicarse a otras actividades.

La organización Con la Escuela estima que -al menos- el 40 % de los docentes que desertaron ya emigraron a otros países.

Esto ha dejado áreas fundamentales como química, física, matemática o castellano, sin especialistas que puedan seguir formando a los estudiantes venezolanos.

Con la Escuela, también alertó el pasado mes de abril, que cerca del 22 % de los estudiantes venezolanos, falta a clases para poder trabajar y contribuir con la economía del hogar.

“Las edades de los estudiantes que trabajan está entre los 6 y 17 años, siendo el rango más frecuente entre los 15 y 17 años, siendo las niñas quienes representan el mayor porcentaje de deserción escolar”, aseguró la organización.

“Estudiar debería ser una tarea de tiempo completo para niños y jóvenes entre los 5 y 18 años; sin embargo, la realidad de nuestros niños, niñas y jóvenes es muy distinta”, señaló el profesor Óscar Iván Rose, coordinador de Con la Escuela.

Informes presentados por la Universidad Católica Andrés Bello y Con la Escuela, señalan que el 85 % de los planteles públicos no cuenta con internet, 69 % tiene carencias agudas de servicio eléctrico y 45 % no cuenta con agua.

Hay también carencias en servicios de salud (93 %), laboratorios (79 %) y salas de teatro o música (85 %).

Todas estas carencias, sin duda, afectan la calidad y el proceso educativo del país y llevan a que muchos niños, niñas, adolescentes y jóvenes, al ver las pésimas condiciones de las escuelas y que los docentes, al no contar con buenos espacios y dignificación salarial, decidan abandonar las aulas de clases.

¿Qué exigen los docentes venezolanos?

Aunque el Estado ha intentado criminalizar las exigencias del gremio docente e, incluso, ha implementado medidas de control y hostigamiento como el código QR anunciado por la ministra de educación, las peticiones que hacen los docentes no son más que mejoras en sus condiciones laborales.

Para lo cual, el 21 de diciembre de 2021, presentaron ante el Ministerio del Poder Popular para la Educación una propuesta de contratación colectiva con 70 cláusulas y beneficios para cada trabajador, que favorecen a los tres sectores: docentes, administrativos y obreros.

Casi un año después, los docentes no tienen ninguna respuesta sobre sus peticiones y el gobierno se ha limitado a entregar bonos que, lejos de dignificar al magisterio venezolano, profundiza la pobreza, aumenta la dependencia del Estado y lleva a que, cada día, sean más y más los maestros que desistan por seguir formando el futuro del país, a cambio de un sueldo que no les permite, ni siquiera, alimentarse dignamente.

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