Hablemos de trata de personas “sin pelitos” en la lengua de los comunicadores

Gabriela Buada Blondell / El Diario

“Yo quiero una sin pelo, que no se mueva pa’ yo enseñarla y tenerla encerrada porque me la quitan”, así dijo Fabio Zuleta, hablando de su intención de comprar una mujer indígena, al aire, en su programa radial en una emisora de Valledupar en Colombia. “Esto no es vulgaridad, esto es una charla que tengo con paisano guajiro”.

Un caso en el que un comunicador, humorista o simplemente cualquier persona empoderada de su uso de la libertad de expresión o de opinión confiesa de manera masiva un delito, que además es una violación grave de derechos a millones de personas en el mundo y que en su mayoría son mujeres y niñas.

Hablar del delito de trata de personas no es fácil, y por ello, es importante la capacitación y profundización antes de visibilizar estas informaciones. En la actualidad muchas organizaciones de derechos humanos en Venezuela y en el mundo se dedican a profundizar desde lo que son los conceptos adecuados y necesarios para de alguna manera prevenir a la población sobre la existencia de estas redes.

Hoy vuelvo a escribir desde mi indignación al escuchar que alguien desde su poder y con una audiencia que seguro es inmensa, se dé a la tarea de exponer su disposición por la compra de niñas. Sí, compra de niñas porque cuando habla de “sin pelitos” es claro que no se refiere a que sea una mujer depilada si no a una niña que no tiene vello púbico. Al menos, así lo entendí yo sin ser indígena. Lo quise entender así y no se trata de exageración si no de mi derecho a opinar y a ejercer mi libertad de expresión.

 

“No soy chinita, no estoy a la venta soy una mujer Wayuu”, escribió Luzbeidy Monterrosa Atencio en su red social Facebook haciendo uso de su libertad de expresión.

Así como este señor en Colombia abusa de su poder para promover el delito de la trata de personas y se rechaza de forma contundente en redes sociales y en los grupos en lo que tengo espacio, esperamos que las autoridades de ese país tomen cartas en el asunto, pero mientras tanto yo retomo el llamado dirigido a todas las personas que tienen poder de incidencia en la opinión pública.

Tratemos de tratar el delito de la trata de personas de manera correcta y precisa

Y es que, todavía me encuentro con titulares que hablan de “trata de blanca” disminuyendo en todas las posibilidades a la persona y las vulnerabilidades de las que sí se debe hacer referencia. En el caso de Valledupar, mujeres indígenas. Otro término que he visto y que, sin duda, se debe sustituir urgente es el de “cliente”. No es lo mismo un cliente (porque no se trata de mercancía) a tratante o prostituyente. Sí, el lenguaje es importante y los términos indispensables porque al leer, escuchar o consumir información que advierte este delito se le resta importancia si le dejamos los pelitos en nuestras lenguas. Lo mismo sucede con prostituta, acompañante, dama de compañía en vez de prostituida o la realidad: víctima de trata.

Los medios de comunicación en medio de una pandemia global que acentúa la migración y los desplazamientos forzados deben estar alertas en el tratamiento informativo que le da a estos casos. Es necesario evitar la incorrecta cobertura de este tipo de violaciones de derechos humanos y definitivamente los periodistas debemos ser aliados en la labor de denuncia que las organizaciones emprenden y que se ve limitada por el confinamiento y medidas de distanciamiento social en la mayoría de los partes del mundo, y que en el caso venezolano exacerba la crisis de derechos económicos, sociales y culturales denunciada desde hace más de cinco años.

No se trata de un tema que debe ser dejado para después, se debe tratar de alertar sobre los terribles peligros que enfrentan mujeres, niñas, niños y adolescente que se ven obligados a retornar.  Sin duda, gran parte de nuestra visión de la vida depende de lo que vemos, escuchamos y leemos en los medios de comunicación y ahora en las redes sociales.

Son muchas las personas que aún no creen el caso de Morella. A mí me preguntan si ella quería estar encerrada toda su vida con su agresor. Es por ello, que debemos tener presente al momento de publicar una información que las ideas que tiene la opinión pública de alguna violación de derechos humanos siempre será la que nos presentan las noticias y también los contenidos de opinión y entretenimiento.

Es urgente la sensibilización y la capacitación orientada al cambio social en relación con la igualdad y equidad entre mujeres y hombres o en la prevención y erradicación de todas las formas de violencia de género, que existen y que se acentúan con las crisis. Incluyendo la de salud como la que estamos viviendo.

 

Es nuestro momento para obtener las herramientas correctas, investigar y acercarnos a los expertos antes de informar de manera incorrecta o profundizar estigmas, discriminación o normalizar estos horrores.

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