Trabajadores, jubilados y estudiantes marcharon desde Las Mercedes hasta las cercanías de la Embajada de EE. UU., para denunciar cómo los años de servicio se diluyeron en una economía de «rebusque», donde sobrevivir depende de la caridad o de emprendimientos desesperados
(16-04-2026) Ángel García sostiene un hueso que vale cuatro meses de trabajo. No es una metáfora; es el símbolo que el dirigente sindical llevó este jueves hasta las puertas de la Embajada de EE.UU. para retratar las condiciones en la que sobreviven los jubilados en Venezuela.
García, dirigente del Sindicato Nacional de Funcionarios Públicos de Transporte Terrestre, asegura que ese hueso no es un resto cualquiera; “es un símbolo de la precariedad a la que nos tienen sometidos en este país”.

«Este hueso costó cuatro salarios mínimos (520 Bs), y en Venezuela los jubilados y pensionados ganan 130 bolívares (0,27 $) de pensión al mes (…) Ustedes como periodistas no se han preguntado cómo vivimos los adultos mayores, qué hacemos para sobrevivir. Yo te lo voy a explicar: nos llaman los rebuscadores. Rebuscadores de 20 dólares en la calle vendiendo cualquier cosa, emprendiendo cualquier cosa para poder subsistir».
La queja no es solo por la falta de dinero, sino por el tiempo detenido.
«Tenemos cuatro años que no nos aumentan el sueldo. Simple y llanamente se mantienen los 130 bolívares de pensión», denuncia el sindicalista.
Su mirada apunta a la gestión de Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela desde hace ya más de 100 días. «Dice que hay una garantía suspendida en Venezuela, que no puede dar un aumento… pero acá hay dinero. ¿Qué se hizo con los 23 mil millones de Tareck? ¿Dónde está el dinero que se robó el que fue presidente de PDVSA que está en Italia (Rafael Ramírez)? Ellos están disfrutando y nosotros no», increpó García.
Agregó el sindicalista, que seguirán insistiendo para que, tanto la presidenta encargada como su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, los atienda en el Palacio de Miraflores, sede del ejecutivo nacional.
La «vaca» por la educación
Luis David Ulloa, un estudiante de la Universidad Central de Venezuela de 23 años, explica que su presencia allí no es solo por su futuro, sino por la deuda moral con quienes le enseñan.

«Estoy aquí por mis profesores, los docentes que no tienen ni pasaje. Estamos cansados como estudiantes de hacer vaca para ayudar a nuestros profesores a que tengan nada más para el pasaje para que nos puedan dar clase. Esta es una situación que nos afecta a todos porque el día de mañana, cuando seamos profesionales, ¿qué vamos a ganar? Esa miseria que ganan nuestros abuelos».
Luis David recuerda el caso de un trabajador del Metro de Caracas que, tras 36 años de servicio, se retiró para recibir una pensión de 136 bolívares.
«Trabajaron años para levantar este país para ganar una miseria», lamentó el joven.
La consigna: Volver a Miraflores
Para ambos, la paciencia se agotó. La desconfianza en las mesas de diálogo donde «no se dice nada» ha empujado a los gremios a retomar una lucha que lleva años: exigir sueldos, salarios y pensiones dignas.

El llamado a seguir en las calles, exigiendo derechos económicos y sociales, es compartido por el movimiento estudiantil, que exige que la transición de la que habla el gobierno se refleje en el bolsillo de la gente.
«Ya basta. El 30 de abril todos nuevamente a la calle, al Palacio de Miraflores, a exigirle a la señora Delcy Rodríguez que nos dé respuesta. ¿Para cuándo el poder adquisitivo de la gente? No podemos seguir permitiendo esto».
La manifestación pacífica finalizó en las adyacencias de la Embajada de EEUU en Caracas, donde el dirigente sindical Carlos Salazar, fue el encargado de entregar un pliego de exigencias a Rafael Torres, jefe de la oficina de investigación de la representación diplomática.
Además, también fueron entregados documentos donde se exige la inmediata liberación de los presos políticos venezolanos y extranjeros que, a pesar del anuncio de Jorge Rodríguez el 8 de enero y de la aprobación y promulgación de la Ley de Amnistía, todavía permanecen tras las rejas, sometidos a regímenes de presentación o, como es el caso del abogado Perkins Rocha, bajo arresto domiciliario.



