Profesionales venezolanos que cambiaron sus carreras por oficios ante los bajos salarios
Para muchos profesionales en Venezuela, el panorama laboral atraviesa una transformación estructural marcada por una distorsión entre los niveles de formación académica y la remuneración que perciben.
Mientras el salario mínimo permanece anclado en 130 bolívares desde marzo de 2022, lo que equivale a alrededor de 0,3 centavos de dólar de acuerdo con la tasa oficial del Banco Central de Venezuela (BCV), surge una clase trabajadora profesional que ha decidido migrar hacia la informalidad productiva.
El Diario consultó a varios profesionales que decidieron emprender en el sector de servicios para conocer qué los motivó a cambiar su rutina laboral y coincidieron en afirmar que este movimiento no responde a una falta de vocación, sino a una estrategia de supervivencia económica.
La abogacía frente a la estética
Andreína Castillo ejerció el Derecho Penal durante más de siete años. Recorría tribunales y redactaba documentos que hoy considera inviables desde el punto de vista financiero, debido a que la estructura de costos para mantener una imagen profesional, costear traslados y papelería superaba los honorarios que lograba pactar con los clientes.
“Hace un año, tomé la decisión de sustituir los códigos legales por un kit de manicura, y aunque al principio me daba pena, descubrí una rentabilidad inmediata que nunca pude tener con mi carrera”, explicó Castillo en entrevista para El Diario.

Para la abogada, el contraste entre la formalidad jurídica y el trabajo manual supuso un reto personal, pero la balanza económica terminó por imponerse sobre el prestigio social que rodea a las leyes.
“La vergüenza se me quitó cuando vi que en una semana de hacer uñas ganaba lo que antes hacía en tres meses como abogada. Mi título por ahora está guardado, son mis manos las que ahora pagan el colegio de mis hijos y la comida de mi casa”, agregó.
Al preguntarle sobre un posible retorno al ejercicio legal, Castillo aseguró que hoy lo ve como un escenario lejano, ya que la estética le provee la liquidez que su familia demanda para cubrir la canasta alimentaria.
Ingeniería vs. mecánica a domicilio
Ricardo Mendoza, ingeniero mecánico, salió de Venezuela en 2023 luego de trabajar como supervisor de procesos industriales en una empresa grande del país, pero la paralización de la inversión y los sueldos en el sector privado lo obligaron a cambiar de rumbo.
El venezolano aseguró que su formación técnica le otorga una ventaja en la mecánica ligera de vehículos, electrodomésticos, entre otros. Ahora atiende fallas a domicilio que el ciudadano promedio no puede resolver en Chile, y cuyas tarifas le permiten cubrir el costo de la vida.

“Trabajar para una empresa como ingeniero me dejaba una satisfacción profesional muy alta, pero el sueldo no me alcanzaba ni para cambiarle el aceite a mi propio carro”, narró Mendoza para El Diario.
A pesar del cambio, el ingeniero mecánico mantiene un enfoque de eficiencia en cada reparación, aunque reconoció que su prioridad ha cambiado drásticamente.
“No me importa llenarme las manos de grasa todos los días si eso significa que no tengo que pasar necesidades al final del mes”, acotó.
El aula reemplazada por el horno
El sector educativo en el país ha levantado la voz en distintas oportunidades para denunciar el bajo salario que perciben, la fuga masiva de docentes y la desprofesionalización. Entre ellos, se encuentra Elena Rivas, una profesora con 15 años de experiencia y estudios de posgrado, que forma parte de la estadística de educadores que abandonaron las pizarras.
Rivas decidió cambiar la enseñanza por los hornos de repostería ante la imposibilidad de sobrevivir con un sueldo que ni siquiera le permitía cubrir los traslados hacia la escuela. Esto la empujó a profesionalizar un pasatiempo que antes solo servía para reuniones familiares, y lo convirtió en un emprendimiento de tortas y pasapalos que hoy sostiene su presupuesto.

“Amo enseñar, pero el hambre de mis hijos no espera por una contratación colectiva que nunca llega a concretarse”, señaló Rivas sobre la frustración acumulada tras años de exigencias gremiales sin respuesta.
La planificación pedagógica fue reemplazada por hojas de cálculo donde cada gramo de harina y cada huevo deben ser contabilizados para garantizar que el margen de ganancia no se pierda por la inflación.
“A veces me duele saber que mis alumnos se quedaron sin profesora, pero yo no podía seguir yendo a dar clase con los zapatos rotos y el estómago vacío”, confesó la docente.
Para ella, la estabilidad emocional que le brinda el comercio independiente supera la vocación de servicio que el sistema educativo no pudo sostener económicamente.
Comunicación social sobre dos ruedas
Carlos Guevara, licenciado en Comunicación Social, representa a una generación de jóvenes que, tras formarse para los medios y la publicidad, terminaron por realizar otros oficios para poder mantenerse.
El venezolano, ante la inestabilidad de los contratos en agencias y la baja remuneración en las redacciones de páginas web de noticias, lo llevaron a buscar empleo en aplicaciones de delivery.
Guevara aseguró que la agilidad del reparto en Caracas le ofrece beneficios que el periodismo no puede igualar en las condiciones actuales.

“La gente se sorprende cuando se enteran de que el muchacho que les lleva la comida es periodista, pero la realidad es que el delivery paga más que cualquier redacción”, resaltó Guevara para El Diario.
El comunicador destacó que, en un país donde la planificación financiera a largo plazo es imposible, el pago diario es la única garantía de seguridad que posee actualmente.
“Es frustrante no poder ejercer lo que estudiaste, pero en Venezuela te toca decidir entre el ego del título o tener la nevera llena”, puntualizó el comunicador social.
Los entrevistados concordaron en la premisa de que el desplazamiento de profesionales hacia oficios manuales y técnicos responde a una realidad ineludible: cubrir la canasta alimentaria para una familia.
Ante este panorama, la promesa de la presidenta encargada Delcy Rodríguez de anunciar un ajuste salarial el 1º de mayo genera escepticismo entre quienes ya han construido su propia economía al margen del sector laboral formal.
Los trabajadores temen que cualquier aumento se diluya nuevamente si no viene acompañado de medidas que controlen la inflación y estabilicen el mercado cambiario.
No obstante, los testimonios de estos venezolanos retratan como la resiliencia y la capacidad de transformación suele ser una constante en muchos profesionales, pero también deja una interrogante sobre el futuro del capital intelectual del país.




