Mujeres y el burka de la solidaridad

Gabriela Buada Blondell / Diario de Caracas

Caleidoscopio Humano se solidariza con las mujeres, niñas y comunidad LGBTIQ+ de Afganistán que hoy viven amenazadas

29.08.2021. – El retroceso inminente de un pueblo que, aunque muchos sintamos que estamos distantes, nos debe acercar la impunidad y el dolor que pueden sufrir muchas personas por desigualdades de género y diversidad. Si bien es cierto, que las prácticas culturales tienen peso en distintas latitudes también es que definitivamente somos personas iguales en derechos y en dignidad, entonces lo que ocurre en Afganistán nos debe movilizar, preocupar e indignar.

Durante los años que duró el régimen talibán se aplicaba de manera feroz bajo la interpretación extrema de ejecuciones públicas lapidaciones y latigazos, las mujeres se llevaron la peor parte. Hoy vemos el regreso de los talibanes al control de Afganistán y lo que en materia de género se puede estar dando o se puede venir, es precisamente asumir a la ligera que, porque es parte de la “cultura”, se esté aceptando como en esa época, que las mujeres y personas de la comunidad LGBTIQ sean borradas del espacio público.

En ese tiempo pasado que pareciera regresará al presente, el grupo islamista promulgó una ley que prohibía que niñas mayores de 8 años fueran a la escuela incluso la educación desde la casa era reprimida y en lugar de estudiar, las niñas eran obligadas a casarse con los talibanes sin duda, la discriminación era tan acumulativa y abrumadora que representaba una amenaza para la vida de mujeres afganas.  

El Burka y la solidaridad internacional

Hasta 2001 los talibanes impusieron el uso del burka con amenazas, multas y palizas. Incluso la exhibición accidental de pies o tobillos fue severamente castigada. No se permitieron excepciones.

Al pagar la comida en el mercado, la mano de una mujer no se veía cuando entregaba el dinero o al recibir la compra. Se esperaba que niñas desde muy pequeñas usaran el burka y las mujeres que se atrevían a desafiar la ley eran castigadas con latigazo. Según informes de organizaciones internacionales muchas mujeres murieron por los azotes propinados por la policía religiosa de los talibanes.  

20 años después y en la primera rueda de prensa tras volver al poder, los talibanes manifestaron su deseo de mantener relaciones pacíficas con otros países y el respeto a los derechos de las mujeres, aunque siempre «en el marco de la ley islámica». Además, informaron que no querían que nadie se fuera del país, ni que los jóvenes abandonaran Afganistán.

Pero no se puede olvidar con facilidad que desde 1996 hasta su derrocamiento, el régimen talibán fue conocido por una serie de represiones, censura e intolerancia política y religiosa y es por ello, que el mundo está en alerta y la solidaridad internacional debe ser la premisa.

Venezuela y cuestiones de género y diversidad

En Venezuela no estamos obligadas a usar el Burka, ni hay leyes que prohíban alguna vestimenta, pero si hay códigos morales que nos pueda costar la vida, una cultura machista y patriarcal que impide que muchas personas puedan disfrutar de sus derechos y además de esto, un Estado que violenta permanente la dignidad de quiénes están sumergidos en profundas desigualdades y por ende todavía vivimos un sinfín de vulnerabilidades.

Encontrarnos con el incremento de crímenes de odio (se cuentan 9 en los medios de comunicación) solo en lo que va de año, conocer la historia de muchas mujeres que forman parte de la lista de los 125 femicidios desde enero hasta el mes de julio de 2021, saber las historias casi cotidianas de adolescentes, niñas y mujeres que no tienen acceso a información, productos o a un sistema óptimo y de calidad en temas de salud sexual y reproductiva o simplemente no sentirnos seguras en ningún espacio, nos lleva a la solidaridad, sororidad y hasta a la exigencia en una sola voz por los derechos de las mujeres y las niñas de Afganistán.

La solidaridad es replicable, alzando nuestras voces y con ejemplos reales que no banalicen o normalicen lo que ocurre en ese país nos puede llevar a entender la historia de millones de personas que hoy huyen. Nos puede llevar a entender nuestra propia historia y nuestra realidad que no nos iguala, pero si nos acerca a entender lo que es vivir amenazada solo por el hecho de ser mujer, distintos o diversos.

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