Los precios de los celulares en Caracas cambian según se pague en dólares, bolívares o con aplicaciones de crédito, lo que genera confusión y sobreprecios. El sobreprecio en bolívares puede ser de hasta 40 %, por lo que muchos usuarios recurren a reparar o repotenciar sus teléfonos ante la imposibilidad de comprar uno nuevo.
Fuente original: Crónica Uno. – Caracas. Comprar un celular en Caracas dejó de ser una diligencia rápida para convertirse en una especie de rompecabezas financiero. Frente a las vitrinas iluminadas de los centros comerciales, los compradores ya no comparan modelos, sino precios que cambian según la forma de pago: un monto si es en dólares, otro si es en bolívares y un tercero —aún más alto— si se utiliza alguna aplicación de crédito.
Esa triple tarifa obliga a hacer cálculos, revisar varias veces el presupuesto y, en muchos casos, abandonar la tienda con las manos vacías.
Aunque los precios de los celulares se muestran en dólares en las tiendas especializadas, el monto final varía con cada método de pago. Cancelar en bolívares o mediante aplicaciones de crédito puede generar incrementos significativos en el precio del equipo.
“A mi papá se le dañó su celular y vine a comprarle uno, lo que me sorprendió es que un teléfono que estaba marcado en $100 aumentó a $160 porque el pago lo haría en bolívares. Pero eso no fue todo, cuando pregunté si podía utilizar Cashea me dijeron que sí, pero el precio aumentaba a $200. Al final no pude comprar nada”, contó Zulay* a Crónica Uno, a su salida de una tienda de tecnología en un centro comercial ubicado en Sabana Grande.
Para ella la única forma de comprar celulares es con dólares en efectivo porque, a su juicio, ese es el precio real y justo del equipo.
“Ese equipo que yo vi, ni siquiera es de una marca reconocida. Uno lo busca en internet y afuera el teléfono cuesta $80, pero como en este país no se consiguen dólares, entonces uno tiene que pagar con sobreprecio. Los venezolanos robando a los mismos venezolanos, esa es la realidad”, aseguró.

“Tuve que pagar 40% más”
Carlos*, quien recientemente compró un celular a través de una app de financiamiento—muy comunes en la actualidad, pues permiten comprar productos y pagarlos en cuotas—, dijo a Crónica Uno que se vio obligado a pagar un 40 % más del costo real del equipo porque prefiere pagar en bolívares antes que gastar sus dólares.
“Hay que sacar bien las cuentas, porque los bolívares no valen nada, así que es preferible gastarlos y guardar los dólares para estrictas emergencias. Yo me compré un Samsung A56 y en todos lados si lo pagaba en dólares me costaba $320, aquí me costó $448, pero lo estoy pagando en cuotas y en bolívares”,relató.
Reconoció que hizo una exhaustiva investigación de precios antes de comprar el teléfono y advirtió que hay comercios que efectivamente especulan.
“Yo llegue a ver el teléfono que compré en $650 si lo pagaba en bolívares, eso es una estafa. También me encontré, que además del sobreprecio por pagar en bolívares, te aplicaban otro sobreprecio por pagar a crédito. La recomendación es que compren directamente en la app la cual te calcula la inicial y las cuotas automáticamente”, detalló.
Afirmó que no existe tienda de tecnología en Venezuela que no aplique este esquema en sus ventas, algo que se ha normalizado y que, sin duda, afecta a los consumidores.
“Todas las tiendas de celulares te cobran igual. El gobierno dice que los va a sancionar, que los va a fiscalizar y eso no pasa, porque en el centro comercial de los militares, vemos los precios inflados y nadie hace nada”, denunció.

Reparación de teléfonos
Ante el incremento de precios de los celulares cuando se paga en bolívares o a crédito, algunas personas consultadas admitieron que prefieren “repotenciar” o “reparar” sus teléfonos usados para extender su vida útil.
Josefa*, quien sobrevive con una pensión otorgada por el Ministerio de Educación, contó que la última vez que compró un teléfono celular fue en 2022 y decidió cambiarle la batería para prolongar su funcionamiento, pues no tiene la capacidad de adquirir uno nuevo.
“Estuve viendo teléfonos y con lo que me pagan de pensión no puedo darme el lujo de comprar uno. Tengo un Redmi que compré hace tiempo y la pila comenzó a fallar, no le duraba nada y bueno le mandé a poner la pila nueva y me cobraron $25, espero que me dure muchos años más”,explicó.

Por su parte, Bárbara*, dueña de un equipo de alta gama, reveló que invirtió $150 para repotenciar su celular.
“Hace años mis padres me regalaron un Iphone 13. A pesar de cuidarlo mucho, la pantalla se me partió en una caída y la batería se degradó por el uso. Cuando vi que los teléfonos nuevos aquí te los quieren vender en $2000 y $3000 —precios que superan ampliamente el costo internacional de los equipos debido a la inflación y la escasez de divisas— preferí cambiarle la pantalla y la batería al mío, porque prefiero invertir ese dinero en el semestre de la universidad”, comentó.
Impuesto a la precariedad
Comprar un teléfono nuevo se ha vuelto una misión casi imposible para muchos. Aunque el deseo de tener el último modelo sigue ahí, la crisis económica lo frena todo. Bárbara recordó que antes era difícil, pero al menos existía una manera formal de ahorrar en dólares. Hoy, ni siquiera eso es una opción, lo que hace al sueño de comprar un celular nuevo sea cada vez más lejano.
“Es mucho dinero, todos queremos el celular más nuevo, pero en este país es muy difícil comprarlos por la crisis económica. Antes por lo menos se podían reunir los dólares porque te los vendían en el banco. Pero ahorita ni siquiera eso, entonces es mucho más difícil comprar tecnología”, declaró.
En este contexto, conviene recordar por qué muchos comercios en Venezuela fijan sus precios en dólares, y por qué pagar en bolívares implica frecuentemente un sobreprecio.
En los últimos años, la economía venezolana ha experimentado una dolarización informal, en la que casi todos los comercios exhiben sus precios en dólares para protegerse de la inflación y la depreciación constante del bolívar —una situación en la que el dólar, aunque no sea la moneda oficial, se utiliza de facto como referencia de valor.
Ese sobreprecio, ese recálculo permanente, podría entenderse como un impuesto invisible sobre los bolsillos de quienes no tienen acceso a divisas: un impuesto a la precariedad, a la inestabilidad monetaria, a la desigualdad.




