El machismo y la misoginia: protagonistas de la guerra

“Las cicatrices físicas y emocionales (de los abusos sexuales) perduran en las sobrevivientes, a quienes no se arrebata únicamente la salud, dignidad y tranquilidad, sino la justicia. La violencia sexual también frustra la participación de las mujeres en la vida social, política y económica”             

Fondo de Población de las Naciones Unidas

Francisco González/Caleidoscopio Humano

(19-06-2022) En junio de 2015 -bajo la resolución A/RES/69/293- la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 19 de junio como el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos. Esto con el fin de honrar a las víctimas y sobrevivientes de la violencia sexual en los diversos conflictos armados que han ocurrido en el mundo.

Las Naciones Unidas ha definido la violencia sexual en la guerra como aquella que abarca violaciones, prostitución forzada, fecundación o esterilización forzada, esclavitud sexual, y demás actos que atenten contra la dignidad de mujeres, hombres y niños en el marco de un conflicto armado.

La violencia sexual, problema grave en todo el mundo, constituye una preocupación aún mayor en contextos bélicos, porque el miedo y el estigma que sienten las víctimas converge con las amenazas propias de la guerra, lo que en buena parte de los casos las lleva a guardar silencio.

Estimaciones de profesionales en el área indican que por cada caso de abuso sexual denunciado en el marco de un conflicto armado, hay entre diez y veinte casos que no salen a la luz, ni son llevados ante la justicia.

Además del miedo, algunos factores que empujan a las víctimas de violencia sexual a guardar silencio son de carácter sociocultural, pues derivan del estigma familiar que implica haber sido abusado. Otros son de carácter psicológico, pues abarcan los traumas que acompañan este tipo de violencia.

En algunos casos, el miedo a ser víctima de violencia sexual es un móvil más fuerte para huir de la guerra que otros factores como los bombardeos, los tiroteos, o las consecuencias económicas o políticas que pueda traer esta.

Lo anterior responde a una realidad alarmante, pues las estadísticas afirman que la mayoría de las víctimas de violencia sexual en la guerra no son combatientes, ni están armados, sino que son civiles, y en un buen porcentaje de casos, se encuentran refugiados.

La violencia sexual se esparce con facilidad en contextos armados porque la inestabilidad sociopolítica que estos causan favorece la impunidad, la histeria colectiva, los abusos de poder y las actitudes machistas y patriarcales.

Lejos de ser una problemática reciente, la violencia sexual ha sido empleada como táctica de guerra desde los inicios de la humanidad. Abundan los registros de abusos en la historia.

Por ejemplo, los colonizadores españoles en territorio latinoamericano, abusaban sexualmente de las mujeres y niñas indígenas a medida que avanzaban y “conquistaban” el nuevo mundo. Algo parecido ocurrió con los ingleses en territorio norteamericano, con los portugueses en el oeste africano y con los franceses en el Caribe.

A pesar de que han transcurrido cuatrocientos años desde los ejemplos mencionados, aún se utiliza la violencia sexual como estrategia de guerra. Ejemplo de esto es lo que ha ocurrido en las guerras de Siria y de Ucrania.

Violencia sexual en la guerra de Siria

Según informes publicados por la Comisión Independiente de Investigación para la República de Siria (CIIRS), la violencia sexual ha sido empleada como táctica de guerra en el conflicto que ha azotado a la nación desde hace más de una década.

Al menos veinte ramas de inteligencia militar del gobierno sirio documentaron casos de abuso sexual a mujeres y niñas en el marco de la guerra. Alrededor de otras quince ramas documentaron casos cometidos contra hombres y niños.

En el caso sirio, expertos afirman que la violencia sexual fue utilizada para extraer información de las víctimas, para forzar confesiones o como castigo por ser del bando contrario, y/o no llevar la indumentaria que su religión –el islam- exige.

Violencia sexual en la guerra de Ucrania vs. Rusia

Desde finales de 2014, la Red Global de Víctimas y Sobrevivientes de Violencia Sexual en Tiempos de Guerra (SEMA) ha venido denunciando casos de violencia sexual ocurridos en las regiones de Luhansk y Donetsk, disputadas por los gobiernos de Ucrania y Rusia.

La desestabilización política que ocasionó el conflicto contribuyó al aumento de casos de violencia de género, que frecuentemente terminaron en abusos sexuales, siendo las principales víctimas las mujeres y niñas ucranianas que habitan estos territorios.

La situación empeoró cuando, en febrero de este año, Rusia decide invadir el territorio ucraniano con varios bombardeos simultáneos sobre las principales ciudades del país. La invasión, ahora convertida en guerra, ha ocasionado que para junio de 2022 al menos el 20% de territorio ucraniano esté bajo control ruso.

En ese contexto, organizaciones ucranianas de derechos humanos como La Strada han documentado al menos 124 presuntos abusos sexuales, de los cuales se desprenden ochenta casos abiertos en fiscalía, y dieciséis investigaciones penales en proceso. La mayor parte de los casos tienen a militares rusos como presuntos victimarios.

Del total de casos mencionado, al menos veinte fueron violaciones en grupo, dos tienen a menores de edad como víctimas, y uno tiene a un hombre cuya familia fue asesinada delante de él antes de violarlo.

Sobrevivientes y testigos afirman que el modus operandi de los militares rusos es romper las puertas de los refugios, sótanos, salones o áticos donde las civiles se refugian, y luego obligarlas a escoger a dos o tres de ellas para ser violadas frente al resto.

Para la fiscal general de Ucrania, Irina Venediktova, el asunto presenta un alto grado de complejidad porque las víctimas no quieren hablar. El estigma, el miedo, la vergüenza y el tabú son un enorme muro que dificulta el acceso a la justicia.

Desde el mes de abril, el gobierno ucraniano habilitó un grupo móvil de agentes y profesionales de la psicología que visitan zonas liberadas de la ocupación rusa para ofrecer apoyo emocional, soporte psicológico y orientación legal a las víctimas y sobrevivientes.

Si bien no hay pruebas que confirmen que el gobierno ruso ordenó el uso de la violencia sexual como herramienta para la guerra, tampoco existe ningún comunicado de parte del mismo que condene estos hechos, ni hay, hasta la fecha, acciones legales concretas contra los abusadores que hoy luchan en sus filas.

Esta realidad recuerda que la participación de las mujeres en la política, en las mesas de diálogo y en los procesos de toma de decisiones de todas las sociedades del mundo es imprescindible para alcanzar soluciones que permitan acabar con la violencia sexual y, con carácter de urgencia, erradicar su uso como arma de guerra.

Fuentes:

  • Agenda Pública.
  • El Comercio.
  • Fondo de Población de las Naciones Unidas.
  • Naciones Unidas.
  • Observatori Solidaritat.
  • Reuters.

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