Derechos de las mujeres en el Afganistán del talibán

“Las mujeres afganas llevan trabajando, enfrentándose a la guerra, la extrema pobreza y la incalificable violencia y discriminación que sufren, de forma incansable para proteger y dar sustento a sus familias y comunidades.  Han sido amenazadas y atacadas por alzar su voz, y se les ha denegado el acceso y han sido excluidas de puestos de poder y responsabilidad, aunque este hecho no las ha detenido a la hora de defender de forma valiente sus derechos y para crear redes de apoyo. Ellas no son espectadoras pasivas”

Michelle Bachelet

Francisco González/Caleidoscopio Humano

(07-07-2022) Tres semanas después del atentado contra las torres gemelas en la ciudad de Nueva York, el gobierno de los Estados Unidos –encabezado por George W. Bush– invade Afganistán, donde el régimen talibán resguardaba al presunto autor del atentado: Osama bin Laden, líder de Al Qaeda.

La venganza ante lo ocurrido en Nueva York fue solo uno de los motivos que impulsó al gobierno norteamericano a invadir Afganistán. Otras razones que explican esta decisión fueron la lucha contra el terrorismo y la posición estratégica de la nación en el Oriente Medio.

La invasión pronto se convirtió en una guerra entre los talibanes, dueños del poder en Afganistán, y los norteamericanos, quienes fueron apoyados en años posteriores por España, Nueva Zelanda, los Emiratos Árabes Unidos, y la OTAN.

La guerra se convirtió en un complejo conflicto armado, donde se peleaba por aspectos relativos al control de los recursos, a la instauración –o no– de la democracia, a la defensa de los derechos humanos de las minorías y a la erradicación –o expansión– del terrorismo.

En este contexto, el avance de las tropas estadounidenses y aliadas llevó al régimen talibán a perder el control sobre buena parte del territorio afgano. Así inició un lento –y atropellado– proceso de transición, donde se flexibilizaron algunas medidas políticas.

Por ejemplo, las mujeres afganas, que desde hacía media década estaban recluidas en sus hogares, sin posibilidad de estudiar ni trabajar, comenzaron a asistir a escuelas primarias, secundarias y a universidades.

Si bien el islam exhorta a las mujeres musulmanas a vestir cubriendo todo su cuerpo, en el Afganistán de la guerra se tenía permitido usar hiyab, velo que deja al descubierto el rostro, y durante el tiempo que esta duró, ello no representó mayor problema.

En medio de estas “libertades”, las mujeres afganas pudieron graduarse, acceder al mercado laboral y gozar de beneficios que los hombres tenían desde hacía décadas.

El retorno del talibán

Tras casi veinte años de ocupación norteamericana, el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, anunció en abril del año 2021 la retirada total de sus tropas antes del 11 de septiembre de ese año.

Ese anuncio fue el motivo suficiente para que el talibán, ya hecho con el control de varias provincias afganas, invadiera las principales ciudades del país, y el 15 de agosto, se hiciera con el poder de Kabul, la capital.

El gobierno del presidente Ashraf Ghani cayó en pocas horas, y antes de que llegase septiembre, ya el talibán había instalado un gobierno provisional, que permitió una evacuación masiva de ciudadanos afganos coordinada por diversas naciones como Francia y Estados Unidos, en la que huyeron más de cien mil personas.

Quienes se quedaron, por miedo, por falta de recursos, por obligación o por amor a su nación, deben someterse a las decisiones de quienes ahora gobiernan, esto trae consecuencias severas para quienes son parte de la comunidad LGBTQI+, no son musulmanes, o son mujeres.

Para las afganas, la situación representa un atropello a su calidad de vida, un retorno injustificable a la situación previa a las dos décadas de conflicto y una violación a sus derechos humanos fundamentales, en especial a su derecho a la educación, a la libre movilidad y al trabajo.

Derecho a la educación

Tras establecer el gobierno, los talibanes prohibieron a las mujeres volver a instituciones educativas, bajo la premisa de que era necesario crear un entorno de aprendizaje seguro para ellas. Al disminuir las restricciones propias de la pandemia, los niños y jóvenes afganos retornaron en septiembre del 2021 a las escuelas y universidades. Las niñas y jóvenes, en cambio, no.

Solo las provincias de Balkh, Sar-e Pul y Kunduz permitieron a las niñas volver a las aulas, y a pesar de esto, la asistencia era baja debido al miedo que ellas y sus familias sentían por las constantes intimidaciones y actos de violencia en su contra.

Desde febrero de este año, los talibanes permiten que las niñas asistan a escuelas de las provincias del sur. Desde marzo, las niñas de las provincias del norte pueden hacer lo mismo. El retorno a las aulas se les permitió bajo condiciones como separación por género en los salones, y uso obligatorio de burka.

Derecho a la libre movilidad

Los talibanes establecieron la segregación por sexos en lugares públicos, y la prohibición de viajar más de 45 km sin un acompañante masculino directo. No contentos con lo anterior, el gobierno impuso la obligatoriedad del burka para las mujeres que salen a la calle, sean o no musulmanas.

Además, el talibán emanó una directiva formal donde se invita a las mujeres a permanecer en casa y salir solo si es estrictamente necesario. De lo contrario, el régimen amenazó con castigar a sus familiares masculinos.

Esto, según ONU Mujeres, constituye una violación al derecho de libertad de movimiento, indispensable para el ejercicio del resto de derechos humanos fundamentales.

Derecho al trabajo

El Emirato Islámico, nombre con el que se identifican los talibanes, despidió a todas las mujeres que trabajan en el gabinete de gobierno anterior, y las sustituyó por hombres. Además, el gobierno ha exhortado a las mujeres a no acudir a sus puestos de trabajo hasta que haya condiciones adecuadas que “garanticen su seguridad”.

Las mujeres que en el gobierno anterior tenían cargos de atención al cliente en aeropuertos y demás terminales de transporte fueron progresivamente despedidas, y de nuevo, reemplazadas por hombres.

Algunas mujeres han logrado mantener sus puestos de trabajo, como las reporteras en canales de televisión. Sin embargo, se les obligó también a reemplazar sus hiyabs por burkas.

El talibán y la crisis de violencia de género

Desde la llegada del talibán al poder, se han registrado más de mil quinientos casos de violencia contra mujeres, además de cerca de doscientos femicidios. Esta realidad responde a la eliminación del apoyo jurídico a las mujeres por parte del talibán, lo que agrava el machismo que impera en la nación.

Otras formas de violencia de género como la prostitución forzada, los matrimonios precoces y los femicidios públicos han aumentado drásticamente ante la mirada cómplice de quienes hoy ostentan el poder.

Las Naciones Unidas han afirmado que Afganistán está cerca de convertirse en la mayor crisis humanitaria del mundo, muy por encima de Yemen, Venezuela, Siria, y del conflicto Ruso-Ucraniano en términos de inestabilidad político-económica, acceso a la justicia, y violación sistemática de derechos humanos.

La Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha manifestado su preocupación ante la situación que atraviesan las mujeres en Afganistán, pues afirma que no existe paz que no involucre la participación de las mujeres, que son la mitad de la población.

Hasta el momento, con el talibán arraigado en el poder, el mundo democrático dando la espalda a un conflicto que gestó, y las mujeres siendo silenciadas, asesinadas, y reprimidas sin que se haga algo al respecto, es difícil ver una salida a la trágica realidad de las afganas.

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