David comenzó su transición aunque el Estado venezolano no le brinde garantías a las personas trans

Fuente: YohanaMarra/Crónica.Uno

David Pinto, de 24 años, costea su tratamiento hormonal aunque tiene un trabajo informal, ya que le cuesta conseguir empleo por ser un hombre trans. En Venezuela pocas personas trans pueden tener acceso a los tratamientos hormonales debido a su alto costo y a la escasez. 


(22-11-2021). Desde niño a David Pinto lo llevaron al psicólogo y al neurólogo. Su abuela insistía en que él tenía “algo raro” porque no le gustaba usar sandalias ni los vestidos que le ponía su mamá. Su madre había parido a una niña y se resistía a los cambios que manifestaba. Él se sentía un hombre aunque biológicamente no lo era.  

Yo tenía mucho rechazo con las sandalias. Le dije a mi mamá que quería usar zapatos deportivos porque yo era un niño y mi mamá insistió en que yo tenía que usar colitas, vestidos y sandalias porque era una niña, dijo el joven de 24 años.

David Pinto tiene 24 años y trabaja por su cuenta. Foto: Luis Morillo

A los 20 años comenzó su transición a hombre trans. Acudió a internet para buscar información acerca del tratamiento hormonal, aunque no tenía recursos económicos para costearlo, y descubrió a la Fundación Unitrans, en el Hospital Vargas de Caracas.

La organización brinda consultas gratuitas a las personas trans y además tiene un convenio con la Asociación Civil de Planificación Familiar (Plafam). La creó el médico urólogo José Gregorio Álvarez, quien por compromisos laborales se ha alejado y actualmente está al frente la médico endocrino Teresa Rossamondo. 

El requisito para la primera consulta con el endocrino es tener tres meses en tratamiento psicológico y someterse a una serie de evaluaciones físicas y de laboratorio de rutina.

Las personas trans deben llegar antes de las 6:30 a. m. al área de endocrinología del hospital, al igual que el resto de los pacientes que acuden a esa especialización. Foto: Yohana Marra

Quiteria Franco, directora de la organización Unión Afirmativa, explicó que las personas trans deben respetar un protocolo internacional cuando inician el tratamiento. Por ejemplo: acudir a consultas con un psicólogo, un endocrino, un ginecólogo, entre otros especialistas. 

“En Venezuela se están saltando ese protocolo pero hay que cumplirlo. El Estado no tiene políticas públicas para la transición”, explicó, durante un foro propiciado por Unión Afirmativa con hombres trans. 

Personas trans abandonan tratamientos por altos costos 

A pesar de lo caro que es costear las hormonas masculinas David comenzó a consumirlas bajo prescripción médica. Antes tuvo que practicarse una serie de exámenes de laboratorio que también salieron costosos.

La discriminación que viven las personas de la comunidad de lesbianas, gais, bisexuales, trans, intersex y queer (LGBTIQ) les impide conseguir un empleo formal, las chicas y chicos trans no son la excepción. Este es uno de los principales desafíos que tienen para pagar los tratamientos, por eso algunos los abandonan y pierden parte de los cambios que logran en su cuerpo. 

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) pide los Estados que investiguen y erradiquen la discriminación y la violencia contra las personas trans, no binarias y de género diverso. Este 20 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Memoria Trans con la finalidad de honrar a las personas trans que fueron asesinadas por prejuicios.

En Venezuela se han registrado al menos 16 crímenes de odio entre el 28 de febrero y el 6 de octubre, de acuerdo con el registro de la organización Caleidoscopio Humano y activistas de los derechos humanos de la comunidad LGBTIQ.

Aunado a los precios del tratamiento hormonal está la escasez. Quienes inician su transición tienen pocas alternativas para encontrar las hormonas y algunos las obtienen en Cúcuta, Colombia. En el foro organizado por Unión Afirmativa contaron que, aproximadamente en 2018, se presentaron casos de personas trans desesperadas que optaron por hormonas de animales, un severo riesgo para su salud.

David Pinto acude regularmente a la consulta con la médico endocrino en el Hospital Vargas. También va al ginecólogo, al odontólogo y al dermatólogo. Foto: Yohana Marra

En el caso de David, debe consumir testosterona cada 15 días, pero se la aplica cada 21 días porque la caja de 10 ampollas cuesta 50 dólares y no dispone de suficiente dinero para comprarla con regularidad. Él mismo aprendió a inyectarse.

“Yo entreno y quemo testosterona y mientras más entreno más consumo, por ende debería usarla regularmente. Adicional a eso debo consumir calcio porque tengo osteopenia en la rodilla derecha por la cantidad de hormonas que consumo y el calcio es caro”.

Dos años después de asumir su identidad de género, y en tratamiento hormonal, David se operó. El 24 de julio de 2020 se practicó una mastectomía en el Hospital Vargas. Gastó al menos 150 dólares entre los exámenes preoperatorios y los insumos para la intervención antes de la pandemia. En ese momento trabajaba en Plafam y pidió un préstamo para costear todo el proceso. Durante cinco meses no cobró su salario.

“Ese día pasó de todo, tuve que donarle parte de mis insumos a una muchacha que llegó de emergencia, se fue la luz y me tuvieron que pasar al área de COVID-19 porque era la única que tenía planta. La luz se tardó dos horas en llegar y me operaron pero tuvieron que mandarme a mi casa de inmediato por haber estado en esa área”, contó con mucho humor, así como ha asumido parte de los cambios en su vida. Decidió no vivir su transición desde la victimización. 

Entre las evaluaciones que porta David en su morral se encuentra el informe médico que indica que su diagnóstico es disforia de género. Foto: Yohana Marra

Desde entonces sale a la calle con una carpeta negra en su morral. En ella carga todos los exámenes que se ha hecho, así como los informes médicos que le da cada especialista, incluso la evaluación psicológica que indica que cumple con todos los requisitos para un diagnóstico de disforia de género

La disforia de género “es la sensación de incomodidad o angustia que pueden sentir las personas cuya identidad de género difiere del sexo asignado al nacer”. En 2018 la Organización Mundial de la Salud (OMS) sacó la transexualidad de su lista de enfermedades mentales. 

“Se me pierde esto y se me pierde la vida. Con esto me evito problemas en la calle cuando tengo que dar mi identificación”.

Las personas trans no pueden cambiar su documentación en Venezuela. Sufren discriminación por parte de policías y de funcionarios en las instituciones públicas cada vez que van a renovar la cédula, el pasaporte o van a abrir una cuenta bancaria. 

Luego de la mastectomía, David asumió el rol de coordinador en la Fundación Unitrans para ayudar a otras personas trans. La organización cuenta con un convenio con Plafam y con la empresa Suplementos Venezuela, que baja un porcentaje a las personas trans que compren hormonas

Adicional al tratamiento el joven debe acudir periódicamente al ginecólogo, al odontólogo porque sus encías también sufrieron cambios, e incluso al dermatólogo porque las hormonas le produjeron acné y su piel se puso más gruesa.

David bromea con que no sale de un médico, pero admite que es necesario porque la transición también aumenta riesgos en su salud. Su ginecóloga le informó que es más propenso a un diagnóstico de cáncer de cuello uterino, por ejemplo.

David Pinto se hace ecografías como parte del control médico que debe llevar ante su tratamiento hormonal. Foto: Yohana Marra

Estado venezolano sin avances para respetar derechos de las personas trans

El Estado venezolano no ofrece garantías a las personas trans ni les reconoce la identidad. Tamara Adrián, exdiputada (2016-2020), explicó que tampoco reconocen el derecho a la salud, a la vivienda ni a la educación a diferencia de otros países de la región.

En México, Chile, Perú, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Brasil, Uruguay y Argentina los estados han implementado protocolos de atención para que las personas trans puedan incorporarse y mantenerse en el sistema educativo

“El derecho a la salud y las prestaciones específicas para la transición es reconocido por los Estados de Colombia, Chile, Argentina, Uruguay, en al menos siete estados de Brasil, en Ciudad de México y en cuatro o cinco estados mexicanos”, detalló la abogada.

Adrián agregó que en al menos ocho estados de México reconocen la identidad de niños y niñas trans, al igual que en Costa Rica, Colombia, Brasil, Uruguay, Argentina y Chile. “En Argentina hay casos de niños desde los cinco años de edad”.

La Fundación Unitrans funciona en el Hospital Vargas de Caracas. Foto: Yohana Marra

Fundación Unitrans en el Hospital Vargas

En la unidad de endocrinología del piso tres, en el Hospital Vargas, está Unitrans. La médico endocrino, Teresa Rossamondo, pasa consultas todos los lunes. Recomendó a las personas trans llegar antes de las 6:30 a. m., como el resto de sus pacientes. 

Explicó que deben llevar su evaluación psicológica como requisito fundamental. También debe someterse al examen físico de rutina y de laboratorio, para verificar que todo esté bien y el paciente no tenga comorbilidad que se pueda exacerbar por el uso de hormonas. 

“Si la transición es de hombre a mujer se inicia con los estrógenos y antiandrógenos y si es de mujer a hombre inicia la testosterona, con control cada tres meses. En el caso de los estrógenos hay riesgos de varices o trombosis venosas y todo eso hay que vigilarlo. En ambos casos hay riesgos de dislipidemia, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia y hay que evaluar la parte cardiometabólica”.

La doctora Rossamondo también pasa consultas privadas en la Clínica Razetti, los martes y jueves a partir de las 8:30 a. m. Calcula que este año ha atendido a más de 20 personas trans tanto en el hospital como en la clínica. 

“Es un tratamiento costoso. La fundación tiene un convenio con Plafam. En la farmacia Saludable y en la farmacia Suplementos, en Chacao, se pueden conseguir un poco más económicas las hormonas”. 

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