La llegada de gobiernos que “satanizan” el movimiento LGBTIQ+, que promueven la discriminación contra una población o adoptan posturas estigmatizadoras, plantea desafíos al periodismo. Wilson Castañeda, director de Caribe Afirmativo, analiza el panorama y ofrece algunos consejos para abordar este tema como lo que es: un asunto de derechos humanos.
FUENTE ORIGINAL: FUNDACIÓN GABO. –
Antes de la primera vuelta presidencial en Colombia, la Corporación Caribe Afirmativo alertó que “con Abelardo de la Espriella los derechos LGBTIQ+ estarían en estado crítico”. Esta organización, una de las más importantes en la defensa de los derechos de las personas con orientaciones sexuales y expresiones de género diversas en el país, sostuvo que las propuestas del ahora presidente electo cuestionaban medidas legales como la adopción igualitaria y amenazaban las conquistas legislativas de una población tradicionalmente excluida de derechos básicos como la educación, la salud o el trabajo, y que sigue reclamando políticas eficaces contra la discriminación.
En campaña, de la Espriella incluso cambió posturas que defendió en otro tiempo en favor de las parejas homosexuales. Pero ahora sus promesas políticas se alinean con los discursos de figuras de la derecha radical como Javier Milei, Donald Trump y Nayib Bukele. Todos ellos comparten una defensa de la llamada familia tradicional y han tratado de reducir las luchas LGBTIQ+ a la “ideología de género”; un concepto que equiparan a un riesgo para el Estado, que Bukele ha utilizado para degradar la educación de El Salvador o Milei ha asociado con la pedofilia en foros internacionales.
Según Wilson Castañeda, director de Caribe Afirmativo, lo que hay en juego es una visión del mundo. “No los llamaría antiderechos: son gobiernos que quieren cambiar las narrativas de los derechos humanos”, explica en referencia al auge de una derecha radical. “No están generando doctrina contra los derechos, sino un espacio limitado en el que los derechos se vuelven privilegios, son para unos pocos, pero además se privatizan”. Esto conduce a “gobiernos de prácticas neofascistas”. “Así como el fascismo buscaba, tras el interés mayor de la patria, sacrificar a las personas, la novedad de estos líderes autoritarios es hacer sentir que la humanidad está perdida, como si tanto exceso de preocuparnos por la humanidad terminó corrompiendo la humanidad y hay que anteponer principios como el capitalismo y el desarrollo, así eso signifique la deshumanización de la sociedad”.
Castañeda cree que esos argumentos atraviesan los actuales gobiernos de Argentina, El Salvador y Estados Unidos, y que “lastimosamente” pueden extenderse a Colombia con el presidente electo. Una de las estrategias que usa la ultraderecha en el mundo es “satanizar” las luchas LGBTIQ+: “Se empieza a postular que nuestras movilizaciones ponen en riesgo el statu quo, que nuestros recursos y demandas de colaboración son innecesarias. Entonces se desestima el apoyo a la agenda del movimiento”, dice.
Los nuevos riesgos para el periodismo con enfoque LGBTIQ+
El periodismo que aborda temas LGBTIQ+ ha contribuido a exponer las demandas de sus diferentes comunidades ante la opinión pública. Sin embargo, su agenda se torna urgente con el auge de políticos que buscan revertir las luchas sociales y criminalizar o invisibilizar la expresión de la diferencia. Las manifestaciones por el Orgullo que sucedieron el pasado fin de semana dieron cuenta de una preocupación creciente, por la que miles de ciudadanos LGBTIQ+ marcharon en múltiples países de Latinoamérica (salvo en Argentina, que celebra el Mes del Orgullo en noviembre). Esta región concentra un alarmante número de homicidios para la población LGBTIQ+. Solo en 2025, según datos de la Red Sin Violencia LGBTIQ+, 248 personas LGBTIQ+ fueron asesinadas en América Latina y el Caribe; de estas víctimas, 102 eran mujeres trans y 18 defensores de derechos humanos.
¿Pero cómo puede el periodismo abordar a profundidad los derechos y necesidades de las personas LGBTIQ+ en un entorno de neofascismos y amenazas a la libre expresión? En los últimos años, numerosos medios y periodistas han puesto en el centro de sus coberturas las agendas LGBTIQ+. Con excepción de algunos medios y enfoques amarillistas, hay medios alternativos y tradicionales que han incorporado editores, especialistas y secciones LGBTIQ+, y ha habido formación periodística sobre el tratamiento de los temas, dice Castañeda. Además, en los ámbitos nacional e internacional, se ha “tomado conciencia del buen abordaje de temas LGBTIQ+”.
Lo preocupante para Castañeda ha sido la recepción. “Cuando los medios publican asuntos de personas LGBTIQ+, inmediatamente los foros de lectores y lectoras empiezan a hacer ataques a los medios, a las víctimas, a revictimizar a las personas que son objeto de violencia cuando se trata de violación de derechos humanos o buscar responsabilidades que no existen”. También reciben amenazas de lectores o son bloqueados por aplicaciones que impiden que algunos sectores lean las noticias, por relacionar “lo LGBTIQ+ con asuntos que ponen en riesgo a los niños, las niñas o la familia”.
El hecho de que “los medios hayan asumido visibilizar temas LGBTIQ+, les ha generado costos en materia de publicidad y apoyos logísticos”. Con un gobierno demócrata como el de Barack Obama, “la publicidad fue muy pro LGBTIQ+”, pero “el bloqueo que ha hecho el gobierno de Donald Trump a los derechos LGBTIQ+ en su país, se ha venido extendiendo por el mundo entero, particularmente en América Latina”, explica Castañeda. Se ha prohibido el patrocinio con temas LGBTIQ+, y grandes medios de comunicación desisten de apoyar una causa en la que antes estaban involucrados, considerando que puede traerles riesgos como restricciones o impuestos a empresas que visibilicen agendas en contravía al gobierno de Estados Unidos.
Al respecto, Castañeda manda un mensaje a los medios de comunicación y periodistas: “No desistan en esta tarea que han empezado, el manejo adecuado de temas LGBTIQ+ ha dado sus frutos”. Y es necesario, dice, “identificar cómo hacer que asumir esto no ponga en aprietos la continuidad del medio de comunicación”.
Recomendaciones para la cobertura LGBTIQ+
Entender que es un asunto de derechos humanos, no de privilegios
Castañeda dice que “es necesario poner la discusión de los temas LGBTIQ+ en perspectiva de derechos humanos”, dejando de lado “cualquier sospecha de que se trata de un asunto ideológico, de moda, preferencia o inclinación”. No: son derechos humanos. La cobertura con enfoque LGBTIQ+ es de derechos humanos como puede serlo una que se centre en la situación de las mujeres o en la agenda de paz. “Hablamos desde la esfera de los derechos humanos” y eso debe quedar claro frente a “cualquier malentendido”, dice.
Usar un lenguaje claro y con enfoque interseccional
Cuando se le habla a una audiencia que posiblemente desconoce el tema, es importante “ser muy pedagógicos y didácticos al explicar las cosas como son y llamarlas por su nombre”, dice Castañeda. Para algunos lectores, las palabras de una información pueden resultar nuevas. Entonces el lenguaje debe ser claro, adaptado a la especificidad del caso. “No es lo mismo una demanda de una mujer trans que la de un hombre trans, o la demanda de una persona bisexual que de un hombre gay afrocolombiano. Entonces [es importante] que puedan tener esas interseccionalidades claras”.
Contar la verdad sin ser dañinos
Cuidar de no poner en riesgo la vida de las personas LGBTIQ+ al contar los hechos, sin violar tampoco la libre expresión. “Muchas veces, cuando un medio revela cualquier caso; cuando la víctima es una persona LGBT o es quien está en vulnerabilidad, terminan transformándose los papeles y muchas veces los lectores o seguidores tratan de identificar qué responsabilidad tiene la persona LGBTIQ+ del hecho del que es víctima”. Por eso es un reto de los medios de comunicación separar la vida de la persona del hecho ocurrido. “Si ocurrió algo y hay dentro de las personas implicadas una persona LGBTIQ+, ¿cómo logramos que efectivamente se pueda separar la vida de la persona del hecho ocurrido y narrar el hecho con altísima objetividad?”.
Castañeda recomienda “no solo ser pedagógicos a la hora de poner la información, sino que sepamos cómo esta se pone y de qué manera es más oportuna, sin poner en tela de juicio que hay que contar la verdad, pero saber también desde dónde se narra la verdad, que no termine siendo dañina o perjudicial”.
Reconocer cómo se enuncian las personas
Otra “tarea fundamental” de los medios y periodistas es “hacer un manejo adecuado de las imágenes y de la presentación de las personas” para evitar la “cosificación”. Por eso es importante reconocer el nombre identitario o no confundirlo con un alias, y usar el pronombre con el que se identifica la persona más allá del que la sociedad le impone o de cómo cree el periodista que debe llamarse. “Es una tarea de los medios dejar que las personas aparezcan en su cubrimiento, su análisis, su nota de video o de audio desde el lugar en que las personas se quieren enunciar”, dice Castañeda.
Dejar claros los riesgos y amenazas a los derechos humanos
“Las amenazas de retroceso y los retrocesos se pueden dar de manera material, pero también simbólica y lingüística”, dice Castañeda. Por eso es importante dejarlas claras en la cobertura periodística. “Con objetividad e investigación, pero también con responsabilidad informativa, dar cuenta cuando una situación, un comentario, una decisión o una imagen pueden estar negando derechos a una persona, bajo el entendido de que los derechos se niegan no solo cuando una autoridad lo hace, también de forma simbólica en el espacio público o verbal en una comunicación que termina dejando en minoría de condiciones a una persona LGBTIQ+”.
Tener como fuentes a personas LGBTIQ+
Castañeda aconseja acudir siempre a las personas LGBTQ+, tenerlas como fuentes primarias o secundarias y “darles valor a sus voces y sus sentires”. Incluso cuando otras personas sean intermediarias de la voz de las personas LGBTIQ+, esta voz debe ser respetuosa y su uso el resultado de una investigación, un trabajo de campo o un análisis.
Recuerda: las personas LGBTIQ+ están presentes en todos los espacios
“Buscar la riqueza de lo LGBTIQ+ en todos los escenarios de la sociedad. Hacemos parte de la sociedad, no somos un gueto”, dice Castañeda. La mayoría del cubrimiento sobre personas LGBTIQ+ tiene que ver con violencia, y eso, afirma, no hay que dejar de cubrirlo. “Pero hay que empezar a desnaturalizar la visión que tiene la sociedad y empezar a dar cuenta a la sociedad de que la diversidad sexual y de género es una propiedad que tienen las personas. Estamos presentes en todos los espacios sociales, culturales, empresariales, económicos”.
Castañeda dice que a menudo, en las campañas electorales, cuando hay un candidato LGBTIQ+, los medios solo le preguntan su orientación sexual y no se les ocurre preguntarles por sus propuestas económica, cultural o de otra índole. “Hay una imagen errónea de pensar que lo LGBT solo piensa lo LGBT. El gran reto que tenemos es pensar que las personas LGBTIQ+ también construimos sociedad”.




