El doblete sísmico dejó a siete estados del norte de Venezuela afectados, muchos de ellos en zonas turísticas que tardarán en recuperarse. El Diario ofrece un balance de la tragedia, en la que aún hay gente buscando entre los escombros señales de sus seres queridos
FUENTE ORIGINAL: JORDAN FLORES / EL DIARIO. –
Dos semanas después del doble terremoto, aún hay temblores que sacuden a los venezolanos. Más de 1.000 réplicas han hecho a varios dudar hasta cuando el viento sacude una lámpara, o sentir en las piernas un escalofrío que no viene ya del suelo, sino de un espíritu que todavía se sacude. Pero los nuevos temblores que sufre el país ahora son el dolor del duelo, la resignación de hallar cada día que pasa menos sobrevivientes, el desamparo de quienes perdieron sus hogares, y sobre todo, una profunda incertidumbre sobre el futuro.
Ese 24 de junio era feriado, por lo que muchas personas estaban en casa o habían salido de paseo con sus familias. Mucha gente decidió ir a La Guaira, ese mar a menos de una hora de Caracas. A las 6:04 pm, la naturaleza desató una fuerza tan inusual como devastadora: un doblete sísmico de magnitud 7,2 y 7,5 respectivamente, separadas apenas por 39 segundos entre sí. Su intensidad, su duración y poca profundidad fueron la combinación ideal para el desastre.
En los días siguientes, las redes sociales se llenaron de imágenes de cómo se vivieron los terremotos. En varios se ve cómo la situación fue escalando hasta volverse un caos de objetos y escombros cayendo. En otros, apenas segundos bastaron para ver edificios de más de 10 pisos derrumbarse con todos sus habitantes adentro. La electricidad y las telecomunicaciones fallaron en un primer momento, por lo que no fue hasta que se restituyeron en la noche que muchos se dieron cuenta de la gravedad de lo que había ocurrido.
En estas dos semanas son muchas las emociones que han experimentado los venezolanos: miedo, tristeza, rabia, impotencia, desasosiego. Sin embargo, también ha sido tiempo de ver otras escenas que han conmovido al mundo. Un local de comida rápida convertido en un hospital de campaña, la sonrisa de una niña rescatada de los escombros, dos hermanos que miran las estrellas acostados en el suelo, sin casa, pero felices de haberse reencontrado vivos.
Los terremotos evidenciaron las dos caras de una Venezuela que ya tiene años reponiéndose de las desgracias. Un pueblo que no esperó órdenes para actuar y dejó desbordar la solidaridad en los centros de acopio, en los voluntarios que salvaron vidas antes de que llegara el Estado o los cuerpos de rescate internacionales. La situación se ha convertido en la máxima expresión de aquel dicho popular “solo el pueblo salva al pueblo”.
La Guaira, la segunda tragedia

Hablar del deslave ocurrido en La Guaira en diciembre de 1999 era todavía una cicatriz en la memoria de sus habitantes. Décadas habían pasado en las que la ciudad había aprendido a levantarse y reconstruirse, hasta volver a ser el punto comercial y turístico de sus años dorados. Todo eso cambió en cuestión de segundos, donde el paisaje nuevamente tenía cuadras enteras de edificios convertidos en montañas de polvo y escombro.
Las zonas más afectadas fueron Caraballeda, Macuto y Catia La Mar. Sectores como Caribe, Los Corales, Tanaguarena o Playa Grande quedaron como estampas de una guerra. El Aeropuerto Internacional de Maiquetía debió cerrar por los graves daños en su terminal y su pista de aterrizaje. Apenas unas horas antes, un grupo de 146 venezolanos repatriados había llegado al país, deportados de Estados Unidos, y se encontraban en un hotel que colapsó. Extraoficialmente se dice que solo 12 de este grupo sobrevivieron, aunque las autoridades no se han pronunciado aún al respecto.

Mientras tanto, en Tanaguarena, los habitantes aún excavan en los restos de los bloques de la Misión Vivienda conocidos como OPP. Sin grandes herramientas, buscan a sus seres queridos atrapados, ya sin grandes expectativas de que sigan con vida. El olor es fuerte, y muchos de los cuerpos adentro son bañados en cal ante la imposibilidad de sacarlos sin maquinaria pesada. En redes sociales circulan denuncias de grúas telescópicas que se alquilan por miles de dólares, e incluso de algunas con listas de espera.
La frustración y el hartazgo de la población han provocado enfrentamientos entre los habitantes y los cuerpos de seguridad. Quejas por alcabalas que retrasan el paso de los rescatistas y la ayuda humanitaria, de arbitrariedades de militares que entorpecen las labores e incluso de funcionarios detenidos por hurtar dinero y bienes de los apartamentos en ruinas. No obstante, el panorama general también es de uniformados de todos los organismos, sobre todo bomberos y Protección Civil, trabajando largas jornadas junto a los rescatistas internacionales y la ciudadanía.

Mientras tanto, en Los Silos del puerto de La Guaira se habilitó una morgue para los cientos de cuerpos que diariamente llegan. Recientemente, periodistas revelaron que en el cementerio Jardines de La Esperanza de Catia La Mar, máquinas prepararon el terreno de una colina para sepultar a los fallecidos aún sin reclamar. El gobernador de La Guaira, José Alejandro Terán, declaró que aún quedan 231 cuerpos que no han podido ser identificados, pero que por el avance de su descomposición deben ser inhumados. Aclaró que el espacio en La Esperanza no es una fosa común, sino nichos individuales con el código de su expediente forense, en caso de que en un futuro algún familiar pueda encontrarlos.
Los epicentros en Occidente

El primer terremoto, de magnitud 7,2, tuvo su epicentro a 23 kilómetros de San Felipe; y el segundo, de 7,5, ocurrió cerca de Yumare, ambos en el estado Yaracuy. A pesar de ser el epicentro del doblete sísmico, en la entidad no se registraron fallecidos, a pesar de que varias viviendas se derrumbaron en zonas rurales. Lo que sí generó alertas, movilizando a equipos de geólogos hasta el municipio Veroes, ha sido una grieta de más de 2 metros de ancho y 2 metros de profundidad cerca de la comunidad de Palmarejo.
El segundo sismo ocurrió bastante cerca de la frontera con el estado Carabobo, donde la ciudad más afectada fue Morón. De acuerdo con reportes de Protección Civil y bomberos, 9 personas fallecieron y 28 resultaron heridas, con afectaciones en más de 18 sectores. En otras ciudades como Puerto Cabello, Naguanagua, San Diego, Mariara y Guacara también se registraron múltiples daños en viviendas, iglesias y centros comerciales. En total, 14 personas murieron en Carabobo, mientras 67 resultaron lesionadas y 46 viviendas presentaron daños.

Por su parte, el estado Falcón también resultó fuertemente golpeado por el sismo. Sobre todo en las poblaciones de Palma Sola, Boca de Aroa y Tucacas, con más de 252 personas afectadas y 87 viviendas afectadas. En esta última se registró una de las mayores tragedias con el colapso de una de las torres del complejo turístico La Mar Suites, donde murieron 12 personas. Luego de 90 horas de trabajo, las labores de búsqueda y rescate en el hotel se suspendieron con solo 2 sobrevivientes.
Las otras zonas de desastre

Gran parte del centro-norte de Venezuela concentró los mayores daños por los terremotos. En el estado Aragua, las autoridades reportaron 15 fallecidos, la mayoría por el colapso del edificio residencial Bosque Lindo, en Turmero, donde 13 personas murieron y solo sobrevivió Adriana de Gouveia, de 19 años de edad. En la Colonia Tovar se registraron múltiples derrumbes y una mujer fallecida, así como otra en el municipio Bolívar.
Choroní, otro importante pueblo turístico de la costa, también sufrió daños. Su casco histórico, lleno de casas coloniales coloridas, quedó destruido, por lo que se pudo ver en videos grabados en redes sociales. Aunque no hubo reportes de fallecidos, su única ambulancia quedó tapiada por los escombros, mientras que su principal vía de acceso permaneció incomunicada por los derrumbes hasta el 7 de julio.
Aunque el litoral de La Guaira fue la zona cero de la catástrofe, otros puntos del estado también sufrieron los embates de los terremotos. En Carayaca, aunque no se reportaron fallecidos, cientos de personas resultaron damnificadas por el colapso de sus viviendas. Una situación que se ha visto agravada con el paso de los días, al no recibir asistencia del gobierno ni ayuda humanitaria debido a su aislamiento del casco central de La Guaira.

En las montañas, en El Junquito también resultó severamente dañado por los sismos. Un video que se viralizó en redes sociales mostró el momento exacto en que varios edificios de su principal zona comercial colapsaron, mientras la gente huía para resguardarse entre los autos. El lugar, antes un popular punto turístico por sus restaurantes de cochino frito y cachapas, quedó destruido y los pocos negocios en pie fueron declarados inhabitables. Se reportó que cuatro trabajadores de uno de estos restaurantes murieron tapiados.
Ubicado entre Caracas y La Guaira, El Junquito quedó en el medio de dos ciudades que acapararon la atención de la prensa y las autoridades durante la emergencia. Vecinos reportaron al portal Efecto Cocuyo que los cuerpos de rescate llegaron cinco horas después de los temblores, por lo que fueron los mismos ciudadanos organizados quienes sacaron a los atrapados de los escombros.

En el estado Miranda, muchas de las “ciudades satélites” de Caracas debieron atender por sí mismas el desastre, apoyándose en sus alcaldías y cuerpos de seguridad locales. En los Altos Mirandinos se registraron cuatro fallecidos, así como daños en cinco iglesias y centros comerciales como La Casona y La Cascada. En los Valles del Tuy, la zona más afectada fue Santa Teresa, donde los edificios de la urbanización Altamira fueron desalojados por sufrir daño estructural.
En Guatire, municipio Zamora, se reportaron tres fallecidos. Dos menores de edad y un vigilante identificado como Víctor Tovar, quien quedó atrapado en los restos de la empresa Pinlacas, que se incendió y luego colapsó. Por su parte, en Guarenas dos edificios de la urbanización Oropeza Castillo se derrumbaron parcialmente, mientras otros tantos están inhabitables, así como en los sectores de Trapichito y Terrazas del Este.
Caracas, la historia repetida

En Caracas, los terremotos también evocaron el fantasma de aquel sismo ocurrido durante la celebración de su cuatricentenario, en el año 1967. En esa ocasión, el municipio Chacao fue el más afectado, sobre todo en las zonas de Altamira y Los Palos Grandes con cuatro edificios desplomados. Como el golpe de una lección no aprendida, nuevamente fueron las más afectadas al encontrarse en una de las fallas geológicas de la ciudad.
Tres edificios colapsaron en Chacao: el Petunia, en los Palos Grandes; el Don Pepe, en Bello Campo; y el Obelisco, en Altamira. El alcalde del municipio, Gustavo Duque, informó que 62 personas murieron mientras que 28 fueron rescatadas con vida de los escombros. Múltiples edificios quedaron además con severos daños estructurales, todavía en proceso de inspección, en lo que antes se conocía como “la milla dorada” para las empresas inmobiliarias.

Hacia el oeste, lo mismo ocurrió en la urbanización San Bernardino, donde la caída del edificio Santa Rita dejó alrededor de 30 muertos. Otros dos edificios, desalojados tras los sismos, colapsaron en los días siguientes mientras otros más fueron declarados de alto riesgo. En El Paraíso, el derrumbe del edificio San Judas Tadeo también dejó un estimado de siete fallecidos, aunque vecinos hablan extraoficialmente de unos 13. En Pinto Salinas, cuatro mujeres murieron por el colapso parcial del bloque 5.
En el centro de la ciudad, la magnitud del desastre se evidencia en las grietas que dejó en las paredes. Cuartos expuestos, centros comerciales con sus fachadas desnudas y sobre todo, por las cientos de carpas de personas que esperan por las inspecciones técnicas para volver a sus hogares. En zonas como Plaza Venezuela, las avenidas Bolívar, Fuerzas Armadas y Urdaneta se pueden ver personas acampando en plena calle, sin certezas ante el daño en sus edificios.

Apenas el 4 de julio se desalojaron los campamentos ubicadas en el Parque del Oeste Alí Primera y el Parque del Este Francisco de Miranda, donde se concentraban la mayoría de los damnificados de Caracas y La Guaira. También el 6 de julio reubicaron a los que se acampaban en la plaza de la Moneda, al lado del Banco Central de Venezuela (BCV). Sin embargo, decenas de familias aguardan para ser asignadas a uno de los más de 50 refugios habilitados por el gobierno en la capital.
El día después, un luto perenne

Es mucho lo que se puede resumir sobre lo que aconteció en Venezuela en los días siguientes al terremoto. La decisión del gobierno de militarizar La Guaira y restringir su acceso, medida que despertó comentarios tanto a favor como en contra por las trabas burocráticas que retrasaron a rescatistas y voluntarios en minutos claves, pero también ayudaron a despejar una ciudad que en horas se vio colapsada por miles de personas que acudieron a entregar donaciones y ayudar, pero también a crear contenido para redes sociales, o que hacían ruido en momentos donde el silencio era esencial para escuchar a los sobrevivientes entre las ruinas.
También se puede hablar sobre la solidaridad del mundo con Venezuela, que se tradujo en el apoyo de más de 30 países que enviaron cuerpos de rescate y ayuda humanitaria al país. De acuerdo a cifras oficiales, más de 28 voluntarios y 4.388 rescatistas han ayudado en las labores de búsqueda, con países como Estados Unidos, México, El Salvador y Chile liderando las operaciones.

Para el 7 de julio, la última actualización dada por las autoridades encargadas arrojaba 3.685 fallecidos, en una cifra que quizás en las próximas horas pueda aumentar, en la medida que algunos equipos de rescate han dado por concluidas sus misiones y bajan las expectativas de hallar sobrevivientes. De hecho, agencias como las Naciones Unidas han encargado alrededor de 10 mil bolsas para cadáveres basados en la cantidad de personas que aún siguen desaparecidas bajo los edificios.
Igualmente, 16.740 personas resultaron heridas, siendo atendidas en hospitales y puestos de campaña traídos por países como España, India, Turquía o Brasil. En el balance de daños, aunque agencias internacionales como la NASA estiman que alrededor de 60 mil edificaciones pudieron ser afectadas por los terremotos, el gobierno calcula apenas unos 856 edificios dañados, de los cuales 190 colapsaron. En todo esto, se engloban además 17.907 damnificados.

En dos semanas que han pasado desde el terremoto, Venezuela vive una cotidianidad enrarecida, tratando de retomar su rutina entre edificios agrietados y carpas de damnificados. Desde el gobierno se anunció la Gran Misión Venezuela Renace para recuperar los edificios dañados, y un fondo de 200 millones de dólares para la reconstrucción en un momento rondan duda sobre sus próximas acciones en materia de vivienda, planificación urbana, y, sobre todo, prevención ante futuros cataclismos.
Mientras tanto, las familias sepultan a sus muertos, mientras otros no se rinden para sacar a sus fallecidos aún bajo los escombros. Los rumores de edificios con sobrevivientes encienden brotes de esperanza, mientras en otros ya comenzó el proceso de demoler y recoger los restos. Ya en Caracas, cuadrículas de tierra baldía despejan el lugar donde antes hubo gente viviendo. En una sociedad que aprendió a ser resiliente tras experimentar de todo en los últimos años en el plano político, económico y humanitario, la expresión “empezar de cero y reconstruir el país” ahora se vuelve más literal que nunca.




