Fuente original: LA VIDA DE NOS. –
Apenas supieron que bombardeaban Caracas, cinco periodistas de medios digitales venezolanos independientes, casi todos desde el exilio, improvisaron una transmisión maratónica a través de YouTube. Ofrecían datos, verificaban información, ponían los hechos en su contexto y conversaban con la audiencia. Era el periodismo acompañando al país en un momento cumbre de su historia.
nadie le gusta recibir llamadas tan temprano. El celular vibrando o repicando de forma inesperada a las 2:00 de la madrugada es casi sinónimo de mala noticia: o alguien se murió o está grave o tuvo un accidente. Es lo que llega a la mente al ver, a esas horas, la pantalla del teléfono iluminada.
¿Cómo pensar que ese “alguien” no es una persona concreta sino todo un país, tu país?
El 3 de enero de 2026, la periodista Ronna Rísquez, coordinadora de la Alianza Rebelde, un conglomerado de medios que se unió para informar sobre Venezuela, abrió los ojos pasadas las 6:00 de la mañana. Si bien para ella ya había amanecido, la llamada que estaba recibiendo venía de Venezuela, donde todavía era de madrugada.
—¡Están bombardeando Caracas! —escuchó que le dijeron del otro lado.
—¿Qué? ¡¿Cómo es la cosa?!
—¡Sí! ¡Están bombardeando! ¡Me confirmaron desde Fuerte Tiuna!
Están bombardeando, están bombardeando, están bombardeando.
Las palabras quedaron resonando en su mente, en loop. Una descarga de adrenalina se apoderó de ella. Se le aceleró el corazón, se le aguaron los ojos. ¿Qué era eso que estaba sintiendo? Abrió WhatsApp: todos los grupos de periodistas a los que pertenece estaban atiborrados, y las notificaciones no paraban de aumentar.
“¿Bombardeando?”. “¿De verdad atacaron los gringos?”. “¿Quién está atacando a quién?”. “¿Será solo en Caracas?”. “¡Se escucha durísimo!”. En medio de ese cúmulo de dudas, para ella dos cosas fueron evidentes. La primera: nadie tenía certezas de lo que estaba sucediendo. La segunda: las bombas, en efecto, estaban cayendo; no era un bulo.
Y si bien costaba creerlo, este escenario era una posibilidad. Aunque Donald Trump había amenazado con iniciar operaciones militares terrestres en Venezuela, muchos creían que no se iba a atrever. Ronna —por los análisis, entrevistas a expertos, por su propia experiencia como periodista— pensaba que sí podía ser capaz. ¿Pero cuándo? No se atrevía a dar fechas, y al igual que varios de colegas, llevaba semanas durmiendo con una frase en la almohada: pronto-seguro-pasa.
Como en el cuento del lobo, cuando finalmente ocurrió, nadie lo vio venir.
César Batiz, también periodista y director de El Pitazo, tenía una fiesta en su casa. Apenas llegó la noticia, los invitados entraron en un estado de euforia.
—¡No creo esto! ¡Esta vaina es imposible! ¡Me tengo que quedar para escuchar qué es lo que está pasando! —le dijo un amigo a César, mientras le mostraba un video de las explosiones en su celular.
Poco a poco, fueron acomodándose en la sala. Nadie se iba a ir de la casa del amigo periodista. Las carteras y los abrigos volvieron a amontonarse en una esquina, mientras César, tratando de mantener la calma, salió al jardín a hacer un video para sus redes sociales.
—Son cerca de las 2:20 de la mañana y estamos recibiendo información acerca de bombardeos en diferentes puntos del área metropolitana de Caracas —dijo.
Al terminar, sintió el frío de los 8 grados que solo se sienten en Florida en las madrugadas de invierno. Se detuvo a pensar en que estaba ocurriendo un hecho histórico, un hito, algo sin precedentes. Se abstrajo pensando hasta que el sonido de las bombas en su celular lo trajeron de nuevo a la realidad.
Se sabe que los reporteros nunca paran; les cuesta poner límites entre el trabajo y la vida. Pero la madrugada del 3 de enero no había límites posibles; había que actuar de inmediato: los periodistas lo entendieron y actuaron como médicos que corren a atender a un paciente en emergencias.
“Salimos al aire en 10 minutos. No esperemos más”.
Ronna envió ese mensaje a un grupo de WhatsApp del que forman parte editores y periodistas de distintos medios digitales independientes de Venezuela. Aparte de César, se activaron tres periodistas más: Víctor Amaya, director de Tal Cual; Luis Ernesto Blanco, de Runrunes; y Luz Mely Reyes, cofundadora y directora de Efecto Cocuyo.
Sin certezas, había que poner la cara.
Los siguientes minutos fueron azarosos para todos. Limpiar los lentes, la cámara del celular, ponerse un poco labial, echarse encima el saco más a la mano, lavarse la cara para terminar de espabilarse, pasarse un peine por el pelo, dejar un vasito de agua cerca. Respirar profundo.
Listo.
Ahí estaban cinco pantallas en YouTube con los rostros de los cinco periodistas.
—Buenas mañanas. Son las 3:20 de la mañana en Caracas —dijo Víctor.
—Estamos en “La Conversa con La Luz” para intentar explicar un poco lo que está pasando en Venezuela en estos momentos —agregó Ronna.
Fueron los primeros instantes de una transmisión que sería maratónica: 10 horas, 48 minutos y 15 segundos.
Eso duró el punto de giro, en vivo, de la historia de un país.
En octubre de 2025, El Pitazo, Runrunes y Tal Cual, los tres medios que integran la Alianza Rebelde Investiga (ARI) —una coalición de medios digitales independientes venezolanos—, se reunieron para evaluar el escenario político. Era difícil porque el contexto era confuso. Los periodistas estaban intrigados, expectantes, ante el movimiento militar de Estados Unidos en el mar Caribe que había comenzado poco antes por órdenes del presidente de ese país, Donald Trump.
—Todo indica que esa gente no se va a retirar de ahí sin tener una acción —insistía César Bátiz.
Discutían escenarios, una lista larga de posibilidades. Pensaron que quizá los estadounidenses atacarían el sistema de radares. O puntos estratégicos. O lugares señalados por ese país como zonas de narcotráfico. O instalaciones militares. También se pasearon por la idea de que se produjera una persecución, una extracción o la eliminación de algún funcionario del gobierno venezolano. Era un ejercicio de imaginación necesario para pensar en posibles coberturas. Debatieron sobre cuál sería la reacción del gobierno en caso de que esa eventual misión gringa fuera fallida.
—En todo caso, lo mínimo que podemos hacer si pasa algo, es prender la cámara y transmitir para contar lo que pasa —propuso César.
En menos de una semana, cada medio se activó por su cuenta. Llamaron a reporteros de las principales regiones para preguntarles si les gustaría participar en caso de que surgiera alguna eventualidad. Varios aceptaron. Se asignaron roles: algunos para redes sociales, otros para fatchecking, un grupo para reportear en terreno y hacer un arqueo de fuentes.
Los directores de distintos medios compartieron estrategias de cuidado y datos valiosos ante la hipotética cobertura.
La dinámica no era nueva.
En 2024, múltiples medios de comunicación se unieron para producir y publicar contenidos que explicaran lo que pasaba en Venezuela, antes, durante y después de las elecciones presidenciales del 28 de julio de ese año.
Fue un acuerdo tácito: para esta oportunidad, si se daba, ocurriría lo mismo. Con el sobreaviso, se unieron también otros medios digitales: Efecto Cocuyo, Cazadores de Fake News, Caracas Chronicles y más periodistas independientes.
Una transmisión en vivo durante un conflicto es compleja porque todo está ocurriendo en caliente. Mientras dices algo, probablemente otra situación está ocurriendo en paralelo. Debes repetir lo que has dicho una y otra vez. Agregar datos nuevos.
Primero dices que a la 1:55 de la madrugada empezaron las explosiones y el sonido de un sobrevuelo. Luego confirmas ataques en Distrito Capital, Miranda y La Guaira. Te llegan informaciones que no puedes compartir sin asegurar porque todavía no sale el primer comunicado oficial, ni del que ataca ni del atacado. Es más, tu audiencia, que va creciendo y comentando en el chat en vivo, todavía se pregunta si realmente no es un autogolpe de Estado.
¿Qué dices? ¿Cómo reporteas? ¿Cómo verificas?
Pero ahí sigues.
Antes de que se hablara de muertos o heridos de manera oficial, confirmas que el cerro El Volcán, en El Hatillo, recibió un impacto, y que allí murió una mujer. Tampoco lo dices. Necesitas nombres. Una confirmación de algún testigo o familiar.
El periodismo requiere de prudencia.
Hay cosas que sí puedes decir: datos que interesan.
A Víctor Amaya sus compañeros lo describen como un freaky de la aeronáutica militar. Lo es. Al ver un video del sobrevuelo de los helicópteros con El Ávila de fondo, supo que eran Boeing CH-47 Chinook.
—El sobrevuelo de Caracas lo hacen aeronaves especializadas en misiones de extracción de Estados Unidos. Son helicópteros tácticos; aterrizan en portaviones como los que están ahora mismo en el Caribe. Los tienen Korea, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos —dijo al aire en la transmisión.
Esa información cobró sentido pasadas las 4:00 de la madrugada, cuando el gobierno de Venezuela confirmó que el ataque provenía de Estados Unidos, y Delcy Rodríguez, entonces vicepresidenta, pidió una fe de vida de Nicolás Maduro.
En ese momento, Luz Mely Reyes pensó: “En efecto, no tienen contacto con Maduro”. Y ese le pareció un dato importante para apuntar.
De la transmisión se retiró Luis Ernesto Blanco y se sumó Adrián González, miembro del portal Cazadores de Fake News, quien se afanó verificando informaciones que, a esas horas, corrían por la red y no se sabía si eran ciertas.
Lo que no veía la gente era que, detrás de escena, había más de 15 periodistas apoyando. ¿Por qué no salían delante de la cámara? Tenían miedo y con razón: en ese momento, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) registraba 22 periodistas y trabajadores presos.
El golpe de Estado que dio Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992. El golpe de Estado del 11 de abril de 2002. El paro petrolero. Las elecciones de Chávez contra Capriles; las de Capriles contra Maduro. Las protestas de 2014, 2017 y 2019. Las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 y la represión que se generó. Todos son hechos históricos contemporáneos de Venezuela. Fueron coberturas que hicieron de cerca estos periodistas.
Esta, sin duda, era más significativa: tenían más conocimiento, la experiencia. Y la hacían desde el exilio forzoso. Todos habían tenido que irse para ponerse a salvo de un país en el que se ha criminalizado el ejercicio periodístico. Por eso, la cobertura les removía los sentimientos. La esperanza de poder volver, por ejemplo.
—Estoy llorando, pero creo que hace falta ver más —dijo Ronna cuando César Batiz y Luz Mely leyeron que Nicolás Maduro y Cilia Flores habían sido capturados por Estados Unidos.
Lo dijo en shock. Esta vez, sí, con los ojos muy abiertos. Releyó la publicación del presidente Donald Trump tantas veces como pudo. Sentía un nudo en la garganta. Quería gritar, abrazar a su familia.
—A lo mejor no se notó, pero solo pensaba: no puedo creer que esto esté pasando después de tanto sufrimiento del país, después de tanta destrucción. Ya no está la persona que cometió delitos de lesa humanidad. Este genocidio —cuenta ahora, tres meses después.
Todo lo que ha escrito durante los últimos 15 años le pasó por la mente como flashes de una película. La migración forzosa de 8 millones de personas; las ejecuciones extrajudiciales por parte del Estado; el crimen organizado; la corrupción; la decadencia.
Ronna no era la única experimentando ese sentimiento. Luz Mely releyó y sonrió nerviosa. César subió el tono de la voz. Adrián buscó más fuentes. Víctor solo repetía que sí era cierto, y volvió a repetir la función de las aeronaves que sobrevolaban Caracas.
César solo se paró del escritorio unas cinco veces para ir al baño. ¿Cuánto café bebió en esas horas? Imposible saberlo. Solo recuerda que se comió dos hallacas.
Luz Mely recibía el apoyo de su esposo. Le pasaba agua, le hacía señales para que no olvidara hidratarse, comer e ir al baño.
Ronna no tomó café ni tanta agua. Desayunó poco. Y tuvo que ausentarse varias horas porque tenía un viaje programado.
A la transmisión se unieron otros periodistas venezolanos y expertos en diversos temas: César Miguel Rondón, Nacho Montes de Oca, José De Bastos, Sebastiana Barraez, Andrés Azpúrua, Valentina Aguana, Rafael Uzcátegui, entre otros.
¿Por qué ellos y no otros? Luz Mely tiene la respuesta: “Nosotros pusimos el rostro porque teníamos la capa de seguridad pues estamos fuera del país, pero detrás había mucha más gente trabajando por hacer esto posible”.
Sabían que otros medios, más tradicionales, estaban paralizados. Luz Mely habló con un colega que fue a la radio en la que trabaja para tratar de informar lo que estaba pasando, y no pudo: la emisora estaba cerrada. Quien prendió la televisión, solo encontró programación habitual.
Lo único era esa transmisión improvisada en YouTube. Y un aluvión de videos en TikTok e Instagram.
Para el que vive en desiertos informativos, un profundo silencio.
La transmisión de “La Conversa” de ARI y “Con la luz” de Efecto Cocuyo tuvo 101 mil 10 vistas. Quizá ese número puede demostrar que el esfuerzo no fue en vano, y que el periodismo sigue siendo relevante.
Que el periodismo cumplió su función de acompañar.
—Siempre he creído que a la gente sí le interesa el periodismo, que les sigue pareciendo necesario. Esta transmisión lo demuestra. Miles se conectaron y cuando todo se paró, nos escribieron para saber cuándo volvíamos —comenta ahora Ronna Rísquez.
—Fue una experiencia muy bonita y, para tenerla a esta altura de mi vida, más. Quiero ver la transición democrática en Venezuela, pero es increíble haber pasado toda mi vida en esto: empezando con el golpe de Chávez hasta esta extracción —agrega Luz Mely.
De todas las preguntas que quedaron abiertas aquel 3 de enero, muchas ya tienen respuestas y acciones concretas. Es tanto lo que ha cambiado en apenas tres meses, que Estados Unidos reabrió su embajada en Venezuela. Delcy Rodríguez es presidenta encargada y estableció lazos comerciales con Donald Trump. Parece que vendrán nuevas elecciones en algún momento. Hasta se aprobó una ley de amnistía. Y Maduro y Cilia Flores siguen presos.
Para los periodistas, queda una certeza: continuar informando.




