Fuente original: CRÓNICA UNO. –
Familias de presos políticos esperan por liberaciones, desde el 8 de enero, a las afueras del Rodeo I. Entre carpas improvisadas, precariedad y solidaridad, madres, hermanas y tías enfrentan la incertidumbre de un proceso sin listas oficiales ni información clara.
Caracas. “Vine por mi niña y sin ella no me voy. Mi mayor esperanza no fue venir a verla, sino llevármela”, sentencia Johana*.
Desde el 8 de enero Johana viajó desde Barinas hasta el Internado Judicial Rodeo I, en Guatire, estado Miranda. Allí permanece detenida su sobrina, una teniente de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), acusada por su presunta participación en un plan terrorista contra el Estado.
Se cumple una semana desde el anuncio del diputado Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, anunció “un número importante de liberaciones”.
La funcionaria de la GNB está privada de libertad en el Rodeo I desde agosto de 2025. Sin embargo, no fue sino hasta el domingo 11 de enero de 2026 cuando pudo recibir su primera visita.

Sentada sobre una colchoneta dentro de una carpa improvisada, donde acomodó un morral con ropa para varios días, Johana admite que esa esperanza es lo único que la mantiene firme frente al frío, las pocas horas de sueño y las precariedades que enfrentó durante los primeros días a las afueras del penal.
“Aquí dormimos por guardias. Mientras unos descansan, otros se quedan despiertos pendientes por si sale alguien. Igual, aquí no vinimos a dormir, vinimos a lo que vinimos”.
Este miércoles, 14 de enero, la mujer fue testigo del momento en que mencionaron como excarcelado al familiar de una de las personas con las que compartió los últimos seis días, en las adyacencias del centro penitenciario.

“Aquí nos pusimos a gritar, a llorar. No lo podíamos creer. Se sentía como si fuera uno de los nuestros. Esas son las cosas que nos mantienen”.
Durante la mañana dos personas, entre ellas el periodista Roland Carreño, detenido desde el 2 de agosto de 2024, fueron excarceladas. Nadie fuera del Rodeo pudo presenciar el momento, porque ambos fueron trasladados a otro lugar cercano al penal.

El inicio de la espera
Mantener el celular con el volumen al máximo y siempre pegado al cuerpo. Así los familiares aguardan una llamada con la notificación de excarcelación. Por eso, conservar la batería cargada se convirtió en una de las principales preocupaciones.
En los primeros días de pernocta esta necesidad representó un reto adicional por el gasto económico que implicaba, sumado a otros costos básicos. Conectarse a un enchufe en un negocio cercano costaba Bs. 100, usar el baño Bs. 50 y descansar apenas dos horas en una habitación de una casa vecina, hasta Bs. 3000.
Quienes no podían pagarlo dormían en el piso de un abasto cercano o sobre colchonetas prestadas.
“Gracias a Dios después llegó mucha ayuda, empezaron a traer carpas, colchonetas, sábanas y comida para todas las horas del día. Todo lo que necesitamos”, cuenta Marilú, con agradecimiento.

Desde el 27 de enero de 2025 su hijo, Yofre Vargas Novoa, estuvo desaparecido. Sabía que el Gobierno lo tenía porque su rostro apareció en cadena nacional junto con otros presuntos implicados en una supuesta operación terrorista que incluía, según las autoridades, el secuestro del magistrado Maikel Moreno.
Marilú lamenta que lo más duro de este año no solo fue no saber nada de su hijo, sino también perder a su esposo, quien sufrió un accidente cerebrovascular producto del estrés.
“Es muy difícil cuando te desaparecen un hijo. A veces sentía que me lo iban a entregar sin vida. Nuestra vida cambió totalmente”.

Lo que más la conmueve, y le da fuerzas, es la solidaridad de personas desconocidas que no dejan de llevar alimentos e incluso se ofrecen a lavar la ropa, sin pedir nada a cambio.
Las familias tampoco deben pagar por necesidades básicas como el uso del baño o las duchas, gracias a una organización que asumió esos costos.
“Aquí tienen un registro con nuestros nombres y los de nuestros familiares. Estamos todos anotados y no tenemos que pagar”, explica.

Jugar con la preocupación
Quienes tienen familiares detenidos por razones políticas coinciden en un patrón común: horas, días o incluso meses sin saber dónde se encuentran.
En el caso de Indira*, quien viajó desde Maracay, funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim), en Boleíta, le dijeron que buscara a su hijo y a su expareja en “la morgue”.
“Para mí eso fue horrible. Es el último lugar al que una madre quiere ir”.
Supo de su paradero en julio de 2025 y pudo visitarlos un mes después. Ambos fueron interceptados el 9 de febrero de ese año por presuntos funcionarios de la Dgcim. Los imputaron por terrorismo y traición a la patria.

Desconfianza latente
Las familias consultadas por Crónica Uno coinciden en que el proceso de excarcelaciones ha sido lento. Aunque entienden que se trata de un procedimiento administrativo complejo, sienten que, en muchos casos, se juega con su expectativa y su dolor.
“A veces decaemos, pero nos damos fuerza entre todos. Hacemos vigilias en las noches, rezamos y pedimos por todos, no solo por nuestro familiar. Todos merecemos tenerlos de vuelta”, manifiesta.
En la cárcel del Rodeo I los familiares han denunciado presuntas torturas, tratos crueles e inhumanos. Aseguran que cada vez que entran a la visita les ponen una capucha. Además, hay privados de libertad que se encuentran en aislamiento.

Hasta la noche del 14 de enero el Foro Penal confirmó 84 excarcelaciones de presos políticos, en un proceso que se desarrolla sin listas oficiales ni información previa para los familiares, lo que mantiene la incertidumbre entre quienes continúan a las afueras de los penales y centros de detención.
Por otro lado este miércoles la presidenta (E), Delcy Rodríguez, aseguró que van 406 excarcelaciones. Sin embargo, organizaciones defensoras de derechos humanos no tienen verificada esa cantidad, por lo que piden se publique una lista con los nombres.
El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa confirmó la excarcelación de 19 trabajadores de la prensa, este miércoles. Todavía quedan tras las rejas cinco.




