Periodismo no es traición: Desmontando la criminalización de la prensa libre en Cuba

Fuente original: Cibercuba. – El régimen acusa de traición a quienes informan, pero los verdaderos traidores son los que mienten en nombre de Cuba. Los que usan la bandera para encubrir la represión, la palabra “patria” para justificar la pobreza y la “revolución” para perpetuar el poder de una élite.

En Cuba, informar siempre ha sido un acto de resistencia. Desde hace más de seis décadas, el régimen ha convertido el ejercicio del periodismo libre en una actividad sospechosa, cuando no delictiva.

Hoy, en pleno siglo XXI, los mecanismos han cambiado, pero el objetivo es el mismo: silenciar la verdad, intimidar a quien la dice y fabricar enemigos para justificar la censura.

Las campañas actuales contra elTOQUECiberCubaCubaNetDiario de Cuba y otros medios independientes no son hechos aislados ni espontáneos. Forman parte de una ofensiva orquestada desde el aparato ideológico y represivo del Estado, que ha encontrado en el entorno digital una nueva forma de perseguir el pensamiento crítico.

Una vieja estrategia con rostro nuevo

El pasado 26 de noviembre de 2025, Cubadebate publicó un artículo titulado “Radiografía de las cuentas de extrema derecha que operan contra Cuba en X”, elaborado por su llamado ‘Observatorio de Medios’.

Bajo la apariencia de un análisis técnico, el texto enumeraba una treintena de cuentas en redes sociales —entre ellas las de periodistas, economistas y activistas— a las que acusaba de liderar una “guerra cognitiva” organizada desde el exterior para “fomentar el odio contra Cuba”.

Dos días después, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla amplificó la acusación en su cuenta oficial de X, y lo que era un texto propagandístico se convirtió en doctrina de Estado.

De inmediato, Razones de CubaGranmaPrensa Latina y el vocero televisivo Humberto López retomaron la narrativa, apuntando especialmente contra el medio elTOQUE, al que acusaron de “terrorismo económico” y “mercenarismo”.

La secuencia es conocida: primero la demonización mediática, luego la amenaza judicial. Las fichas con fotografías y datos personales de 18 supuestos “directivos de elTOQUE” —publicadas por Cubadebate— confirman el patrón.

Las acusaciones son graves: tráfico de divisas, evasión fiscal, conspiración… Las pruebas, inexistentes. El método, el de siempre: linchar primero, justificar después.

Pero el caso elTOQUE es solo la manifestación más visible de una estrategia más amplia: criminalizar el periodismo libre para disuadirlo, ridiculizarlo o destruirlo.

Seis décadas de censura institucional

La represión a la libertad de prensa no es un error coyuntural, sino una política fundacional del régimen instaurado en 1959.

Apenas triunfó la llamada “revolución”, el nuevo poder clausuró los diarios Prensa Libre y Diario de la Marina, confiscó las imprentas y creó el aparato mediático estatal encabezado por Granma y el ICRT.

Desde entonces, el Partido Comunista monopoliza la información bajo el principio de que “la prensa es un arma de la Revolución”.

Durante los años setenta y ochenta, periodistas y escritores como Carlos FranquiMarta FraydeGuillermo Cabrera Infante o Reinaldo Arenas fueron silenciados o expulsados por no plegarse al discurso oficial.

En 2003, durante la ‘Primavera Negra’, 27 periodistas independientes —entre ellos Raúl Rivero y Ricardo González Alfonso— fueron condenados a largas penas de prisión por “mercenarismo”, un delito creado a medida para castigar la disidencia intelectual.

El siglo XXI trajo internet y las redes, pero también una versión digital del mismo control. Hoy, la represión ya no necesita cárceles visibles: opera mediante campañas de difamación, amenazas en redes, interrogatorios, hackeos, censura de sitios web y persecución económica. El control del relato sigue siendo el eje de la supervivencia del poder.

Los delitos de quienes preguntan y no callan

El Código Penal cubano, reformado en 2022, consolidó la criminalización del periodismo mediante tipos penales ambiguos que permiten castigar cualquier forma de expresión crítica. Entre ellos:

Artículo 143 (Mercenarismo): castiga con hasta diez años de cárcel a quien “reciba, o tenga la intención de recibir, beneficios materiales de un gobierno extranjero para ejecutar actos contra el Estado cubano”. Su vaguedad convierte a cualquier periodista que trabaje con fondos internacionales en un presunto criminal.

Artículo 119 (Traición): incluye sanciones por “cooperar o facilitar información al enemigo”, una categoría elástica que el régimen aplica a quien colabore con medios radicados fuera de la isla.

Artículos 124 a 126 (Delitos contra la seguridad del Estado): permiten procesar a ciudadanos por “actos de propaganda enemiga”.

Artículo 370: penaliza la “difusión de noticias falsas”, dejando al Estado el monopolio de definir qué es verdad y qué no.

En Cuba, la ley no protege al ciudadano del poder, sino al poder del ciudadano. Estas normas no defienden la seguridad nacional, sino la inmunidad del Partido ante la crítica.

Los falsos delitos: Desmontando los mitos del régimen

“Mercenarismo”: El gobierno insiste en que los medios independientes son “mercenarios” porque algunos reciben financiamiento internacional. Pero todos los fondos de medios independientes son públicos, transparentes y auditados.

A pesar de la insistencia del régimen en difamar a CiberCuba como receptor de estos fondos, este medio ha dejado claro en múltiples ocasiones que no recibe financiación alguna y que funciona con fondos propios generados por la publicidad y el tráfico.

Sin embargo, el verdadero problema para el régimen no es el origen del dinero, sino el destino de la información: no se le puede controlar.

Además, los medios estatales también reciben financiamiento externo, aunque disfrazado de cooperación o inversión estatal de países aliados. La diferencia es que ellos responden a intereses políticos, mientras el periodismo independiente responde a la verdad.

“Propaganda enemiga”: Si hay propaganda en Cuba, está en los medios del Estado. Granma, Juventud Rebelde o Cubadebate no informan: repiten consignas. El periodismo libre, en cambio, contrasta, verifica y da voz a los que el poder calla.

El régimen teme a la prensa independiente porque rompe el monopolio narrativo: pone en evidencia la pobreza, los apagones, la corrupción y las violaciones de derechos humanos que la prensa oficial niega.

“Traición” y “seguridad del Estado”: La lealtad de un periodista no es con el gobierno, sino con la sociedad. El régimen confunde deliberadamente la crítica al Partido con la traición a la patria. Pero denunciar a un poder autoritario no es traicionar a Cuba; es defenderla.

Identificar “Revolución = Estado = Patria” es el mayor subterfugio político del castrismo. Bajo esa fórmula, el régimen se apropia del país y convierte cualquier desacuerdo en delito.

“Contrarrevolución”: Durante décadas, el término ha servido para excluir y demonizar a quienes no comulgan con el discurso oficial. Pero en la Cuba actual, donde la llamada “revolución” significa permanencia y represión, el verdadero revolucionario es quien exige cambio.

Ser “contrarrevolucionario” se ha convertido en un honor para quienes luchan por derechos, transparencia y libertad. Así como ser un “odiador” se ha convertido en una distinción que exhiben los que desprecian la violencia, represión, estulticia, manipulación, adoctrinamiento y corrupción de un poder totalitario.

La guerra del lenguaje

El régimen ha refinado su arsenal semántico. Ahora ya no habla solo de “propaganda enemiga” o “mercenarios”, sino de “guerra cognitiva”, un concepto importado del léxico militar ruso.

La idea es simple y peligrosa: presentar el debate público como una guerra, la crítica como un ataque y el pensamiento libre como un arma. Al militarizar el lenguaje, el Estado justifica su vigilancia, censura y represión como defensa nacional.

Cuando el poder llama “guerra” a la verdad, es porque ya no tiene argumentos.

El papel del periodismo independiente

A pesar de la persecución, el periodismo libre cubano sigue vivo dentro y fuera del país. Medios como CiberCubaelTOQUECubaNetDiario de Cuba14ymedio ADN Cuba documentan lo que el Estado oculta: la pobreza, la migración masiva, las cárceles políticas, el colapso sanitario y la desigualdad que genera la “dolarización parcial” del sistema.

Su existencia no es un delito, sino un servicio público. Son los que mantienen a Cuba conectada con la verdad, a pesar de la censura, el exilio y las campañas de odio.

El verdadero delito

El régimen acusa de traición a quienes informan, pero los verdaderos traidores son los que mienten en nombre de Cuba. Los que usan la bandera para encubrir la represión, la palabra “patria” para justificar la pobreza y la “revolución” para perpetuar el poder de una élite.

En Cuba, informar es resistir. No hay crimen más grave para una dictadura que decir la verdad. Los periodistas independientes cubanos no son enemigos de la patria, sino disidentes de una dictadura que utiliza la prensa oficialista como instrumento de dominación. Son aquellos que, como dijera Martí, “con un poco de luz en la frente no pueden vivir donde mandan tiranos”.

Y mientras el poder siga confundiendo su permanencia con la nación, habrá que recordarle que Cuba no es el Partido, ni la Revolución, ni el Gobierno: Cuba son las actuales víctimas de una dictadura, pero también los futuros ciudadanos de un Estado de Derecho, y una patria libre y democrática.

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