“No volvería a emigrar”, retornar a Venezuela tras el “karma” de ser migrante

El gobierno venezolano sostiene que este año la economía registrará crecimiento, tras siete años en recesión, una proyección que comparten expertos

La Voz de América

(25-07-2022) Gregory Torres, un estilista de 34 años, se fue de Venezuela a Panamá en el 2016. Y regresó en 2021… para quedarse.

Huyó de una Venezuela “horrible”, con escasez de alimentos y productos básicos, altos índices de inseguridad y una feroz inflación, que aniquiló el poder adquisitivo de los venezolanos. Y retornó a un país que dice muestra signos de recuperación económica.

El gobierno sostiene que este año la economía registrará crecimiento, tras siete años en recesión, una proyección que comparten expertos.

-“Esto no está tan mal, vale”-

“Yo siento que (Venezuela) ahorita está mucho mejor (…) Si la comparamos con 2016-2017 está mucho mejor”, dice a la Voz de América Gregory, en la famosa peluquería donde trabaja en Caracas.

“No, no, no quisiera emigrar” de nuevo, dice con seguridad a la Voz de América.

Según Henkel García, analista financiero y director de la firma Econométrica, en Venezuela hay crecimiento económico desde el año 2021, “pero ese crecimiento tiene claros indicios de ser insuficiente y desigual”.

García explica que Venezuela aún tiene múltiples restricciones que “de no solucionarse se manifestarán en una especie de techo o estancamiento”.

Entre las restricciones están el acceso al crédito, a los servicios públicos y el aislamiento internacional.

Sin embargo, Gregory dice estar feliz con su decisión de volver a Venezuela.

“El domingo por la mañana compré un pollo y me fui a casa de mi mamá y pude compartir el pollo con toda mi familia (…) eso es para mí lo mejor, no necesitas tener tanto dinero para ser feliz, es disfrutar del momento”.

“Y es verdad, a lo mejor no me compro dos, pero por lo menos tengo para comprar algo”, agrega en relación al tema económico.

“Yo lo que quiero es echarle bolas (ponerle ganas), lo que quiero es trabajar, y así como yo, muchos (…) nadie está hablando de política, no”.

Sobre la inseguridad, destaca que “antes sentía una angustia, una zozobra, ya no, ya ahorita me siento más relajado”.

¿Te volverías a ir? “No, no, no quisiera emigrar” de nuevo, dice con seguridad.

“Ya, ya pagué mi novatada. Pagué mi karma. Ya sé lo que es eso. Aprendí, pero no volvería a irme”.

La decisión de migrar y Panamá

Venezuela desde 2013 atraviesa una severa crisis económica, que obligó a más de seis millones de venezolanos a abandonar su país.

“2016 era el año en que se estaba poniendo el tema político bien fuerte y la escasez. Yo decía: ‘no, yo no voy a permitir eso, ¿hacer cola (fila)?, estás loco, no’”, recuerda.

Afectado además por un “tema emocional, existencial” en ese momento, decide marcharse.

Entonces, compró pasaje a Panamá, un poco sonsacado por amigos que luego lo relacionaron en el área del estilismo en Ciudad de Panamá.

Y rápidamente consiguió trabajo.

“Me dejaban 2 dólares de propina, ¿sabes? Y el almuerzo salía en tres dólares, un almuerzo súper bien, o sea me estaban dando casi que el almuerzo. O sea, yo sumaba… y el otro (cliente) me dejó un dólar… y después vino otro y así”.

Celebra que pudo ayudar económicamente a su familia en Venezuela, que seguían enfrentando los problemas de los que él huyó.

“Yo dije: ‘No, chico. Aquí yo puedo hacer plata’”, continúa.

Hasta llegar a ser encargado de una peluquería.

Sin embargo, la soledad lo golpeó: “no quería estar solo por allá, amaba a mi familia”.

E ir de visita no era opción por temas legales con su residencia. “Yo tenía refugio, no me permitían salir del país. Si salía perdía ese beneficio”.

Xenofobia

“Vete a la ver**, chu***”, “regrésate a tu país”: Durante sus años en Panamá tuvo que lidiar con la xenofobia, que por muchos años se concentró en ese país y se fue extendiendo a otros países de la región como Perú, Chile y Colombia.

Y recuerda algunos episodios. “Una vez me paró un policía y me preguntó qué hacía yo allí, ‘¿qué haces tú aquí? Chucha, regresa a tu país, ¿qué haces aquí?’.

“Si llegaba todos los días a la casa viendo para el techo, sintiéndome mal, ese día fue horrible. Fue una experiencia muy, muy mala”.

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