México, Colombia y Brasil sostienen el “apoyo blando” a Maduro

Fuente original: Perú 21. –

El reconocido periodista y activista por los derechos humanos Luis Carlos Díaz analiza para Perú21 la situación que vive Venezuela.

Cuando coincidimos en 2011, en la convulsionada CaracasLuis Carlos Díaz ya era un periodista que vivía bajo alerta, pero sin miedo. Pionero en el uso de las tecnologías digitales, sabía que para romper el cerco informativo ese era el camino. Sabía también que cualquier cosa podía pasar. Y pasó. 

En marzo de 2019 fue detenido arbitrariamente por el régimen de Nicolás Maduro. “Estuve en un centro de tortura. He visto cómo se llevan presos a compañeros, cómo avanzan juicios terribles contra periodistas. Hoy hay al menos 20 periodistas encarcelados”.

“Soy una generación que solo ha vivido el cierre del espacio cívico. He trabajado en periódicos que ya no existen porque el chavismo eliminó el papel; en televisoras cerradas o censuradas; en radios que ya no pueden tener programas ni coberturas libres; en páginas web bloqueadas; y he generado contenidos para redes que también han sido bloqueadas”, reflexiona Luis Carlos en entrevista con Perú21.

En Venezuela —dice— llevamos años viviendo con la incertidumbre como si fuera nuestra novia: “Tenemos que bailar con ella, convivir con ella. Porque en cualquier momento parece que todo puede cambiar… y también puede no pasar nada”.

Nicolás Maduro
«Creer que todo se reduce a la salida o al quiebre de Nicolás Maduro es simplificar la realidad», analiza el periodista. Foto: AFP.

Para Luis Carlos, pensar el país únicamente en función de la posible salida del dictador Nicolás Maduro es mirar el problema por encima:

“Creer que todo se reduce a la salida o al quiebre de Nicolás Maduro es simplificar la realidad. El cambio puede adoptar muchas formas. A veces se parece a esperar la caída del Muro de Berlín, pero solo después de que la gente ha trabajado durante años para derribarlo. No estamos hablando únicamente de la caída de un personaje, sino de un régimen completo, con ramificaciones que se extienden por todas partes”.

Maduro —sostiene— no es un líder en el sentido clásico: es parte de una coalición que se mantiene en el poder, donde existen contrapesos internos y repartijas de negocios. Por eso no funciona como un gobierno convencional, sino como una estructura.

Luis Carlos relata que todos los días circulan falsas alarmas, el eterno “ya va a pasar algo”, mientras se incrementa la presión. En su opinión, lo que se ha intentado hasta ahora “es una salida pacífica: provocar quiebres internos, deslealtades, un cambio generado por presión, no por un ataque directo. La presencia reiterada de buques no es un anuncio de acción inmediata, sino una forma de presión”.

PRESOS POLÍTICOS
Hay al menos 20 periodistas presos por la dictadura venezolana. Foto: AFP.

QUITARLE EL OXÍGENO

Hay una clave que se repite en su análisis: el dinero. Cortar las líneas de financiamiento —legales e ilegales— es más determinante que cualquier gesto simbólico.

“Esto no es un gobierno como los demás —remarca—, es un grupo con economías ilícitas. Cuando se cortan esas fuentes, las lealtades internas pueden cambiar”.

De allí que la presión internacional no sea un gesto moral, sino una necesidad política.

LOS CÓMPLICES

“Alrededor del chavismo hay políticos extranjeros, bandas armadas que recorren la región y negocios que lo conectan con otros regímenes autoritarios del mundo —Irán, China, Rusia—. Es un sistema intercontinental. Por eso la pregunta no es solo qué pasa en Venezuela, sino qué hacen los gobiernos democráticos del mundo frente a los autoritarismos”.

Y agrega: “Este es un sistema autoritario moderno, y la indiferencia de tantos países durante años ha generado estos efectos. A algunos les molesta que se hable de esa indiferencia, pero cuando Hugo Chávez regalaba dinero nadie se oponía; al contrario, muchos fueron parte de la fiesta cuando los petrodólares venezolanos compraron voluntades, financiaron campañas e hicieron injerencia en otros países. Los gobiernos de la región no pueden lavarse las manos: son corresponsables del caos”.

El chavismo —expone Luis Carlos en entrevista con Perú21— mantiene una alianza sólida con otros regímenes autoritarios: Cuba, Rusia, China, Irán, Bielorrusia y Corea del Norte. A eso se suman grupos como las FARC y el ELN. Con ese respaldo, el chavismo logra sostenerse en el poder.

“Pero, a mi juicio, más dañinos que esos apoyos duros son los apoyos blandos. Me refiero a gobiernos que se dicen democráticos, pero no hacen nada. Hablo directamente de México, del gobierno de Petro en Colombia, de Lula en Brasil y de sectores del gobierno español —España es más complejo—. Ese respaldo suave retrasa la presión internacional y alarga la agonía de la gente”.

El pasado martes, el Congreso mexicano aprobó una reforma que castiga con cárcel acciones intervencionistas de agentes extranjeros. Foto: Presidencia de la República Mexicana
México no ha deslindado de la dictadura chavista. 

Para el periodista, se necesita presión multilateral.
“Que además de Estados Unidos se involucren otros países. Por eso Noruega es clave. No solo respaldó a María Corina Machado, también ofreció a los venezolanos un relato honesto del conflicto, reconociendo que el mundo les dio la espalda y sumándose a la presión contra la dictadura”.

Cuando no hay costos —subraya— los autoritarismos avanzan y se comen las instituciones:

“Creo que por eso México —con Claudia Sheinbaum— termina apoyando al chavismo. Está repitiendo la misma receta. A eso se suma otro problema: no se develan los nexos de corrupción. Por eso todavía vemos el dinero de Odebrecht produciendo efectos en Brasil; negocios como el narcotráfico influyendo en Colombia; o el petróleo incidiendo en determinados sectores del PSOE en España”.

No se trata necesariamente de apoyos ideológicos, sino de negocios vinculados al chavismo: “Que el mundo lo vea y lo reclame es fundamental”.

MARÍA CORINA MACHADO

Luis Carlos Díaz llegó a Oslo a la espera de María Corina Machado. En la conferencia de prensa tras la ceremonia en la que se le otorgó el Nobel de la Paz, el reportero le preguntó directamente por los presos políticos en Venezuela. Las palabras de aliento de la líder dieron la vuelta al mundo. 

María Corina Machado
María Corina Machado, imagen de la lucha por la libertad. Foto: AFP. 

El periodista reconoce en María Corina a una luchadora incansable y valiente. Aparece como figura central, pero no es la única. “No se trata de una persona, sino de un movimiento que logró algo inédito: demostrar un fraude electoral y documentarlo. Eso inspira”.

Luis Carlos trabaja hoy con varias organizaciones y medios, por necesidad y por convicción. No tiene militancia partidaria. Su labor se mueve en el terreno de la lucha anticorrupción y los derechos humanos. No renuncia a creer.

“Los venezolanos estamos hechos de esperanza”. Pero no es una esperanza ingenua. Se sostiene en informes, en incidencia internacional, en pruebas de crímenes de lesa humanidad.

LOS MIGRANTES

Cuando se refiere al exilio venezolano, Luis Carlos es enfático:
“Esto no se resuelve diciendo ‘regrésense a su país’, como repiten muchos discursos xenófobos en la región, ni afirmando que se trata de un problema exclusivamente venezolano”.

Más de 7,7 millones de personas han salido del país.

El periodista espera más solidaridad regional, pero agradece el apoyo recibido en países como Perú, donde —reconoce— no ha faltado la xenofobia.

“Jamás se les dijo a los argentinos que regresaran a su país para combatir la dictadura cuando huyeron del régimen de Videla. Yo crecí en Charallave del Tuy, en Venezuela, con vecinos peruanos perseguidos por Sendero Luminoso, y nunca se les dijo que volvieran a Perú a pelear. No ocurrió entonces y no debería ocurrir ahora”.

Pedirle a los venezolanos que regresen a enfrentar una dictadura —concluye— es desconocer la historia, la experiencia del exilio y la responsabilidad compartida de la región frente al autoritarismo.

La crónica de Luis Carlos Díaz no es solo la de un periodista perseguido.
Es la de un país donde informar se convirtió en una forma de resistencia y donde la incertidumbre dejó de ser excepción para convertirse en sistema.
Y aun así, contra toda lógica, la esperanza —trabajada, terca, insistente— sigue ahí. 

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