Venezuela

Las relaciones internacionales en Venezuela, ¿una historia de éxito o fracaso?

Por Francisco González/ Internacionalista, investigador de Caleidoscopio Humano y líder emergente de MonitorDescaVe

(31-01-2024) Venezuela, por su privilegiada posición geográfica, basta cantidad de recursos naturales y un clima cálido, fue durante décadas un “hub” de las relaciones internacionales entre el norte y el sur.

España usaba con frecuencia puertos venezolanos para su comercio entre toda la América Hispana y Europa y, siglos después, trasnacionales y aerolíneas veían, en Venezuela, un aliado indispensable para el comercio internacional.

La década dorada de la democracia venezolana, durante la última mitad del siglo XX, representó la consolidación de Venezuela como potencia regional en América, llegando a ser la segunda mayor economía de Sudamérica, la tercera de Latinoamérica y la quinta del continente.

La llegada del chavismo al poder significó un cambio radical en los aliados internacionales de Venezuela. Las relaciones norte – sur, es decir, de naciones desarrolladas para con Venezuela, fueron pronto desplazadas por relaciones sur – sur, esa que ocurre entre dos -o más- naciones en vías de desarrollo.

Naciones como Nicaragua, Cuba, Haití e Irán pronto se convertirían en grandes aliadas de la Venezuela chavista. Aunque hubo pocas rupturas abruptas, muchos países que tradicionalmente habían tenido buenas relaciones con Venezuela, como Canadá, el Reino Unido y Finlandia, comenzaron a marcar distancia.

Con el ascenso del madurismo al poder, las relaciones diplomáticas de Venezuela se han visto gravemente perjudicadas. En la última década, poderosos países han roto de manera indefinida sus relaciones con Venezuela. Estados Unidos, por ejemplo.

Algunas causas de estos quiebres reposan en el espiral de problemas internos que han surgido en el país en el marco de la Emergencia Humanitaria Compleja que atraviesa, que incluye una grave crisis de derechos económicos, sociales, culturales y ambientales (DESCA) que han hecho cuesta arriba la vida en Venezuela para nacionales y extranjeros.

Un turbulento escenario político acompaña a la crisis que, junto a factores como el desempleo y la delincuencia, han desencadenado una diáspora migratoria de casi ocho millones de personas.

Los principales países receptores, ahogados en su propia pobreza, han sido incapaces de asumir los costos de la migración venezolana.

Aunque la comunidad internacional ha activado mecanismos de presión para lograr solventar la grave crisis del país, ningún método ha sido del todo efectivo. Sanciones, grupos de contacto, mesas de negociación y visitas diplomáticas han, uno tras otro, resultado en totales fracasos.

Aunque ello pareciera ser una muestra del evidente fracaso de las relaciones internacionales, una mirada desde el otro extremo del tablero vería un gran éxito en que, gracias a sólidos aliados en todo el mundo, el gobierno de turno ha logrado mantenerse en el poder.

Para los defensores de la democracia, la libertad y el respeto a la dignidad humana, el pésimo empleo de las relaciones internacionales en Venezuela ha condenado a una próspera nación a una crisis inexcusable.

Solo queda admitir que, sin lugar a dudas, es indispensable el apoyo, el reconocimiento y el visto bueno de la comunidad internacional, pero la experiencia nos demuestra que la crisis que aqueja a los venezolanos solo podrá ser solucionada por los venezolanos.

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