Prevención del suicidio

El suicidio en Mérida, más allá de las estadísticas

 La historia de Verónica* y su mejor amiga es más común de lo que pudiéramos imaginar; y deja en evidencia la inmensa necesidad de crear políticas de atención acertadas en cuanto a salud mental, a acompañamiento y a crear condiciones que dignifiquen a las personas en Venezuela

Por Emmanuel Rivas/Caleidoscopio Humano

(10-09-2023) En pleno corazón de los Andes venezolanos y rodeada por las imponentes montañas de la cordillera andina, se encuentra Mérida. 

Sede de la Universidad de Los Andes, multicultural, pintoresca y turística un destino casi obligatorio para visitantes nacionales y extranjeros.

Sin embargo, los embates de la crisis, no se han dejado de sentir en esta pequeña ciudad del occidente venezolano. 

Hay muchas cosas que se pueden decir de Mérida; Pero hay algo de lo que, hasta hace muy poco, no se hablaba: el suicidio. 

Y es que Mérida ha sido testigo silencioso de una triste realidad que ha sobrepasado a otras localidades del país. Su tranquilidad se ha visto quebrantada por una altísima tasa de suicidios, lo que constituye un tema preocupante y delicado en el contexto socioeconómico y político de Venezuela. 

De acuerdo con el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), el incremento de los casos de suicidio en Venezuela se debe, en gran medida, a la crisis económica y a la dificultad para acceder a servicios médicos especializados. 

La precaria situación económica ha generado altos niveles de estrés y desesperanza, mientras que la falta de recursos y la escasez de atención médica han dificultado el acceso a ayuda profesional para tratar los temas asociados a la salud mental. 

Estos factores combinados han contribuido al aumento preocupante de los índices de suicidio en el país, aseguran desde la organización

Para el año 2022, el OVV documentó 2173 muertes por suicidio, un promedio de 7,7 por cada 100.000 habitantes y, aunque las estadísticas muestran una disminución si se compara con los datos reportados en el año 2018, cuando se registró una tasa de 9,3 suicidios por cada 100 mil habitantes, la cifra sigue siendo muy alta y supera con creces las proyectadas antes del inicio de la Emergencia Humanitaria Compleja en 2015. 

En el caso de Mérida, en el informe Violencia Autoinfligida 2022 presentado por el OVV, se registró una tasa de 8,3 suicidios por cada 100 mil habitantes.

Aunque la entidad andina experimentó un descenso aparente del 15,6 % con relación al año 2021 (9,89/100.000), continúa ubicándose en el primer lugar del ranking nacional como el estado con la mayor tasa de suicidios. 

Además, el OVV, destaca el incremento de las tasas de suicidio en entidades de la región capital y centro-norte del país (Distrito Capital, Aragua y Miranda), que antes no estaban dentro de los primeros cinco lugares de las estadísticas.

Pero, ¿por qué Mérida, considerada como una de las ciudades más tranquilas de Venezuela, registra una tasa de suicidio tan alta? 

De acuerdo con Gustavo Páez, coordinador del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) capítulo Mérida, esta es una respuesta que no se puede dar a la ligera. 

“Hay que tomar en cuenta que el suicidio es una causa de muerte violenta multifactorial. Son muchos los factores que pueden combinarse para que una persona atente contra su vida (…) sin embargo, nosotros creemos que en el pasado, durante varias décadas, en el estado Mérida estuvieron presentes un conjunto de factores asociados, unos a la vida urbana y otros a la vida rural, que se combinaron de forma particular para empezar a perfilar a Mérida como la entidad con la mayor tasa de suicidios”, señaló.

Páez destaca que “hay unos cuantos factores que en el pasado tenían peso y que hoy en día, todavía lo tienen. Otros han perdido relevancia, pero han surgido nuevos que la han adquirido. Los factores pueden perder o ganar peso en el tiempo, dependiendo como la realidad social evolucione”, apuntó. 

¿Cuáles son estos factores? 

“Un factor de riesgo, que creemos que desde el pasado ha estado incidiendo en que Mérida se mantenga en los primeros lugares, es el surgimiento paulatino de familias con antecedentes de comportamiento suicidas tanto en el ámbito urbano como en el rural, es decir que, en la medida en que van ocurriendo casos de suicidio, evidentemente esas personas pertenecen a alguna familia y queda esa marca lamentable que se convierte en un factor de riesgo”, destaca el representante del OVV en Mérida. 

El especialista agrega, además, como factores de riesgo, el uso de agroquímicos en las zonas rurales; pues, la exposición reiterada de los agricultores a estas sustancias genera posibles casos de depresión que se pudieran vincular al suicidio. 

El consumo de alcohol que altera el sistema nervioso o factores más recientes como el bullying y, en muchos casos, el no ser aceptados por su orientación sexual, también son episodios que incrementan el riesgo de atentar contra su vida. 

Gustavo Páez destaca que, en estudios recientes, la adicción al internet o a los teléfonos inteligentes, es posible que estén detrás del aumento en las cifras de suicidios. 

Esto sin dejar a un lado factores como la disfuncionalidad y desestructuración familiar, el aumento de la violencia contra niños, niñas y adolescentes y, por supuesto, la crisis económica que estamos viviendo con todas sus aristas negativas que, sin duda alguna, es un factor que también tiene peso.

“Creemos que Mérida tuvo factores de riesgo en el pasado que se mantienen en la actualidad y, a los que se han sumado otros factores como la Emergencia Humanitaria Compleja y la pandemia por Covid-19. Esa combinación de factores ha llevado a la entidad a encabezar esta lamentable estadística”, aseguró.

¿Qué papel juegan los medios de comunicación?  

Los medios de comunicación se han convertido en un pilar fundamental de la sociedad. Desde los más tradicionales como la radio y la televisión hasta las redes sociales y los medios digitales. Todos están presentes en los diferentes aspectos de nuestra vida.

Para Gustavo Páez, el tratamiento comunicacional que muchas veces se le da a este tema siempre lleva una cuota de amarillismo, cometiéndose ciertos errores a la hora de transmitir la información. 

Los medios de comunicación puede que tengan allí una influencia y está reconocido como un factor de riesgo cuando no se trata bien el tema, destaca Páez, agregando que en Mérida y en el resto de Venezuela, hay algunos errores que cometen la mayoría de los periodistas abordando el tema del suicidio de manera contraria a las recomendaciones internacionales. 

“Hay muchos estudios que han intentado mostrar esa conexión entre el mal tratamiento comunicacional y momentos donde las tasas pueden incrementarse, sobre todo por el efecto de ‘imitación’ que eso puede generar”, destaca. 

Uno de los ejemplos más clásicos que cometen la mayoría de los comunicadores en Venezuela y, particularmente en Mérida, es explicar con cierto detalle, el método empleado por la persona para suicidarse. 

“Eso de que agarró una cuerda, una correa, o lo que sea, que hizo un nudo de tal tipo, que lo colocó en tal sitio; esas cosas no se dicen, son detalles innecesarios (…) le estás dando a las personas más información de la que realmente necesitan y aquella persona que esté vulnerable por factores de riesgo, puede captar este tipo de información, y pasa -el comunicador- a contribuir a que imite lo que otra persona hizo”, advirtió Paez.

De igual forma, la hegemonía comunicacional en Venezuela, hace que tocar temas tan sensibles no sea tarea fácil para los periodistas quienes, en muchos casos, se ven limitados e incluso censurados, por los medios de comunicación para así evitar sanciones o señalamientos por parte de los órganos oficiales. 

Es aquí donde entra también, la falta de preparación dentro de las universidades del país, pues, no existe un pensum de estudio en carreras como comunicación social o periodismo, con un enfoque de derechos humanos que contribuya a dar una mejor visibilidad a temas tan sensibles como el suicidio que, al no existir políticas acertadas por parte del Estado, se convierte en una violación más a la dignidad y a la vida de las personas.  

“Una alianza por la vida”

En la actualidad, en Venezuela no existen políticas públicas para atender a las personas vulnerables, con alguna condición de salud mental y, mucho menos, a quienes en algún momento han intentado atentar contra su vida. 

Sin embargo, en Mérida, desde finales del año 2022, se dio inicio al plan “Aquí Estamos” encabezado por la legisladora Fabiana Santamaría, y que sería el punto de partida de la “Alianza por la Vida”, que logró reunir a más de 40 organizaciones de la sociedad civil, a la Universidad de Los Andes y a diferentes congregaciones religiosas, todas con un mismo propósito: educar y crear conciencia sobre el suicidio. 

“A través de esta alianza logramos la declaración de septiembre como el mes de la prevención del suicidio en el estado Mérida, hemos realizado diversas actividades deportivas y culturales para promover los aspectos positivos de la vida y capacitamos a más de 350 voluntarios en factores de riesgo y de protección, pues, uno de nuestros objetivos es entender el suicidio como un problema de salud pública y no como un tabú, para que así, la sociedad pueda estar preparada para brindar apoyo efectivo a las personas vulnerables”, señaló Santamaría. 

La legisladora merideña destacó que la “Alianza por la Vida” arrancó una segunda fase, la cual, consiste en plantear políticas públicas que puedan atender el problema, donde se destaca la solicitud de creación del Instituto Merideño de Salud Mental, así como un observatorio que se dedique al levantamiento de estadísticas que puedan ser públicas y que, a su vez, lleven a una investigación constante que nos permita determinar las causas del fenómeno en Mérida “que no surge a raíz de la Emergencia Humanitaria Compleja del país -aunque ha sido un factor determinante en los últimos años- sino que tiene décadas siendo una realidad”, dijo. 

También, desde la Comisión de Educación del Consejo Legislativo se está trabajando en la creación de la Ley Estadal de Educación “que velará por políticas educativas en materia de salud mental, pues hemos recibido muchísimas solicitudes de apoyo de liceos y colegios, ya que, la ideación suicida se está presentando con frecuencia en niños, niñas y adolescentes”, puntualizó Santamaría. 

Para finalizar, Fabiana Santamaría destacó que, aunque en los talleres que desde la “Alianza por la vida” se han dictado cuentan con la presencia de representantes de las instituciones públicas del estado y que, además, se ha presentado la solicitud de creación de políticas acertadas sobre este tema ante el Consejo Legislativo y la Gobernación del estado, “no hemos obtenido ninguna respuesta que nos indique la voluntad de trabajar sobre esta situación (…) de la mano de la Universidad de Los Andes y la sociedad civil seguiremos exigiendo que se atienda ésta grave problemática, a la par continuamos formando voluntarios y entregando el protocolo para que sea replicado y nos lleve a cumplir los tres ejes principales que nos hemos trazado desde la campaña que son la investigación, la prevención y la atención”. 

“Muchas veces no sabemos leer las señales”

Verónica* sufrió la muerte de su mejor amiga y, aunque confiesa no haber superado el difícil momento, ha podido salir adelante con ella como su principal motivación. 

“La muerte de ella, hizo darme cuenta que somos muy antipáticos, que no nos ponemos en los zapatos de nadie, no extendemos la mano a las personas que nos dan señales y que a su manera tratan de decirnos que no están bien, no somos atentos, y bueno, es lo que me pasó a mi con mi mejor amiga”, relata.

“Yo no tenía la madurez suficiente para darme cuenta de que algo estaba mal, de que ella no estaba bien, di consejos en la forma en que una niña de 16 años puede hacerlo. Me hubiese gustado tener la madurez que tengo ahora, cuando he vivido cosas con las que sé que puedo ayudar a alguien”. 

“En ese momento qué podía decirle, si ni siquiera sabía que estaba mal. Sabía que había cambiado, que había tenido un cambio radical en su personalidad, que no era la misma persona con la que yo había compartido durante 5 años y traté de cuidar la familia, traté de decirle ‘ey, qué pasa contigo, tú no eres así’, pero bueno, las personas a veces dicen ‘estoy bien’ o van a un psicólogo y les dicen ‘no, yo estoy bien’ y empiezan a mentir y a cerrarse a la idea de la ayuda que puede recibir, en ese punto hay que buscar otra estrategia”. 

“Si tu ves a tu hijo que no te habla, que no te cuenta las cosas o quizá sí te las cuenta no le prestas atención, le estás haciendo daño (…) somos tan vulnerables al rechazo, a que no nos escuchen, porque no sabemos cómo lidiar con la marea que hay dentro de nosotros y cada día tratamos de buscar una manera de sacar el agua para no ahogarnos; pero, llega un punto en el que muchas personas tiran la toalla y les gana la contraparte”. 

Verónica se cuestiona no haber visto las señales de que su mejor amiga le entregaba, “después me di cuenta que esa era la forma de ella decirme que estaba mal y cada día cargo en mi conciencia el por qué no extendí la mano, por qué no ayudé, por qué no le pregunté que tenía, por qué había cambiado”, lamenta. 

Cuando alguien se siente mal o está pasando por cualquier problema, acude a personas a las que le tienen confianza, en este caso yo era su mejor amiga, pero yo no tenía la manera de saber que estaba mal. Si yo hubiese tenido la mentalidad y la madurez actual, yo hubiese llevado a mi amiga a meditar, a hacer yoga, aunque suene muy hippie, es lo que me ha ayudado a mi a ir sanando e ir encontrándome y a saber que todo tiene solución”. 

“Este ha sido mi aprendizaje de una experiencia que marcó un antes y un después en mi vida”, asegura la joven estudiante. 

“En el momento que esto ocurrió, le prometí a mi amiga que yo viviría por las dos y cuando tengo una situación difícil, paso por algo complicado o cada vez que apago la vela en mi cumpleaños, lo hago por las dos. Cuando tengo miedo de hacer algo, me motivo pensando en ella. He podido afrontar situaciones difíciles, incluyendo su muerte, cada día hablo con ella, le pido que me ilumine, es algo que deberían hacer las personas que pasan por esa ceguedad, pedir esa iluminación a lo que crean, al universo, a Dios, a los ángeles, a los arcángeles, a Jehová… pedir iluminación y ser conscientes de que es algo momentáneo, así como la felicidad, la tristeza, los problemas, todo es momentáneo”. 

Verónica reconoce que hay mucha información sobre la depresión, sobre los riesgos y aunque se conoce de la situación, los suicidios siguen ocurriendo sin que nadie haga algo por pararlos. 

“Hay que cambiar de estrategia y recordar que vivir vale la pena”, finalizó. 

La historia de Verónica* y su mejor amiga es más común de lo que pudiéramos imaginar; y deja en evidencia la inmensa necesidad de crear políticas de atención acertadas en cuanto a salud mental, a acompañamiento y a crear condiciones que dignifiquen a las personas en Venezuela para que así, estás estadísticas que hoy aumentan de forma alarmante, algún día queden solo en la memoria y en los archivos de las organizaciones e instituciones que buscan luchar contra el suicidio en Mérida, en Venezuela y en el resto del mundo.

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Verónica* nombre ficticio que se ha utilizado por petición de quien ofreció su testimonio como una forma de contribuir en la creación de conciencia sobre este difícil tema. 

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