Alberto Trentini era uno, ya excarcelado, y el colombiano Tique, por el que aún esperamos noticias.
Por Trentini se hizo campaña en Italia, su familia nunca paró y el gobierno italiano hizo todo lo posible mientras el aparato represivo y diplomático de Venezuela les cerraba las puertas y limitaba sus acciones. Incluso fueron expulsados del país varios funcionarios de las embajadas de Italia, Francia y Países Bajos.
Los que quedaron, junto a otras embajadas, tienen restringidas las salidas del área metropolitana de Caracas sin permiso de la dictadura venezolana. Esas son las condiciones en las que se trabaja en Venezuela. Pero lo más grave de este encarcelamiento prolongado de Trentini, con desaparición forzada, incomunicación, sin defensa privada, impidiendo la asistencia consular y luego se sabrá qué otras violaciones, es que dejó desnudo al «espacio humanitario» en Venezuela.
Demostró que no había reglas de juego, protección ni respeto. El chavismo se metió hace años, infiltró y empezó a controlar muchas variables en el mundo de la ayuda mas urgente, para domesticarlo e incluso para meter a sus empleados públicos en organizaciones humanitarias y agencias de Naciones Unidas. En paralelo iba contra lo que consideraran competencia, expulsó a decenas de organizaciones, les inventó acusaciones como las perseguidas del informe de Citgo y sus agentes de seguridad no paraban de extorsionar e irrespetar el trabajo de quienes deseaban ayudar en terreno.
Algunos trabajadores humanitarios agredidos no recibieron la atención correcta de sus agencias. Luego en Caracas les decían cosas como «pero no te pasó nada», «gracias, tomamos nota» o el famoso «nos preocupa», pero luego no se traducía en acciones. Por eso se han ido, porque hay negligencia o complicidad con el chavismo. Naciones Unidas no hizo lo suficiente por este tema y muchos quedaron desprotegidos. A eso se suma el ataque directo a la autonomía de las organizaciones que significó la intervención política de la Cruz Roja Venezolana a través del TSJ y varios aliados del chavismo.
Ahora Delcy Rodríguez tiene un control enorme allí. ¿Tenían trabajadores humanitarios como rehenes los grupos terroristas como Hamas o el ELN? ¿Por qué al chavismo se le ha permitido hacerlo sin que haya un escándalo internacional? Este es el registro que debería contarse cuando se haga un balance de la historia reciente de Venezuela: en el momento de mayor hambre y necesidad, en el momento en el que se necesitaba una acción humanitaria integral, la dictadura venezolana encarceló trabajadores humanitarios, limitó áreas geográficas de trabajo y enchufó a varios de sus agentes para chupar de la renta humanitaria que entraba al país.
Por eso la acción real ha estado tan recortada y las cosas buenas que se han hecho quedan disminuidas y algo invisibilizadas, porque siempre corren riesgo de intervención. El chavismo no acepta competencias en la acción en terreno y deseaba hacerse campaña con la crisis de la gente más pobre, además de blanquear algunos expedientes de funcionarios que pasaron del PSUV, de la administración pública, a ser funcionarios de la ONU o asesores de implementadoras internacionales.
Es un lavado de rostro y un aumento de salario insólito, a costa de la crisis que provocaron. En un esquema así de grande, la cárcel de Trentini y Tique ha servido para extorsionar, amenazar y controlar el sector humanitario. Como fue el caso Afiuni para atemorizar a los jueces. Como tantos casos aleccionadores que sirven para atemorizar e inhibir el tejido social. Así que esto no ha acabado aún. Aplaudimos la liberación de todos los inocentes, pero advertimos que el sistema que los encerró sigue intacto y activo. Los presos políticos son un recurso renovable para el chavismo mientras sus perpetradores permanezcan en el poder.




