@gabybuada / Caleidoscopio Humano
No estamos bailando, seguimos llorando a nuestros seres queridos
El relato que desde el dolor quiero expresar es a causa de la herida abierta de solo pensar en el rostro de Carmen Teresa Navas y la realidad de tantas mujeres que, a las puertas de las cárceles, sostienen la dignidad de un país.
Carmen Teresa Navas, a sus 83 años, no es solo una mujer que nos mueve la ternura y nos conmueve su lucha. Hoy se convierte en un emblema más de la injusticia y de las violaciones de derechos humanos que se profundizan en Venezuela. En sus ojos se lee la historia de un Estado que no solo arrebata la vida, sino que secuestra la verdad. Durante más de un año, Carmen Teresa recorrió tribunales y pasillos fríos, sosteniendo una foto de su hijo, Víctor Hugo Quero Navas, pidiendo una fe de vida que el sistema ya sabía imposible. Mientras ella suplicaba información, los expedientes oficiales ya guardaban el secreto de su muerte bajo custodia, supuestamente ocurrida en julio de 2025. Supuestamente, porque hoy todo es supuesto, porque nada coincide ni siquiera el comunicado con su lápida de la fosa común.
La crueldad no terminó con el deceso. El anuncio de que fue enterrado «ante la ausencia de familiares» es la máxima expresión de la burla institucional. ¿Cómo puede hablarse de «ausencia» cuando Carmen nunca se movió de la puerta de las cárceles donde recibía gritos y malos tratos de funcionarios que le decían que se fuera, porque su hijo no estaba ahí?
Quedan más preguntas que respuestas.
Queda exigir que la investigación anunciada por el Ministerio Público de hoy, que es el mismo de ayer anuncie que hará con estándares de derechos humanos.
Nada de bailar felices, hay que seguir exigiendo justicia, reparación y garantías de no repetición. Acompañando a los familiares, exigiendo justicia y sobre todo haciendo todo lo que esté en nosotros para que el dolor pare.
Tras el comunicado del Ministerio para el Servicio Penitenciario donde anuncian la muerte bajo custodia en condición de desaparición, de Víctor Quero Navas, desde #CaleidoscopuoHumano expresamos nuestras condolencias a la señora Carmen Navas y nos unimos en la exigencia de… pic.twitter.com/A3ejYGXyTg
— Caleidoscopio Humano (@CaleidoHumano) May 7, 2026
Un día de la Madre reviviendo el dolor
Un eco vacío en las cercanías de cárceles como El Rodeo I o El Helicoide, la figura materna mutó a lo que vive la señora Carmen Navas y las que hacen vigilias en la intemperie. Son ellas, la resistencia verdadera. La resistencia que se libra entre la humillación y la esperanza de volver a ver a sus seres queridos con vida y no pasar por el mismo dolor que hoy tiene rostro de una mujer de 83 años.
La reedición de la tragedia que tiene rostro de mujer
Al igual que las Madres de Plaza de Mayo en Argentina, las madres venezolanas enfrentan un aparato que niega la existencia del cuerpo, que borra el rastro y que intenta cansar la memoria a través del olvido. Si en la dictadura argentina el silencio era la norma, en Venezuela la herramienta es la desinformación deliberada. Decirle a una madre que su hijo está en una celda (como lo hizo la Defensoría del Pueblo el 24 de octubre de 2025) cuando ya ha sido enterrado (según el comunicado del Ministerio de Penitenciaría) es una tortura psicológica prolongada.
Carmen Teresa Navas finalmente llegó a una tumba improvisada para encontrar a su hijo. Pero su historia no termina en el cementerio; se multiplica en cada madre que hoy, afuera de una prisión venezolana, espera noticias.
Este domingo, la mayor violación de derechos humanos no es solo la amenaza de seguir viviendo así, con tanto horror y dolor, sin respuestas. Es el intento de quebrarnos una y otra vez.
Carmen Navas es hoy un emblema, como lo es Rosa Orozco, Elvira Pernalete, Janeth Farías y todas las que somos madres, esposas, hermanas que exigimos memoria, verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición.




