Los agricultores deben lidiar con el alto precio de los insumos agrícolas y el pago a cuenta gotas de sus rubros. Denuncian que reciben el pago de sus productos a tasa oficial, pero cuando van a comprar los fertilizantes, han aumentado hasta un 50 %
Emmanuel Rivas/Caleidoscopio Humano
(05-04-2025) Mérida es una entidad agrícola por excelencia. Sus tierras fértiles abastecen los mercados del país de productos como papa, zanahoria, ajo, calabacín, lechuga, brócoli, coliflor, entre muchos otros rubros alimenticios.
A pesar de esto, los productores agrícolas desde hace años atraviesan una profunda crisis que, incluso, los ha llevado a perder -en muchas oportunidades- sus cosechas.
Uno de los obstáculos más difíciles de manejar es la crisis económica y la inestabilidad del dólar que, en las últimas semanas, llegó a sobrepasar los 100 bolívares en el mercado paralelo. En marzo, la brecha entre el dólar oficial y el paralelo rozó el 50 %. Los productores agrícolas resultaron ser uno de los sectores más perjudicados.

«Está muy fuerte comprar los agroquímicos. El precio es muy alto, y no se compensa con lo que recibimos producto de nuestras cosechas», asegura José Gil, un agricultor de la zona del páramo; que asegura que están recibiendo el pago por sus productos a la tasa que estipula el Banco Central de Venezuela (BCV), pero que a la hora de reinvertir en semillas o en fertilizantes, les cobran a la tasa del dólar paralelo. Esto reduce drásticamente sus márgenes de rentabilidad.
«Si, por ejemplo, me pagan mi cosecha de ajo en 1000 dólares, lo hacen por transferencia a BCV (70,25 Bs- Tasa del 03-04-2025). Cuando yo voy a comprar dólares, me los venden a paralelo (99,47 Bs); ya por ahí estoy perdiendo casi 300 dólares; pero si voy a comprar insumos, los que la semana pasada costaban 25 dólares a BCV, hoy cuestan 50. Disfrazaron el paralelo aumentando los precios de un momento a otro», denunció el productor agrícola.
Esta situación no es un caso aislado. Carlos Rojas, otro productor agrícola merideño, ha visto como el fruto de su trabajo se desvanece conforme aumenta el valor del dólar y la inflación.
«Nosotros [los productores] deberíamos tener la posibilidad de acceder a dólares del Banco Central. Si te pones a ver, somos quizás el sector más importante (…) Estamos entregando alimentos, abasteciendo los mercados, llenando las neveras de millones de venezolanos. No es posible que quienes producimos la comida estemos en una situación tan lamentable (…) Yo, en este momento, me estoy debatiendo entre seguir trabajando o dejar que las cosechas se pierdan. Es que no vale la pena trabajar tanto para ganar tan poco», dijo.
Agregó que cada vez que hay cosecha, el precio de los productos baja, pero aumenta todo lo demás.

Menos terrenos sembrados
En enero pasado, la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos y Afines (SVIAA) alertó sobre la disminución de la producción agrícola debido al alza constante del dólar, lo que traería como consecuencia la escasez de diversos alimentos.
«Los agricultores compran en dólares, pero reciben bolívares por sus cosechas, lo que genera pérdidas y afecta la producción», dijo en ese momento Elías López, presidente de la SVIAA. «Esta situación se ve agravada por la dependencia de insumos importados», agregó.
Otro dato alarmante de la producción agrícola venezolana lo entregó la Confederación Nacional de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro) en el año 2024. De acuerdo con la organización, la superficie destinada a la siembra en el país sufrió una alarmante reducción del 43 %.
Según sus estimaciones, las hectáreas sembradas pasaron de 2 millones en años anteriores a tan solo 1 millón 140 mil al cierre del 2024, en todos los rubros agropecuarios.
De acuerdo con Celso Fantinel, presidente de Fedeagro, la falta de financiamiento, los problemas en la comercialización y el difícil acceso al combustible son solo algunos de los factores críticos que afectan la actividad agrícola en Venezuela.
La producción agrícola en Mérida —como en toda Venezuela— ha atravesado profundos desafíos en los últimos años. Entre la crisis económica y la falta de acceso a insumos esenciales, el sector ha visto una disminución sostenida de la producción.
A pesar de que los agricultores han buscado alternativas como la diversificación de cultivos y la implementación de nuevas prácticas agroecológicas, Venezuela no les da tregua.