Archivos de Epstein: ¿cómo abordar desde el periodismo una “radiografía del poder” y del tráfico sexual en el mundo?

Fuente original: FUNDACIÓN GABO. –


Con más consecuencias mediáticas que judiciales hasta la fecha, las revelaciones de los archivos del pederasta Jeffrey Epstein requieren un abordaje profundo y ético tanto por las mujeres víctimas de abuso sexual como por el millar de documentos divulgados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. Periodistas y expertas ofrecen reflexiones y recomendaciones para su cubrimiento.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos publicó el pasado 30 de enero un lote de tres millones y medio de documentos, que incluyen 180.000 imágenes y 2.000 videos correspondientes a los archivos del pederasta y traficante de menores Jeffrey Epstein. Al escribir un nombre o palabra clave en el buscador del portal, se despliegan las respectivas entradas de correos o documentos, muchos de ellos con información censurada sobre pederastas y registros de víctimas menores de edad. Aunque aparecer allí no implica responsabilidad en los crímenes, la mención de figuras poderosas conocidas a nivel mundial ha intensificado el interés del caso. La revelación del archivo –que hasta hace poco era solo “la lista Epstein”– ha generado una avalancha de información con resonancias internacionales, en especial en Europa, donde este 19 de febrero fue detenido durante unas horas el ex príncipe Andrew, acusado de violación por Virginia Guiffre, la denunciante principal de los crímenes de Epstein. A la par se han producido despidos y renuncias de cargos de figuras públicas e iniciado investigaciones judiciales en diferentes países.

Sobre América Latina se han expuesto materiales que vinculan al pederasta con un contratista del régimen chavista y con redes brasileñas de captación de menores con fines de explotación sexual. El expresidente colombiano Andrés Pastrana aparece vinculado por su amistad con Ghislaine Maxwell, la delincuente sexual, reclutadora y pareja de Epstein, y la única condenada (y con vida) a raíz de este caso hasta la fecha. Después de denuncias en 1996 y 2005, Epstein fue arrestado en 2008 y puesto en libertad tras trece meses en los que tenía permiso para salir casi todos los días de prisión, y volvió a ser arrestado en 2019 por controlar una red de tráfico de menores. Apareció muerto en una celda de Nueva York en agosto de ese mismo año. 

El caudal de información, mezclado con el interés público que suscita, han convertido este archivo en un motivo central en espacios periodísticos o redes sociales, en los que se sigue propagando desinformación, teorías falsas o distorsiones a partir de lo sacado a la luz. Día tras día crece la onda expansiva de este archivo, pero las décadas de impunidad y las dilaciones de la administración Trump para hacerlo público hacen temer que se perpetúe aún con el millar de datos expuestos y los testimonios conocidos de las víctimas. 

¿Cómo analizan las periodistas o expertas el cubrimiento de este caso cuyas consecuencias hasta el momento han sido más mediáticas que judiciales? ¿Qué podemos hacer para abordarlo de forma seria, sin eludir los matices ni caer en el sensacionalismo o el irrespeto a las víctimas? 

Un cubrimiento desigual, marcado por el clickbait y el silenciamiento

“La cobertura periodística sobre el caso Epstein ha sido dinámica, pero también desigual”, dice Roberta Braga, fundadora y directora ejecutiva del Instituto Democracia Digital de las Américas (DDIA, por sus siglas en inglés). Por un lado, ha habido “investigaciones sólidas que revelaron redes de poder y fallas institucionales y complicidades. Por otro lado, también ha habido exceso de especulación, amplificación de teorías conspirativas, y cobertura centrada en las figuras poderosas más que en las víctimas”, agrega Braga. “La realidad es que el caso Epstein contiene todos los ingredientes que alimentan la viralidad en redes sociales: conmoción, indignación y horror moral”. 

“Los medios están muy interesados en hacer clickbait”, dice por su parte Cristina Tardáguila, periodista y consultora de investigaciones. Tardáguila observa que “hay una dificultad enorme de separar un hecho real de lo que solo es desinformación o noticias falsas”. 

La abogada y profesora Ana Bejarano, codirectora de El Veinte, dedicó una de sus columnas en Los Danieles a hablar de los vínculos de Pastrana con Epstein y Maxwell referidos en los documentos. “Se trata de la podredumbre habilitada por los hombres más poderosos del mundo”, sostiene en el texto. En entrevista, Bejarano añade que “en Colombia ha sido vergonzoso como los grandes medios se han ocupado de silenciar la mención del expresidente Andrés Pastrana en esos archivos”, pero valora que “solo los medios independientes lo han cubierto” y así se han ganado “el respeto de las audiencias”. 

Romper el pacto patriarcal

Movimientos mundiales como el #MeToo han puesto el foco en numerosas denuncias de violencia misógina, varias de ellas documentadas y publicadas inicialmente en trabajos periodísticos. De hecho, una periodista del Miami Herald, Julie K. Brown, es conocida como la reportera que hizo llevar a juicio a Epstein en 2018 gracias a sus investigaciones. Sin embargo, a veces los casos de violencia sexual y misógina parecen quedar relegados de la atención pública hasta que estalla un nuevo escándalo. ¿Hace falta que el periodismo se ocupe más de estos casos?  

Bejarano afirma que “cada vez hay más periodismo que sí se ocupa de este tema, lo que pasa es que es silenciado, perseguido y marginado de la discusión pública”. Esta situación “es una manifestación de la censura de género, porque es como si fuesen noticias de segunda categoría o chismes, pero afortunadamente eso está cambiando”, dice.

“La violencia sexual y la explotación de menores no son hechos aislados”, afirma Braga. “El caso Epstein evidenció fallas muy serias estructurales en sistemas judiciales, no solo de los Estados Unidos. Se ve que hay claramente redes de protección a hombres poderosos, lo que crea dificultades para que las víctimas accedan a la justicia”. 

Según Tardáguila, “es importante que haya un periodismo que esté alineado con el interés de las víctimas” y “la disposición de las víctimas de contar las historias”. Por eso, estas deben contarse desde diferentes enfoques, “respetando los límites y el interés de todas las partes”

Bejarano dice que “la violencia machista es la epidemia más sostenida de la humanidad” y que “solo la discusión constante sobre este tema permitirá erradicarla”. Agrega que “es necesario que los grandes medios también rompan ese pacto patriarcal”. “Solo la exigencia constante de la audiencia puede invitarlo a romperlo”.

“El periodismo no debe simplemente reaccionar ante escándalos”, agrega Braga, “sino mantener una cobertura constante sobre trata, explotación sexual y abuso de poder, con enfoque estructural y no episódico”. Como ejemplo, recuerda que en Brasil recientemente los periodistas han cubierto “sistemáticamente temas de violencia doméstica contra mujeres y el feminicidio”. 

Herramientas y claves para explicar el caso

La constante difusión de detalles (relevantes e irrelevantes) de los archivos de Epstein, así como sus revelaciones a cuenta gota, puede dar la impresión de que hay numerosos espacios de periodismo y usuarios en redes sociales hablando ‘de lo mismo’. “Hay muchísima información circulando en redes, incluso muchísimas teorías de conspiración, y mucha gente simplemente no se siente 100 % cómoda en diferenciar lo que es o no real”, dice Braga. Por eso “es importante explicar avances concretos en lugar de repetir revelaciones marginales, y siempre ofrecer análisis que agregan contexto sobre lo que está pasando”. 

Para este caso, la directora del DDIA recomienda “establecer momentos de síntesis especiales o reportajes que expliquen la información acumulada, incluso lo que está o no disponible […] No se trata de hablar todos los días, y no se trata de agregar más y más información, sino de hablar de un modo significativo que ayude a bajar la incertidumbre de la gente”.

“Son tres millones de documentos, y los que faltan”, recalca Bejarano. “Creo que aún hay muchos ángulos que no se han explorado. La revelación de los archivos de Epstein no solo demuestra cómo funcionaba una de las más grandes redes de explotación sexual de menores, sino cómo se comportan las élites del planeta en torno a este tema. Es una radiografía del poder y sus excesos y eso da para [hacer] periodismo por muchos años”. 

Tardáguila aconseja “tener bastante cuidado” con las herramientas de inteligencia artificial. Pero dice que “hay unas bien construidas y bien desarrolladas” que pueden ayudar a esclarecer el caso. Recomienda dos de uso gratuito:

  • Sourcebase.ai. Reúne los documentos revelados por el Departamento de Estado y los pone de manera organizada en la web. 
  • Jmail.world. Permite navegar en los correos electrónicos de Jeffrey Epstein exactamente como si fuera una cuenta de Gmail. 

El periodismo debe ser un espacio seguro para las víctimas

El pasado 2 de febrero el New York Times reveló que el Departamento de Justicia publicó casi 40 imágenes de víctimas desnudas sin censurar del caso Epstein, algunas tomadas cuando eran menores de edad. Al mismo tiempo, censuró el nombre o identidad de ciertos implicados en los archivos. Bejarano dice que ha leído en algunos medios “la identidad de las víctimas en piezas que el Departamento de Justicia liberó de manera inadecuada”, y que solo ha visto una entrevista a una víctima en la prensa colombiana. Las víctimas “cada vez tienen más interés y fuerza para hablar en público, concederles espacios seguros para hacerlo es muy importante”. También dice que “los medios también tienen el deber y derecho de revisar ese material y presentarlo de manera correcta”; y recomienda el libro testimonial de Virginia Giuffre, Nobody’s Girl, publicado después de su muerte en 2025: “Es un material de lectura impresionante y necesario para entender la psicología de las niñas (hoy mujeres) que fueron víctimas de Epstein y su red de explotadores por tanto tiempo”. 

“El enfoque en relación con las víctimas debe ser ético, cuidadoso y centrado en los derechos humanos”, dice Braga. “Los periodistas deben evitar reproducir imágenes explícitas, especialmente si involucran menores […] Se debe también proteger las identidades cuando corresponda, y siempre cuando sea posible priorizar la dignidad y agencia de las víctimas. La publicación sin censura de imágenes de menores desnudas es profundamente problemática y exige un cuestionamiento serio sobre criterios institucionales y protección de víctimas”.

¿Cómo evitar el sensacionalismo al hablar de las víctimas?

  • Consultar con las víctimas. “Es importante entender que estos temas que requieren algo de explicitud sexual requieren de un tratamiento serio y respetuoso, que no censure los temas, pero tampoco sume elementos que no son necesarios o no aportan nada”, dice Bejarano. Las respuestas, agrega, suelen encontrarse al consultar con las víctimas sobre cómo hablar de estos temas, de sus agresores y de sus experiencias. 
  • Cumplir con los principios del periodismo. “Una nota periodística que trata este tema puede ser chocante y explícita sin ser sensacionalista, y eso pasa por cumplir con los principios del oficio periodístico. Investigar y divulgar temas sobre violencias basadas en género es como hacerlo frente a cualquier otro fenómeno social trascendente y por eso, aunque hasta ahora se esté rompiendo el silencio, no estamos inventando nada nuevo”, menciona Bejarano.
  • Sensibilidad ante el dolor. “Narrar abusos exige firmeza frente a la impunidad y al mismo tiempo mucha sensibilidad frente al dolor”, dice Braga. “Específicamente, es importante centrar la historia en los hechos y en las víctimas; evitar lenguaje espectacular o exagerado; no convertir el sufrimiento en entretenimiento; y explicar el impacto estructural más allá del escándalo”.
  • Dejar claro quiénes son los responsables. “Durante todo el periodo de investigaciones, es importante también ser activo en poner la culpa en los responsables, y no en las víctimas, y narrar claramente lo que sabemos y lo que no sabemos sobre los malos actores, para evitar que la gente haga especulaciones sobre las víctimas”, agrega Braga.

Alerta por el acoso judicial contra la prensa 

A pesar de los despidos, renuncias o el revuelo mundial por el caso, no se han dado las debidas explicaciones por parte de los poderosos relacionados con los archivos. Uno de los principales, Donald Trump, elude hablar del asunto. El reciente anuncio de que el gobierno estadounidense desclasificará la información secreta sobre archivos extraterrestres parece otro intento por distraer la atención. 

Bejarano dice que “todas las personas que aparezcan en un nivel de cercanía con Epstein y sus cómplices, como el que se reveló sobre Andrés Pastrana, deben dar explicaciones y más aún si quieren ser voces públicas que hablan sobre lo que está bien o está mal”. Además, “el silencio de los grandes medios frente a Pastrana y Epstein es la demostración de la vigencia y fuerza del pacto patriarcal y de clase sobre el que se estructura la censura de género. Pero en esta ocasión, ante la magnitud y claridad de la información se les ven mucho las costuras”.

Braga recuerda que “ser mencionado en documentos no equivale automáticamente a culpabilidad, pero el rol del periodismo en este caso necesita incluir la demanda de explicaciones, con base siempre en verificaciones del contexto de cada mención, y diferenciando entre acusaciones formales, testimonios, o simples referencias”. 

Un riesgo latente son los intentos de silenciar o demandar investigaciones periodísticas. “El uso de las vías judiciales para silenciar periodistas y abusar del sistema de justicia debe detenerse”, dice Bejarano. “En todo caso, la mejor defensa en contra del acoso judicial contra la prensa es hacer buen periodismo, con los mismos estándares que rigen al oficio desde hace milenios. El problema no es defenderse ante los estrados sino no tener razones para hacerlo”.  

“La administración Trump en varios casos ha intentado silenciar o intimidar a periodistas”, dice Braga. “Si hay intentos de silenciar mediante demandas por calumnia, se debe siempre documentar rigurosamente cada afirmación y basarse en evidencia verificable. Mantener transparencia metodológica puede ser una de las mejores defensas ante presiones oficiales”, concluye.

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