“Bueno, ahora mismo estamos un poco nerviosos, se podría decir, sobre todo por la reciente captura de Maduro. Mucha gente está deseando volver porque ve un futuro más prometedor en el país. Se respira un ambiente más esperanzador, se podría decir, con más expectativas debido a lo que está sucediendo, pero los cambios no ocurren de la noche a la mañana, ¿verdad?”, expresó Jesús Celis, que reside en Perú desde 2018. Señaló que su futuro está en el lugar donde ha logrado establecerse profesional y personalmente
Fuente original: EL NACIONAL. –
La posibilidad de regresar a Venezuela vuelve a estar presente en las conversaciones de miles de migrantes tras los recientes acontecimientos políticos en el país. Sin embargo, para muchos de ellos la decisión está lejos de ser sencilla. Después de años reconstruyendo sus vidas en el extranjero, regresar significaría enfrentar nuevamente la incertidumbre.
Ese es el caso de Jesús Celis, venezolano de 31 años de edad que reside en Perú desde 2018 y que, pese a seguir atento a lo que ocurre en su país natal, considera que su futuro está donde ha logrado establecerse profesional y personalmente, reseñó The Mirror.
“Bueno, ahora mismo estamos un poco nerviosos, se podría decir, sobre todo por la reciente captura de Maduro. Mucha gente está deseando volver porque ve un futuro más prometedor en el país. Se respira un ambiente más esperanzador, se podría decir, con más expectativas debido a lo que está sucediendo, pero los cambios no ocurren de la noche a la mañana, ¿verdad?”, dijo Celis.
La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero abrió un nuevo escenario político para Venezuela y despertó expectativas entre parte de la diáspora. Sin embargo, la ausencia de certezas sobre la estabilidad institucional y económica mantiene divididas las opiniones entre quienes emigraron durante la última década.
De vendedor ambulante a intérprete
Celis forma parte de los más de 7,9 millones de venezolanos que abandonaron el país desde 2014, cifra que ha convertido el desplazamiento venezolano en uno de los mayores movimientos migratorios contemporáneos. América Latina concentra a la mayoría de esta población, con Perú entre los principales países receptores.
Cuando el venezolano llegó a Lima tenía poco más de 20 años de edad y ninguna garantía de éxito. Como muchos migrantes, debió aceptar cualquier actividad que le permitiera cubrir sus necesidades básicas mientras buscaba oportunidades más estables.
“Lo más difícil de empezar de cero fue acostumbrarme a dejar atrás todo lo que conocía”, dijo Celis. “Todo lo que había hecho en Venezuela, y estar dispuesto a hacer cualquier cosa para salir adelante aquí, en otro país, en otra ciudad, en otra cultura”.
Los primeros ingresos llegaron gracias al comercio informal. Durante semanas recorrió calles y avenidas vendiendo productos para sobrevivir.
“Llegué aquí vendiendo cosas en la calle: caramelos, dulces, limonada y café”, explicó Celis. “Hice eso durante unos dos meses hasta que conseguí un trabajo”.
Lo que parecía una experiencia temporal terminó convirtiéndose en el punto de partida de una nueva trayectoria profesional. A través de grupos de venezolanos en Facebook encontró una vacante en una empresa estadounidense que requería personal bilingüe. Su dominio del inglés, aprendido desde niño mientras jugaba videojuegos, resultó determinante.
Tras ser seleccionado para el puesto, comenzó a trabajar como intérprete médico, actividad que desempeña hasta la actualidad. Con el paso de los años también ha participado en proyectos vinculados a una agencia creativa desarrollada junto con amigos, ampliando así sus oportunidades laborales.
Regresar a Venezuela o seguir adelante
La estabilidad alcanzada contrasta con las dificultades de sus primeros meses en Perú. Sin embargo, la distancia con Venezuela sigue teniendo un costo emocional que se manifiesta cada vez que piensa en los familiares que permanecen en su país de origen.
“Extraño a mi familia. A mi mamá, a mi hermano, a mi abuela”, dijo.
La mayoría de sus seres queridos decidieron quedarse en Venezuela. En algunos casos, porque ya habían consolidado sus vidas; en otros, porque sus profesiones están estrechamente vinculadas al contexto local.
“Mi madre y mi abuela son personas mayores y ya tienen su vida establecida allí”, dijo Celis. “Mi hermano también ya tiene su carrera. Es médico en Venezuela. Es una profesión que no se trasladaría fácilmente. Así que es mejor para él quedarse, a pesar de la situación”.
Aunque observa con interés los acontecimientos políticos recientes, Celis considera que un eventual retorno implicaría enfrentar nuevamente los desafíos que vivió al emigrar hace casi ocho años.
“Personalmente, creo que no volvería porque sería como empezar de cero otra vez, aunque sea mi propio país”, indicó.
Su reflexión resume un dilema común en la diáspora venezolana: el deseo de volver a casa frente a la realidad de una vida ya construida en otro lugar.
La historia de Celis: crecimiento personal y profesional en Perú
Pese a las dificultades que han marcado el fenómeno migratorio en Perú, incluidos episodios de tensión social y cambios en las políticas de ingreso, Celis asegura sentirse agradecido por las oportunidades que encontró en el país andino. Allí desarrolló una carrera, estableció vínculos personales y encontró un espacio donde proyectar su futuro.
“Siento que, tanto a nivel personal como profesional, ya lo he hecho todo aquí en Perú, así que si quiero progresar, creo que tengo un futuro mejor aquí en este país que en el mío”, expresó.
A casi ocho años de haber salido de Venezuela, la historia de Celis refleja cómo la migración transforma proyectos de vida. Aunque conserva sus raíces venezolanas y mantiene intacto el vínculo con su familia, hoy su presente y sus aspiraciones están ligados al país que le abrió las puertas cuando tuvo que comenzar desde cero.




