Fuente original: CORREO DEL CARONI. –
Según el OVP, la falta de electricidad no solo representa una incomodidad, sino que tiene un impacto directo en la salud mental de los detenidos, pues quedan en una penumbra que “dispara los niveles de ansiedad y desesperación”.
Los prolongados racionamientos eléctricos registrados en los estados Aragua, Carabobo y Lara durante los últimos dos meses han agravado las condiciones de reclusión en los calabozos policiales, donde organizaciones de derechos humanos advierten un deterioro crítico que afecta a los privados de libertad.
De acuerdo con denuncias recopiladas por el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), los cortes de energía, que se extienden entre cuatro y ocho horas diarias, en algunos casos dos veces al día, han intensificado el calor y han hecho más evidente la nula circulación de aire y la oscuridad en los espacios penitenciarios ya marcados por el hacinamiento.
En una nota compartida en la página web de la organización se destacó que con esto las condiciones sanitarias se ven comprometidas, pues el acceso limitado al agua potable, combinado con el calor y la falta de ventilación, favorece la propagación de enfermedades cutáneas y respiratorias.
“Desde el OVP denunciamos que la combinación de falta de luz, sin ventilación y hacinamiento crítico convierte a los calabozos de la región central y occidental en caldos de cultivos para la propagación de enfermedades y donde día a día se vulneran sistemáticamente los derechos humanos de los reclusos y observamos con preocupación que no existe voluntad por parte del régimen de corregir esta situación”, reza la publicación.
Según la oenegé, la falta de electricidad no solo representa una incomodidad, sino que tiene un impacto directo en la salud mental de los detenidos, pues en los períodos sin luz, los internos quedan en una penumbra que, a su juicio, “dispara los niveles de ansiedad y desesperación”.
“El impacto psicológico de la oscuridad total es otro agravante (…) al no haber luz, la vigilancia se complica y las tensiones internas aumentan, incrementando el riesgo de riñas en espacios donde los detenidos deben dormir de pie, sentados o guindando de los barrotes en unas especies de hamacas que suelen realizar con sábanas”.
En espacios reducidos y sin ventilación, las altas temperaturas aumentan rápidamente y hasta las “paredes de los calabozos sudan”. Sin acceso a áreas al aire libre, la única fuente de oxígeno es una puerta abierta, de acuerdo con testimonios de los mismos internos, es insuficiente para grupos tan numerosos.
En centros de detención preventiva, diseñados para estancias de hasta 48 horas, permanecen personas durante meses e incluso años, generando una sobrepoblación constante, en celdas con capacidad para 10 personas en las que al final terminan entre 30 y 50 apresados. Mientras, algunas sedes superan los 300 o 400 reclusos.




