La esperanza sostiene a las familias de presos políticos que aún acampan frente a El Rodeo I

Fuente original: CRÓNICA UNO. –


Al menos 35 familias resisten desde el 8 de enero a las afueras del penal Rodeo I, donde se mantiene el último campamento a las afueras de un centro de reclusión para exigir la liberación de presos políticos en Venezuela.

Caracas. “Ya yo no quiero estar aquí”, repite con hastío Marilú Novoa, una mujer cuyas canas, voz cansada, ojeras pronunciadas, lentitud al caminar y complicaciones hasta para sentarse dejan ver las secuelas de 75 días de vivir a la intemperie, a las afueras de la cárcel de El Rodeo I.

Espera la liberación de su hijo, uno de los más de 300 presos políticos que los familiares aseguran siguen detenidos en ese penal. 

Marilú y los 35 familiares que resisten en el campamento, instalado afuera del centro penitenciario, ubicado en una barriada de Guatire, estado Miranda, se niegan a levantar sus carpas y colchones hasta excarcelen a todos los que faltan. 

Este es el último campamento de familiares de presos políticos que sigue en pie desde el 8 de enero pasado, cuando el Gobierno, a través del presidente del Poder Legislativo, Jorge Rodríguez, hizo la promesa de liberar a detenidos por razones políticas. 

Desde entonces Marilú duerme en el piso, o en un colchón bajo el techo de una bodega a las afueras del penal. Aunque vive en Caracas, se niega a volver a su casa hasta que le entreguen a su hijo, Jhofre Ibrahim Vargas Novoa, un empleado del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) detenido hace 15 meses y a quien acusan de, presuntamente, liderar un atentado contra un alto funcionario del Estado.

Foto: Crónica Uno

“Afuera todo sigue”

La madre pasa sus días en “la playa”, como llaman los familiares al terreno baldío a las afueras de El Rodeo donde se instaló el campamento. Aunque allí parece que se detuvo el tiempo desde principios de enero, más allá la vida continúa. 

Los primeros días no se movía de allí, pero con el tiempo se vio obligada a organizarse para volver algunos días a su casa “a regar las matas y darle comida a los animalitos”. La detención de su hijo también ocasionó la muerte a su esposo, y padre de Jhofre, quien sufrió un accidente cerebrovascular (ACV) hemorrágico al poco tiempo del arresto. 

“Mi hijo está preso y mi esposo está muerto, todo a raíz de esta situación y yo estoy cansada, me quiero ir a mi casa. Pero tengo que seguir aquí, por él”, dice Marilú cuando se le pregunta cómo se siente. 

Hiowanka Ávila, hermana del preso político Henryberth Rivas, vinculado a un presunto intento de magnicidio, es una de las líderes de este campamento donde convergen hombres y mujeres de todas partes del país y estrato social. Todos esperan lo mismo: la justicia para sus detenidos. 

Foto: Crónica Uno

“Han sido días desafiantes, de logros y, sobre todo, de resistencia. Hemos superado dormir en el piso, lluvia, calor, también el cansancio físico y mental. Hubo familiares que tuvieron que ser asistidos por médicos debido a cuadros de diarrea. Hemos tenido que recurrir a camiones cisternas por la falta de agua en el sector. Cuando ha llovido con intensidad se han mojado los colchones”, son algunas de las cosas que cuenta Ávila con respecto al periplo del grupo. 

Menos atención, igual necesidad

También se han tenido que enfrentar al silencio. Aunque al principio eran aproximadamente 120 personas todo el día allí y los medios de comunicación tenían el foco puesto en estas historias, actualmente las visitas de periodistas son ocasionales y, asegura, que muchos familiares se retiraron por las complicadas condiciones o porque liberaron a sus seres queridos. 

Recuerda con dolor los días en los que algún familiar se ha enfermado o cuando alguien siente que pierde las esperanzas. Aunque destaca la solidaridad de todos en el sitio, deja ver que la tristeza es la constante para todos los que siguen esperando con desespero más excarcelaciones. 

Foto: Crónica Uno

Aunque refiere que el desespero es insospechado cuando desde la cárcel los propios presos políticos gritan por ayuda, y ellos pueden escucharlos desde sus carpas, también han tenido logros por su sacrificio

“Lo bueno es que desde que instalamos el campamento las mujeres y hombres que estaban desaparecidos, comenzaron a recibir visitas, hubo liberaciones y se sintió presión mediática. Gracias a eso el trato hacia nuestros familiares detenidos mejoró un poco”.

Mientras pasan los días, los excarcelados visitan algunas tardes a las familias que aún resisten y a quienes tienen a sus esposos, hijos y padres en casa, pero no abandonan la causa de los presos políticos. 

Foto: Crónica Uno

El Comité por la Liberación de los Presos Políticos de Venezuela (Clippve) también sostiene el esfuerzo con acompañamiento a estas personas, hacen colectas para llevarles comida, artículos de aseo personal, agua potable y hasta cursos impartidos por organizaciones aliadas que les enseñan de autocuidados, seguridad digital y protección para ayudarlos a documentar lo que viven. 

De acuerdo con el Foro Penal, hasta el 24 de marzo, se documentan 503 presos políticos, de los cuales 188 son militares, 51 mujeres y un adolescente. 

Esta organización ha verificado la excarcelación de al menos 670 presos políticos en Venezuela desde el 8 de enero de 2026. as Las liberaciones ocurren en el marco de procesos judiciales y, en ocasiones, medidas cautelares, aunque muchas personas detenidas por motivos políticos permanecen aún en prisión.

¡Suscríbete a nuestro boletín!

Noticias relacionadas