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Ansiedad, miedo y silencio: el costo de la violencia contra las mujeres en la era de la IA

La IA está facilitando nuevas formas de violencia digital contra las mujeres y acelerando su difusión. Un informe de ONU Mujeres advierte que sus efectos pueden extenderse a la salud mental y volverse más invasivos y difíciles de contener

WIRED

(03-10-2026) Una fotografía publicada en redes sociales ya no tiene que ser íntima para convertirse en contenido utilizado para ejercer violencia digital. Herramientas de inteligencia artificial (IA) generativa pueden manipular una imagen común para crear desnudos falsos, contenido sexualizado o incluso videos que simulan agresiones sexuales. La tecnología está ampliando cada vez más las formas en que puede ejercerse la violencia y facilitando que ese contenido se produzca y circule con mayor rapidez.

Esta es una de las conclusiones de Punto de inflexión: impactos, manifestaciones y vías de reparación de la violencia en línea en la era de la inteligencia artificial, un informe publicado por ONU Mujeres. El documento analiza las respuestas de 641 mujeres de 119 países, principalmente periodistas, defensoras de derechos humanos, activistas, escritoras y comunicadoras públicas.

Una de cada cuatro participantes había experimentado alguna forma de abuso asistido por IA. Entre las manifestaciones documentadas aparecen la creación de deepfakes, la difusión no consentida de imágenes y las aplicaciones capaces de “desnudar” digitalmente a una persona. ONU Mujeres advierte, además, que algunas de estas herramientas se integran cada vez con mayor facilidad a las plataformas utilizadas para distribuir después el contenido.

La escala que puede alcanzar una sola aplicación da una idea de la dimensión del problema. Un análisis del Center for Countering Digital Hate citado por ONU Mujeres encontró que, para enero de 2026, una herramienta ya había generado más de 3 millones de imágenes manipuladas mediante “desnudificación”. El estudio documentó que en uno de sus picos de actividad llegó a producir alrededor de 6,700 imágenes por hora.

Pero el impacto de esta violencia no se mide únicamente por la cantidad de imágenes que pueden producirse o circular. El estudio se detiene también en lo que ocurre después: en el miedo, el desgaste emocional y las decisiones que algunas mujeres toman para intentar evitar nuevos ataques.

Cuando la violencia continúa fuera de la pantalla

El 24% de las mujeres que participaron en la encuesta dijo haber recibido un diagnóstico o tratamiento por ansiedad o depresión relacionado con sus experiencias de violencia en línea. Otro 13% reportó haber sido diagnosticada o tratada por trastorno de estrés postraumático (TEPT).

El impacto fue mayor entre escritoras y otras comunicadoras públicas: el 39% reportó ansiedad o depresión y el 22% TEPT. Entre periodistas y defensoras de derechos humanos, alrededor de una cuarta parte señaló ansiedad o depresión asociada con estas experiencias.

Los porcentajes corresponden al conjunto de experiencias de violencia en línea analizadas por el estudio, no únicamente a ataques producidos con IA. Aun así, muestran que el daño puede continuar mucho después del mensaje, la amenaza o la imagen que lo detonó. Para las participantes, las consecuencias alcanzan su salud mental y su sensación de seguridad.

El propio estudio señala que la violencia digital puede combinar distintas agresiones y, en algunos casos, trasladarse fuera de internet. Investigaciones han documentado que campañas de hostigamiento en línea pueden derivar en acoso, abusos o ataques en la vida cotidiana.

Una de las consecuencias más visibles de ese desgaste es la autocensura. El 41% de las encuestadas dijo que la violencia en línea las había llevado a limitar lo que expresan en redes sociales, mientras que 19% afirmó hacerlo también en su trabajo. Entre escritoras y otras comunicadoras públicas, la mitad reportó autocensurarse en redes.

Entre las periodistas, el cambio es todavía más claro cuando se compara con una encuesta anterior. En 2020, el 30% dijo autocensurarse como respuesta a la violencia digital, pero para 2025 la proporción había aumentado al 45%.

La autocensura puede comenzar con decisiones aparentemente pequeñas, como evitar una opinión o reducir la exposición en redes, pero sus efectos pueden extenderse al trabajo. Una periodista y organizadora comunitaria que participó en la encuesta contó que terminó renunciando después de no poder soportar la presión constante y que tuvo que concentrarse en recuperar su bienestar mental. Alejarse de su empleo también le generó dificultades económicas.

En ese sentido, el costo emocional de la violencia digital puede convertirse en un costo profesional. Para mujeres cuya actividad depende de informar, escribir, defender derechos o participar públicamente, evitar determinados temas o disminuir su visibilidad puede significar perder espacios.

Denunciar tampoco garantiza reparación

Buscar ayuda muchas veces tampoco pone fin al desgaste. Una cuarta parte de las mujeres encuestadas dijo haber denunciado algún episodio ante la policía, pero solo 10% de quienes lo hicieron afirmó que se presentaron cargos contra sus agresores.

Entre quienes acudieron a las autoridades, el 27% reportó resistencia o negativa para investigar sus casos y 24% consideró haber recibido un trato que las culpabilizaba. Otro 24% dijo que se les hizo sentir responsables de evitar nuevas agresiones, ya fuera abandonando las redes sociales, dejando de hablar sobre temas controvertidos, asumiendo funciones menos visibles o alejándose temporalmente de sus carreras.

La respuesta plantea esta contradicción: frente a una violencia que puede terminar silenciando a las mujeres, algunas de las medidas que reciben para protegerse pasan por reducir su presencia pública.

ONU Mujeres señala que la respuesta debe incluir apoyo psicológico para las víctimas, autoridades capaces de investigar este tipo de agresiones digitales y reglas que obliguen a las empresas tecnológicas a actuar frente a ellas.

Mientras producir y distribuir contenido manipulado requiere cada vez menos tiempo, el informe deja entrever que investigarlo, retirarlo y obtener una respuesta eficiente de las autoridades sigue siendo un proceso mucho más lento e incierto.

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