Nicaragua: «Estoy amenazado de prisión por ser un escritor que es todo lo contrario a la mediocridad del régimen»

Fuente: BBC

«Todos los cargos son risibles». Así reacciona el escritor nicaragüense Sergio Ramírez ante la orden de detención que el gobierno de Daniel Ortega emitió en su contra.


(14-09-2021). El miércoles, la fiscalía de Nicaragua acusó a Ramírez de «lavado de dinero, bienes y activos; menoscabo a la integridad nacional, y provocación, proposición y conspiración».

La acusación contra Ramírez surge casi tres meses después de que la fiscalía lo citara para entrevistarlo sobre el supuesto caso de «lavado de dinero» contra la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, una ONG que brindaba apoyo técnico al periodismo y que era dirigida por Cristiana Chamorro, precandidata presidencial que hoy está arrestada.

En entrevista con BBC Mundo desde el exilio, Ramírez cuenta cómo recibió la noticia de la orden en su contra, y cómo es tener que volver a vivir fuera de su país, como le ocurrió durante el régimen de Anastasio Somoza.

Ramírez ganó el premio Alfaguara de Novela en 1998, el premio Iberoamericano de Letras «José Donoso» en 2011, y el Premio Cervantes 2017.

Fue mano derecha de Ortega, hoy lo califica de liderar una «dictadura» como la de Somoza.

«En Nicaragua se cerraron todas las puertas de la democracia«, dice el escritor.

Y aunque asegura que no planea volver a la política, Ramírez dice con firmeza que sí continuará levantando la voz.

¿Cómo estás en este momento?

Bueno, es un momento muy difícil. Tú sabes que todo desarraigo es complicado.

Cuando salí de Nicaragua en junio, creí que salía por el momento, mientras se aclaraban los nublados del día.

Ahora sé que no puedo regresar y entonces eso es algo que en términos mentales hay que saber asumirlo.

Yo ya he estado en el exilio mucho tiempo otra vez, también bajo una acusación similar, de la dictadura de Somoza, por delitos muy parecidos, pero había de por medio una lucha, que era una lucha armada y dependía del triunfo de esa lucha armada que todos los exiliados regresáramos.

Hoy no. Hoy es otro tipo de situación. En Nicaragua no hay lucha armada ni esperamos que la haya y por lo tanto el exilio se vuelve algo indefinido. Muy indefinido.

¿Ya sentías que algo como esto se venía para ti?

Bueno, sí. Hay dos cosas. A mí me llamó la fiscalía en junio, a finales de mayo, para testificar en el caso de lavado de dinero inventado en contra de la fundación Violeta Barrios de Chamorro, para impedir que Cristiana Chamorro fuera candidata presidencial. Ese era todo el motivo.

Y como la fundación Luisa Mercado [que Ramírez preside] recibió fondos de la fundación Violeta Barrios de Chamorro para montar seminarios de periodismo, que hicimos con la Fundación Gabo, pues yo fui a declarar sobre eso, pero yo sentí que una primera amarra se había roto.

Ya el hecho de que me llamaran a mí a comparecer como testigo de manera obligatoria iba cambiando la naturaleza de mi situación de seguridad en el país. Entonces salimos bajo esa aprensión de Nicaragua.

Pero las cosas se vinieron agudizando. Cristiana ya estaba con la casa por cárcel. Capturaron a Arturo Cruz, otro candidato presidencial, se elevó a 30 el número de dirigentes y candidatos políticos capturados, Carlos Fernando Chamorro [fundador del diario El Confidencial] tuvo que salir al exilio, tomaron el diario La Prensa militarmente, muchos otros periodistas se fueron al exilio, dirigentes políticos tuvieron que salir.

Entonces el clima se fue agudizando y yo fui sintiendo que tenía cada vez menos seguridades.

Pero realmente el gran detonante de esta situación es la publicación de mi novela «Tongolele no sabía bailar», que retrata los acontecimientos del 2018, la represión brutal de 2018, son hechos que están insertos en la novela y hace 10 días la novela llegó a las aduanas de Managua, por los pedidos que hicieron los distribuidores, las librerías y fue retenido, la novela está retenida.

Entonces fue otra señal de que las cosas se seguían agudizando.

Era la primera vez en mi vida que un libro mío era prohibido en Nicaragua. Bajo Somoza mis libros nunca fueron prohibidos. Empezamos a ver con la editorial cuál era la situación.

En esas estábamos cuando viene la orden de prisión. Entonces yo veo que las dos cosas están relacionadas. Es decir la represión es contra mí, como autor, como escritor. No como dirigente político que no soy.

Aquí se está reprimiendo la literatura, la libertad de expresión, la libertad de creación. Es la primera vez en muchos años que en América Latina se prohíbe una novela y se persigue a su autor, se persigue a un escritor.

Hace unos meses, la fiscalía citó a Ramírez como parte del supuesto caso de «lavado de dinero» contra la Fundación Violeta Barrios de Chamorro, dirigida por Cristiana Chamorro [en la imagen], precandidata presidencial arrestada.

¿Qué sentiste en el momento en que te enteraste de la orden?

Pensé en mi familia que todavía está en Nicaragua, en mi hermana, en mis hijos, la orden de allanamiento de mi casa, pensaba en mi casa que está allá con unos cuidadores, pensaba en mis libros.

Mi biblioteca está ahí, son más de 8.000 libros. Mi casa son los libros. En todo eso pensé. Pensé en unas botas militares entrando en mi casa, rompiendo puertas, porque entran con mucha violencia cada vez que hacen un allanamiento, manoseando mis libros, mis papeles de escritor.

Tú ya habías estado en el exilio. ¿En qué se parecen ambas situaciones y en qué se diferencian?

Como te decía, los últimos años de mi (primer) exilio fueron de una lucha que venía creciendo en contra de la dictadura de Somoza, la lucha armada acompañada del frente diplomático, político, yo tenía una relación muy constante con los presidentes de México, de Venezuela, Panamá y en la organización del nuevo gobierno, yo estaba metido dentro de la política.

Hoy es distinto, hoy estoy fuera de la política. Yo estoy exiliado con mi computador de escritor y yo soy escritor exiliado. Antes era un dirigente político de una revolución en el exilio mientras llegaba el momento de entrar a Nicaragua, como entramos, pero hoy en día yo no estoy en la cocina política.

Yo estoy en la creación literaria. Desde esa perspectiva es que yo veo el exilio. Pero además, entonces yo tenía 35 años. Ahora tengo casi 80. Esa es una diferencia sumamente notable.

Pero quizás eres consciente de que te has alejado de la actividad política, pero sigues siendo una figura política aunque quizás no lo quieras.

El hecho de que ordenen apresar a un escritor y la idea de que si yo estuviera en Nicaragua estaría en la cárcel ahorita me parece que es lo que conmueve a la opinión pública, más que si yo fuera el dirigente de un partido político.

Conmueve el hecho de que se esté violentando la figura de un escritor. Al violentar a un escritor se violentan sus libros, se violenta su mundo imaginario, su mundo de creación literaria. Me parece que es lo que ha despertado mayor alarma en el mundo.

Esto no quiere decir que no deba haber alarma por los presos políticos, pero ese es el meollo de la situación política. Están presos porque Ortega no los quería como candidatos.

Yo no estoy preso, no estoy amenazado de prisión por el hecho de amenazar esas elecciones que ya ni siquiera existen. Estoy preso por una venganza por ser un escritor. Un escritor que es todo lo contrario a la mediocridad del régimen que representan.

Sergio Ramírez acusa a Daniel Ortega de liderar una dictadura en Nicaragua.

¿Qué tienes que decir con respecto a los cargos de los que te acusan?

Los cargos son risibles, porque son atentar contra la paz, la seguridad de la nación, son cargos completamente sacados de la manga, del sombrero del mago.

Es un gobierno que viene proclamando el odio todos los días y además no es un cargo que están inventando para mí, por promover el odio están presas (más de) 30 personas. Eso es muy propio de los regímenes fascistas.

¿Confías en la justicia de tu país para este proceso?

En Nicaragua no puedo confiar en algo que no existe. Lo que existe en Nicaragua son operadores políticos alrededor de la figura de la pareja presidencial.

Existen jueces operadores, policías operadores, fiscales operadores, todos son operadores políticos parte de un mecanismo represivo. Entonces en Nicaragua ir a someter un escrito ante un juez, pedir un hábeas corpus es completamente inútil, es una ficción.

Tú dices que en tu país no hay justicia y que no podrías esperar un debido proceso, pero alguien podría pensar «bueno, si es una persona requerida por la justicia, su deber es presentarse a las autoridades».

El deber ético es cuando existe un parámetro ético al cual responder y si ese parámetro ético no existe, no me siento de ninguna manera obligado.

¿Qué significa que esto venga de una persona a la que tú fuiste tan cercano?

No, yo creo que eso pierde relevancia en este momento. El hecho de que yo haya estado en el gobierno o haya sido vicepresidente no tiene ni relevancia para ellos ni relevancia para mí.

Yo estoy luchando contra una dictadura y por eso está presa Dora María Téllez [figura clave de la Revolución Sandinista], y todos los defensores de la democracia que hay en Nicaragua, porque en Nicaragua los que están en la cárcel es porque escogieron la opción entre dictadura y democracia.

La dictadura que está en el poder y la democracia que los otros defienden y en ese sentido estamos totalmente identificados. Me siento totalmente identificado con todos los que están en prisión cualquiera que sea su identidad ideológica.

Este no es un asunto ideológico. Es un asunto de simple escogencia entre dictadura y democracia.

La nueva novela de Sergio Ramírez, «Tongolele no sabía bailar», retrata la represión ejercida contra las fuertes protestas que se desataron en Nicaragua en 2018.

¿En algún momento de tu vida imaginaste que la revolución de la que formaste parte llegara a un punto como este?

No, muy difícil haber imaginado eso, de que el derrocamiento de Somoza iba a engendrar otro Somoza, eso no estaba ni en mis sueños más salvajes como se dice en inglés.

¿En qué momento es que tú decides romper con Ortega y por qué razón?

Cuando el frente sandinista se niega a exigir cuentas a quienes habían tomado indebidamente los bienes de la piñata y cuando la escogencia entre el derrocamiento del gobierno de Violeta Chamorro por medio de una asonada o que ese gobierno llegara a su fin de manera estable, entonces disputar el poder a través de elecciones democráticas.

Esa fue la escogencia: la violencia o la institucionalidad. Yo escogí la institucionalidad y eso significó la ruptura en 1994.

Tú has dicho varias veces que no te gusta la palabra «disidente», que no te gusta considerarte un disidente, ¿qué significa eso?

Los disidentes vienen en los partidos cerrados que terminan traidores a las ideologías ortodoxas y yo lo que tengo es una escogencia libre de pensar o de cambiar de pensamiento según mi propia libertad, no atenerme a credos o a catecismos políticos que al ser violentados, resultan en traiciones o disidencias.

Dora María Téllez, figura clave de la Revolución Sandinista, también está detenida.

A Ortega se le compara con Somoza. ¿Qué opinas tú? ¿Qué tan similares son?

Son dos dictadores en etapas muy distintas de la historia de Nicaragua. Pero creo que los dictadores no nacen de la personalidad de la gente, sino de su método de tener el poder.

Mientras más poder acumula una persona, más abusos comete y mientras más quiera quedarse en el poder se multiplican aún más los abusos.

Esa es la identidad que hay entre ambos, la negación de la democracia y la disposición de cometer todos los abusos que considera necesarios para sostenerse en el poder.

¿Crees que es posible una salida política?

Tiene que haberla. Tiene que ser política la salida, porque una guerra civil no va a darse, ni yo deseo que se vuelva a dar, un nuevo derramamiento de sangre que resulte otra vez en un caudillo triunfante se apodere del poder para siempre.

Esa ha sido la historia de Nicaragua y esa historia hay que romperla en algún momento. No sé cómo ni cuándo. Pero al menos yo pongo mi fe en que ese momento debe llegar.

¿Ves algún camino por donde podría venir esa salida?

Todo régimen termina agotándose. Mientras un régimen más concentra poder, más se debilita. Parece paradójico, pero así es.

Mientras un régimen más cierra los caminos, más concentra poder, más abusos comete, menos posibilidades de que un país respire, más se está cerrando sus propias puertas.

¿Lo que está sucediendo podría dar pie a que tú vuelvas a la política?

No. Para mí esas puertas están totalmente cerradas. Yo soy un escritor para siempre. Es desde el mundo de la escritura que yo he definido mi tarea hacia el futuro, el que pueda tener por delante.

La intervención en la política activa no está en mi perspectiva de vida. Sí hablar, criticar, dejar escuchar mi voz, en ese sentido tengo una participación ciudadana, que es necesariamente una participación política.

¿Qué planes tienes?

Por el momento voy a España a presentar mi novela, tengo una gira larga por varios países europeos con el Instituto Cervantes, encuentros, conferencias.

El mundo literario es lo que tengo por delante. Después ya veremos, ya veré cómo rehago mi vida.

¿Qué te gustaría que la gente supiera sobre esta situación y sobre lo que estás pasando?

Que en Nicaragua se cerraron todas las puertas de la democracia, que la represión es cada vez mayor, que las elecciones de noviembre no son tales, que no habrá elecciones y que la gran responsabilidad del mundo, de los gobiernos, es si van a reconocer o no a Daniel Ortega como presidente electo de Nicaragua.

Me parece que sería una atrocidad extender el reconocimiento diplomático a una dictadura que se está valiendo de todos los medios posibles, ilegítimos y abusivos para perpetuarse en el poder, destruyendo la posibilidad de que el pueblo de Nicaragua elija libremente.

¿Para Daniel Ortega tienes algún mensaje?

No, ninguno.

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