Los niños migrantes son, ante todo, niños

Fuente: El Estímulo

Una nueva cultura, idioma, amigos, el despedirse de su historia, familia, lugares comunes y muchas veces de forma improvisada, sin aviso ni preparación, es la historia de cientos de niños venezolanos que hoy son migrantes y viven la realidad de la separación.


(09-09-2021). Venezuela fue incorporada en 2019, por primera vez en su historia, a la lista de emergencias para la infancia y se convirtió en una prioridad para el Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas (UNICEF). Se estima que 5,4 millones de niños venezolanos en condición de migrantes necesitan asistencia humanitaria.

El impacto de la migración en los niños es innegable. Los niños migrantes son vulnerables a situaciones que pueden violentar sus derechos, como ser detenidos, estar expuestos al crimen organizado o al tráfico de personas, sufrir violencia y discriminación, pasar hambre y frío, no tener acceso a servicios de salud o educación, ser separados de sus padres y familias e incluso ser abandonados.

¿Puede prepararse a un niño para ser migrante? Definitivamente, no. El doctor Simón Sambrano Perret explica que nunca podemos preparar a ninguna persona para enfrentar situaciones difíciles al 100%.

Este médico especializado en la educación y en el abordaje de niños y adolescentes, advierte que “siempre la experiencia real será distinta a la teoría, no importa cuántas veces hayamos practicado”.

Una mudanza de un hogar a otro está catalogada como uno de los 5 eventos de mayor impacto en nuestra salud bio-pisco-social, después de la muerte de los padres, hijos, pareja o situaciones relacionadas con violencia.

Una migración multiplica esta situación por un factor exponencial, cuando consideramos que en muchos casos se trata de migraciones a países con cultura, idioma y alimentación diferentes. “Esta exposición a un evento traumático puede traer efectos permanentes y profundos para su vida como adultos”, advierte el especialista.

Resiliencia

El doctor Simón Sambrano comenta que todas las habilidades se pueden desarrollar y entre estas, las habilidades socioemocionales, particularmente la resiliencia, la toma de decisiones, la asertividad y la perseverancia, que son herramientas clave para superar situaciones difíciles y obtener aprendizajes de los momentos desfavorables.

“Una migración también puede significar nuevas oportunidades y un mejor futuro si aprendemos a sacar provecho de ella. Todo dependerá de las nuevas condiciones y la capacidad de adaptación que cada uno pueda tener. No podemos enseñar a los niños qué pensar o hacer, pero sí podemos enseñarles cómo pensar para que aprendan a tomar decisiones y actúen buscando las mejores oportunidades”, enfatizó el también director de Viraje Aprendizaje Organizacional e Iguanas Educación al Aire Libre

Agregó que gracias a la plasticidad cerebral que tienen los niños y niñas, superior en la mayoría de los casos a la de los adultos, pueden adaptarse de forma productiva, saludable y alcanzar oportunidades si las necesidades básicas son cubiertas adecuadamente.

El proceso

Los migrantes, en especial los niños, se enfrentan a una serie de situaciones desconocidas. La causa de la migración es determinante en cómo percibirán su nueva realidad, sea que la migración fue causada por pobreza, persecución política o violencia física, religiosa, guerrilla, bandas, por la pérdida de familiares, falta de oportunidades, búsqueda de atención médica u otras.

Algunas de las manifestaciones más comunes que se aprecian en niños migrantes de cualquier edad son: malestar estomacal y dolores de cabeza, miedo, ansiedad, irritabilidad y sensación de desesperanza.

No desean jugar o relacionarse con otros niños, aun cuando se trata de actividades que antes disfrutaban, pensamientos negativos, pesadillas y dificultades para dormir, sensación de culpa o un deseo de resolver la situación a como de lugar, lo que a veces los lleva a tomar decisiones poco acertadas, angustia por la separación de los padres y sentimiento de que algo peor puede ocurrir.

Por lo general, dice el experto, los niños migrantes pueden volver a enfrentar las mismas situaciones en el nuevo lugar de residencia y sumar otros factores de estrés como tener que vivir en campos de refugiados, la separación familiar, pérdida de su área de seguridad, incertidumbre sobre el futuro, estatus migratorio ilegal, caminatas o marchas forzadas, falta de atención sanitaria, detención de ellos o de los padres, entre otras.

La presencia activa de los padres o representantes es clave ante esta realidad: “Ubicar modelos extra familiares a seguir que sirvan para que modelen su comportamiento. Los padres y representantes pueden promover los pensamientos positivos y la esperanza, aspiraciones, cuando ponen manos a la obra actuando de la siguiente manera: empatizando recociendo los tiempos difíciles que todos están viviendo o experimentado; corrigiéndoles con amor y tomándose el tiempo para enseñarles a aprender de las experiencias; redirigiendo su atención a las metas y no a los fracasos”.

Cómo ayudar a un niño migrante

El doctor Sambrano detalla que para ayudar a un niño migrante lo primero es combatir las causas que impulsaron la migración, pero una vez que ya es efectiva la misma, entonces es manejarla de manera integral. “Todo depende de las condiciones socioeconómicas, psicoemocionales, de su edad, de las causas de la migración y estatus migratorio entre otros factores”.

Cuando se trata de niños que han migrado y no que han quedado atrás por la migración de padres o familiares, los elementos más importantes que recomienda este especialista y que deben tener en cuenta los profesionales, familiares y agencias de apoyo humanitario son los siguientes:

1. Considerar la conexión y empatía, así como los aspectos culturales como el primer paso. Estar pendientes del tipo de alimentación y acceso a la misma.

2. Al evaluar su historia familiar, considerar el contexto del que provienen, experiencias escolares, presencia de traumas, violencia doméstica o comunitaria (bullying, bandas armadas, etcétera).

3. Consultar y preguntar sobre comportamientos específicos de alarma como: aislamiento, falta de conexión social, molestia exagerada ante situaciones, rabietas o frustración, pensamientos y actos violentos, entre otros.

4. Las dificultades académicas pueden tener una serie de causas. Investigar la posibilidad de alguna discapacidad o desmotivación puntual.

5. Investigar destrezas vocacionales música, arte, deportes u oficios y buscar alternativas para su incorporación a las mismas. Esto estimulará una percepción positiva del futuro y las oportunidades.

6. Promover la integración social con niños, niñas y jóvenes de su edad que les ayuden a crear una red de apoyo con sus pares.

El duelo migratorio existe, es una pérdida psicológica y social similar a una pérdida física y que no debe ser aminorada ni ignorada. Es nuestra obligación recordar que los niños son ante todo, niños.

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