Emergencia sanitaria en Venezuela

OCHA/Gema Cortes Un control de temperatura por el coronavirus en un albergue en Venezuela

Fuente: El Impulso

La pandemia ocasionada por el COVID-19 continúa causando gran daño dentro de la población venezolana, que ya se encontraba bastante golpeada por la emergencia humanitaria compleja que hemos vivido desde hace varios años. Los casos de contagio y los fallecimientos van en aumento, mientras que el régimen ha detenido, por motivos políticos, la entrada masiva de vacunas contra el virus. Una injusticia más, de las innumerables que han cometido durante estas dos décadas.


Desde antes de la llegada del virus, los hospitales se encontraban en un estado sumamente lamentable, con fallas constantes en los servicios como el agua y la electricidad, sin los insumos para poder realizar las actividades rutinarias. Enfermarse en Venezuela es un lujo que pocos pueden costear. En este escenario tan complicado, el COVID-19 apareció para dificultar aún más la labor de nuestro sistema de salud. Los hospitales están colapsados por los pacientes víctimas de este virus. Conseguir una plaza en un hospital para un familiar con COVID-19 es una tarea titánica, donde se debe luchar contra el “matraqueo” de quienes se aprovechan de la situación.

En este momento, los doctores, enfermeros y demás personal de salud son unos héroes invaluables, cuyo coraje al enfrentar la pandemia resulta un ejemplo para toda la sociedad. Luchan contra todas las adversidades que hay en el país, como el paupérrimo estado de nuestro sistema de salud y los salarios de miseria que obtienen por todo su trabajo. Arriesgan sus vidas para salvas la vida de millones. Sin su noble labor, la catástrofe en Venezuela sería muchísimo mayor.

A pesar de su tarea titánica, el único camino para controlar la pandemia es a través de la vacunación masiva de la población. En todo el mundo el proceso de vacunación contra el COVID-19 comenzó hace unos meses. En Venezuela necesitamos que se tomen acciones concretas que faciliten la entrada de las vacunas al país y pueda atenderse a toda la población y no solo a unos pocos privilegiados. No es momento para obstaculizar su llegada por motivos políticos. La vida y la salud de millones de venezolanos está en riesgo. Aún podemos evitar que la tragedia empeore.

Atravesamos una emergencia sanitaria como nunca antes. Los hospitales ya no se dan abasto, los insumos son costosos y escasos y los casos de COVID-19 solo van en aumento. Debemos entender que la pandemia no entiende de ideologías ni bandos políticos y que los venezolanos estamos expuestos y somos testigos de cómo la crisis empeora. Venezuela requiere más que nunca de entendimientos y consensos que faciliten la entrada de vacunas al territorio. Tenemos la obligación moral e histórica de enmendar el rumbo. El entendimiento y la madurez política tienen que ser la regla para asegurar que podamos salir pronto de esta tragedia.

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