Después de más de un año

© Rehabilitarte/Albanis Oliva Una coordinadora de una ONG local ayuda a poblaciones en Venezuela en medio de la pandemia de COVID-19.

Fuente: El Nacional

“El aislamiento del país y su baja movilidad nos dieron casi un año de ventaja para preparar mejor el sistema sanitario frente a la pandemia. No pasó”. @LuisCarlos


No lo olvidemos. Cuando se detectaron los primeros casos de enfermedad por el coronavirus en nuestro territorio, Venezuela ya vivía una emergencia humanitaria compleja. Como expresión de esa grave crisis, que aún hoy persiste, el país estaba prácticamente aislado en el plano internacional y además poseía una precaria movilidad interna por sus vías terrestres y aéreas. Sin duda, un factor de gran peso para que la pandemia no comenzara y se desarrollara aquí con una velocidad y una intensidad mayor. Algo que el régimen trató de aprovechar de manera descarada, al afirmar que gracias a sus eficaces gestiones pudo mantenerse a raya el covid-19 en esos momentos.

Más bien podría decirse que esas medidas gubernamentales, con los confinamientos de la población que se implantaron, devinieron en instrumentos de múltiples controles para sofocar las expresiones de descontento de los venezolanos y para ocultar o maquillar aspectos explosivos de la mencionada crisis. Vladimiro Mujica, en un interesante artículo publicado en El Nacional, habla del “manejo magistralmente perverso que ha hecho el régimen de Maduro de la terrible pandemia.”; llevado a cabo mediante una especie de operación de camuflaje de las verdaderas intenciones de los usurpadores del poder.

Al estar enfocada prioritariamente en los propósitos antes señalados, la gestión gubernamental relegó a un segundo plano la preocupación por la pandemia, con señales de muchas fallas e irresponsabilidad, como lo evidencian los siguientes hechos: i) la carencia de un boletín epidemiológico y la poca credibilidad de la información oficial y de quienes la comunican, a despecho de las opiniones de expertos e instituciones respetables en la materia; ii) la deficiencia en el número de pruebas PCR en el territorio nacional, que no posibilita realizar los diagnósticos suficientes y necesarios; iii) la instrumentación de cuarentenas con criterios poco rigurosos y equitativos, además de inconsistentes e irresponsables, al permitir situaciones extremas como la ocurrida con la flexibilización en todo el mes de diciembre pasado y la abominable celebración de las festividades del reciente Carnaval; iv) la inexistencia de un plan nacional de vacunación; v) la escasa dotación de recursos y el insuficiente apoyo a la bioseguridad del personal y de los pacientes en los centros hospitalarios públicos; vi) la difusión de información sobre medicamentos “milagrosos” que carecen de base científica, como el Carvativir, tal como lo ha denunciado la Academia Nacional de Medicina; etc.

Hoy, en unas circunstancias en las que nuestros problemas de salud por el covid-19 se han agravado considerablemente, el régimen insiste en ocultar la cabeza, en no recapacitar, y les atribuye exclusivamente a otros la responsabilidad de lo que nos está ocurriendo. A su entender, el problema se debe solo a la variante brasileña del virus. No hay autocrítica. Como no la hay tampoco en lo referente a tantos otros asuntos de la vida nacional donde sus nefastas políticas han causado muchísimo daño.

Asimismo, Maduro se opone, sin argumentos convincentes, colocando sus mezquinos y oscuros intereses políticos por encima de cualquiera otra consideración, al uso de la vacuna de AstraZeneca-Oxford del mecanismo Covax de la Organización Mundial de la Salud. Esto, en momentos tan difíciles y dolorosos en los que el número de contagios y de pérdidas de vidas humanas alcanzan niveles de honda preocupación, y cuando se hace más necesario y urgente un plan serio de vacunación para todos los venezolanos. No les falta la razón a quienes han tildado de criminal esa decisión.

Lo cierto es que después de más de un año de desarrollo de la pandemia, la emergencia humanitaria compleja de Venezuela se ha redimensionado; hoy es realmente mucho más aterradora y desafiante. Comparto lo dicho por Mujica, cuando señala que esto puede concebirse como “…un nuevo reto que se le presenta a la resistencia democrática para presentar ante los venezolanos y la comunidad internacional la verdadera naturaleza del gobierno de facto que ha llevado a Venezuela al umbral de la disolución como nación”.

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